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Archivo mensualmayo 2016

ÍNDICE Y CORAZÓN

Índice y Corazón

El torrente sanguíneo fluía con normalidad

Hasta que su dedo pulsó el botón

Imaginé que llovían lágrimas

Y así, poco a poco,

Nació de mis muslos un manantial

Gotas que se deslizan como pétalos

Tacto de seda acariciando a Dios

Índice y corazón apuntando al éxtasis

(Texto y collage por: Lara Herrero)

Video “No al intrusismo laboral – Sexología”

Hoy os traigo un nuevo video en pequeño formato para denunciar el intrusismo laboral que sufrimos los y las sexólogas, sobre todo, a la hora de impartir educación sexual.

Os dejo con ello:

“EYACULACIÓN PRECOZ”: Un problema de nuestro modelo de goce

Eyaculacion precz

Últimamente estoy recibiendo muchas consultas de hombres insatisfechos con el tiempo de eyaculación. Así que, he decidido escribir unas palabras al respecto con el fin de resolver alguna de vuestras dudas.

¿Cuál puede ser la raíz de que la eyaculación precoz sea una de las disfunciones sexuales masculinas más comunes?

El coito es la práctica más común entre parejas heterosexuales. En esta práctica se deposita buena parte de las expectativas de éxito en el pene. Es decir, que hay una responsabilidad considerable en la erección, el tamaño y el tiempo que aguante el pene, desde que penetra hasta que eyacula. Suponemos que para muchos estos elementos son responsables, no sólo del propio placer del hombre, sino también del placer de su pareja.

Apuntamos por tanto, que el modelo de goce y las prácticas sexuales que se realicen pueden ser parte del problema. Pero hay otras causas, como la falsa creencia de responsabilizar, únicamente, al hombre del encuentro erótico. Esta suposición no niega la sexualidad de la mujer, pero tampoco le hace dueña de ella. Para muchos, el coito resulta un examen en el que su pareja evaluará el éxito o fracaso. El hombre, bajo la responsabilidad de que el encuentro erótico finalice con éxito,  puede sentirse fuertemente presionado y, no es difícil que esa presión ejerza influencia en la erección, el tiempo de eyaculación o en el deseo. La presión también puede acabar en ansiedad y angustia si en el encuentro erótico el hombre sólo está pendiente del placer de su compañera, si se considera mal amante, si le preocupa no dar la talla o qué pensarán de él.

La presión que muchos hombres sufren con respecto al placer de sus parejas no siempre se ve aliviada con tiempos más largos hasta eyacular. El hecho de alargar una penetración hasta la eyaculación no garantiza el orgasmo femenino. Recordemos que para que una mujer logre un orgasmo es imprescindible una buena estimulación de su clítoris. Y esto no siempre sucede durante el coito. Lo cierto es que si dejamos de centrar la responsabilidad en el pene y comenzamos a visibilizar el clítoris, la presión del hombre para con el placer de su pareja se ve reducida. Del mismo modo que cuantas más prácticas sexuales consideremos y cuanto menos centremos la atención en el coito, menos importancia otorgaremos al tamaño, dureza o tiempo de eyaculación del pene.

¿A qué nos referimos exactamente cuando hablamos de eyaculación precoz?

La denominada eyaculación precoz no es más que una etiqueta. No existen apuntes objetivos porque se define en términos coitales que imponen al hombre la responsabilidad del placer de ambas partes. Tiene más sentido que hablaremos de insatisfacción con el tiempo de eyaculación (que se considera corto) y no de eyaculación precoz.

Muchos hombres están preocupados porque consideran que el tiempo que transcurre desde que penetran hasta que eyaculan es corto. Los tiempos son muy dispares. Algunos consideran corto un periodo de 20 minutos, otros de 10 u otros de 5. Es bastante frecuente que muchas personas insatisfechas con su tiempo de eyaculación tengan nociones poco realistas cuando se comparan con otros hombres.  Lo cierto es que no existe un tiempo estándar o apropiado. El tiempo, por sí sólo no es suficiente para determinar el grado de placer o goce en un encuentro erótico. Factores como el deseo, el estrés, el cansancio o la presión por el encuentro también pueden influir en el periodo hasta eyacular.

A modo de conclusión…

Que tu tiempo de eyaculación sea de 3 o 15 minutos no influye en el placer o goce que puedas experimentar. Podremos vivir orgasmos muy placenteros tras un tiempo hasta eyacular de 3 minutos, orgasmos no tan placenteros tras un tiempo de 15 minutos y viceversa.

Las personas insatisfechas con el tiempo de eyaculación han de plantearse los motivos por los que consideran esta situación como un problema, si les preocupa su propio placer y el de su pareja o si creen que algo que les angustia influye en el tiempo que tardan hasta eyacular.

Si lo que deseas es que tus coitos sean más largos, ten en cuenta que esto no siempre se traducirá en una sexualidad más placentera, como tampoco asegurará el orgasmo femenino. Ya hemos dicho que, en este sentido, es esencial la estimulación del clítoris, y que no siempre se consigue con la penetración vaginal por si sola; sino que suele ser útil otro tipo de estimulación como la manual u oral.

Y, si tras leer este artículo sigues teniendo dudas o necesitas resolver el problema, te recomiendo que contactes con una sexóloga o sexólogo. Puedes escribirme, sin ningún compromiso, a esta dirección: info.sexopositivo@gmail.com

 

 

Lara Herrero Barba

Hablemos de Sexualidad y Discapacidad

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El pasado 3 de mayo pude formar parte de la mesa redonda sobre Discapacidad y Sexualidad de las “Jornadas sobre Inclusión social y educativa de personas con daño cerebral”, organizadas por la Facultad de Educación de Palencia, junto a la Asociación Nido Abierto.

Esta oportunidad me permitió hacer una pequeña aproximación a una realidad muy olvidada: la sexualidad de las personas con discapacidad y/o diversidad funcional. Y hoy, a través de este Post, voy a hablaros de ello. Permitirme que generalice, aunque tened en cuenta que, para trabajar la sexualidad, sería bueno que diferenciásemos entre los diferentes tipos de discapacidades. Porque no es igual una discapacidad física, que una sensorial o una intelectual. Cada caso, así como cada persona, es diferente.

Y, ¿por qué hay que hablar de la sexualidad de las personas con discapacidad y/o diversidad funcional?

Si el sistema educativo español no contempla la educación sexual entre sus contenidos, mucho menos tratará este tema con colectivos específicos. Cuando no se da ni recibe educación sobre algo, se está educando inconscientemente desde el silencio. Éste silencio envía un mensaje muy claro. Y, en este caso, es que la sexualidad es algo que debe tratarse en privado, es algo de lo que no hablar, incluso, a veces, este silencio significa peligro o riesgos.

Si hablamos de personas con diversidad funcional el silencio es mucho mayor. Incluso, a veces, es entendido como “asexualidad”. Término, por cierto, erróneo (todas las personas somos sujetos sexuados. No hay personas asexuales, sino personas con diferentes niveles de deseo sexual).

Me gustaría acercaros a diferentes realidades particulares en la sexualidad de muchas personas con discapacidad.

La primera es la falta de intimidad.

No es extraño que, muchas veces, las personas con diversidad funcional se encuentren constantemente acompañadas, ya sea de familiares, profesionales de la sanidad, la enseñanza u otros compañeros y compañeras. Por no hablar de la falta de intimidad que muchas veces sufren en sus propios hogares, donde muchos/as han de permanecer con las puertas abiertas o compartir habitación.

Por otra parte, a veces accede mucha gente a sus cuerpos desnudos. Bien porque necesiten apoyo en el aseo, para vestirse o para determinadas necesidades fisiológicas. Al igual que el resto, pueden sentirse violentos/as, pudorosos o con vergüenza. En este sentido es importante que aprendan que su cuerpo les pertenece, que a el no puede acceder cualquiera y, mucho menos, sin pedir permiso o sin dar explicaciones. Si aprenden que su cuerpo les pertenece será más fácil que detecten posibles abusos.

 La segunda realidad que muchos/as viven es la infantilización

Muchas veces la forma en que les tratamos y nos comportamos con ellos y con ellas no hace más que infantilizarles y aumentar su discapacidad o dependencia (si la hubiera).

Por ejemplo, se utiliza un tono más alto al hablarles o, incluso se les grita, independientemente de su nivel de audición. Otras veces, si van acompañados, no se dirigen a ellos directamente, sino a sus acompañantes.

Esta infantilización tiene mucho que ver con los afectos.

La primera vez que recibimos educación sexual es a través del apego y los afectos que nos proporcionan nuestra familia y/o seres queridos. A través de estos afectos aprendemos a sentirnos queridos/as y, una vez asimilado, aprendemos a querernos y a querer a los demás.

Esas muestras de afecto y cariño van variando cuando crecemos. Por ejemplo, cuando tenemos 5 años nuestro padre puede darnos un beso a la salida del colegio mientras nos pregunta “¿qué tal ha pasado el día mi cariñito lindo?”. Y ésa muestra de cariño nos encanta. Sin embargo, con 15 años ya no queremos que nos bese en público, por si alguien lo viera y lo considerase como un trato infantil. Tampoco queremos que nos llame “cariñito” delante de nuestras amigas/os porque podrían pensar que somos una niña mimada y porque con 15años nos sentimos lo suficientemente mayores para ese trato que creemos propio de un niño o niña.

Con las personas con discapacidad y/o diversidad funcional las muestras de cariño y apego muchas veces se mantienen sin variaciones

Estas muestras de afecto y apego también se aprenden a través de las relaciones sociales.

Para aprender a relacionarnos son necesarios espacios más allá de del hogar y los centros educativos y ocupacionales. Hablamos de espacios de ocio, donde acudan tanto personas con discapacidad como sin ella, para aprender a relacionarse, a integrarse, a equivocarse, a diferenciar entre comportamientos aceptables y molestos….

Como ya hemos adelantado, muchas veces, la única educación sexual que reciben las personas con discapacidad y/o diversidad funcional es el silencio.

Ni las familias, ni los centros educativos o los profesiones que les acompañan suelen hablarles de sexualidad, de los cambios que van a experimentar, de los afectos o la Respuesta Sexual Humana. Parece que con ese silencio quisieran protegerles. Como si por el hecho de no hablar de ello no fuesen a tener deseos, a enfrentarse a un primer beso o como si no fuesen a desarrollarse. Pero el silencio no elimina su sexualidad, ni frena su desarrollo hormonal o su deseo erótico.

Ellas y ellos tampoco suelen hablar de la sexualidad porque han aprendido del silencio. Pero que no hablen de ello no significa que lo les interese. A este silencio se le suma el hecho de que suelen tener dificultades añadidas para acceder a información sobre sexualidad, como por ejemplo, falta de intimidad o independencia para usar medios de información como Internet.

En cuanto a la erótica y masturbación en público

Lo importante en este sentido es que aprendan a hablar y expresar su sexualidad con naturalidad. Si hay naturalidad podremos explicarles que masturbarse, tocarse y acariciarse es algo bueno, y que nos parece muy bien que lo hagan, pero que esto es algo que se hace a solas y en la intimidad. El problema es que muchas veces no gozan de dichos espacios y al final siempre hay alguien que les acaba viendo.

Y, ¿Qué hay de la reproducción?

Existe una grave preocupación por los embarazos no deseados por parte de familiares y profesionales. Principalmente sucede porque asociamos la sexualidad con los coitos y  los genitales. Si hay un encuentro sexual entre dos personas, sean como sean, no tiene por qué haber penetración, pero si se practica, puede hacerse con protección.

Hay familias que para evitar embarazos educan desde el silencio o, si ven algún indicio de práctica sexual, lo castigan y negativizan. Se trata de abordar el tema con naturalidad y ofrecerles educación sexual para que aprendan que las relaciones sexuales son mucho más que coitos, que el cuerpo se disfruta más allá de los genitales y que existen métodos anticonceptivos.

Otro tema, que daría para mucho, es cómo se decide, a través de las familias y los profesionales, la maternidad/paternidad o el uso de anticonceptivos sin su consentimiento. Para lo cual existen leyes, como la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del embarazo (en vigor desde 2010) cuyo preámbulo alude a la “obligación de respetar el derecho de las personas con discapacidad a decidir libremente, y de manera responsable el número de hijos que quieren tener (…) y a tener acceso a información, educación sobre reproducción y planificación familiar apropiados para su edad y se ofrezcan los medios necesarios que les permitan ejercer sus derechos”.

 

Como veis, la educación sexual es también una tarea pendiente para abordar con las personas con discapacidad y/o diversidad funcional. Más allá del silencio queremos hablar de la sexualidad como síntoma de salud, bienestar y calidad de vida.

Lara Herrero Barba.

 

Intimidad como Derecho – Sexualidad y Discapacidad [Parte2]

Continuamos con la segunda  parte de vídeos informativos en formato corto sobre “Sexualidad y Discapacidad

Para comenzar la semana os recuerdo que todas las personas tenemos derecho a la intimidad para gozar de una sexualidad sana y positiva.

La Sexualidad Del Silencio

“La Sexualidad del Silencio – Sexualidad y Discapacidad [Parte1]” Es el vídeo educativo, en formato corto, que os traigo esta semana.

 

 

UN RECORRIDO POR LA HISTORIA DEL ARTE Y CINE PORNO

Ilustración de Leticia Amores

Ilustración de Leticia Amores

Conocer la historia de la pornografía nos ayuda a situarnos en el tiempo para comprender cómo hemos llegado hasta la actual industria.

            La palabra “pornografía” procede de las palabras griegas: porné (prostituta) y graphein (escribir), que hacen alusión a la descripción de una prostituta. Y aunque su origen se remonta a la Antigua Grecia, “no fue empleada hasta el siglo XVIII, utilizado para indicar las representaciones explícitas de los órganos o actos sexuales” (Marzano, 2006: 32). En los diccionarios europeos aparece en torno a 1840 como la descripción de la prostitución y de la vida de las prostitutas en la ciudad como una cuestión de higiene pública, según afirma Beatriz Preciado (2012).

Para hablar de los orígenes del porno hemos de trasladarnos mucho más lejos de la industria cinematográfica, hasta el paleolítico. Las primeras imágenes eróticas de la historia proceden de esta era. Se trata de representaciones de desnudos con genitales y atributos sexuales muy exagerados. Un claro ejemplo es la Venus de Willendorf, cuya sexualidad es símbolo de fertilidad. La finalidad de estas obras era puramente espiritual, por lo que difiere mucho de su función actual más cercana a la estimulación erótica.

Para encontrarnos con una visión más cercana a nuestros días, hemos de remontarnos a la Antigua Grecia. De su cultura destacan las imágenes de contenido homosexual de sus esculturas y cerámicas. La influencia de estas representaciones llega incluso hasta nuestros días, así por ejemplo, continuamos denominando a la práctica del sexo anal como sexo griego, por los grabados de la época. Entre otros, también destacan los que retrataban  penes de pequeño tamaño como el Herma de Demóstenes del 280 a.C.

En la era romana también podemos localizar referencias eróticas con imágenes fálicas, tanto en la escultura como en la pintura, así,  nos encontramos con la Villa de los misterios de Pompeya.

Las culturas orientales, como la de China, Japón o India, también cuentan con una tradición de arte erótico. Todas y todos conocemos, por ejemplo, el primer manual de sexo de la historia. Se trata del Kamasutra, de origen indio escrito por Vatsyayana. Muchos autores lo consideran la primera obra pornográfica, aunque eso es discutible. Por su parte, los japoneses ya en el siglo VII representaban escenas sexuales de los coitos tanto heterosexuales como homosexuales bajo el nombre de Shunga. Su creación acabó por desaparecer en el siglo XIX con la llegada de la pornografía fotográfica.

La Edad Media se convirtió en Europa en una época oscura en cuanto a la influencia negativa de la religión sobre las diferentes vertientes artísticas. La principal consecuencia fue que, por primera vez, el arte erótico se convirtió en un lujo para pocos privilegiados. Así, surgieron pequeñas representaciones eróticas entre los textos religiosos.

En 1398 nace Johannes Gutenberg, quien sin quererlo, consiguió a través de la imprenta la democratización de la literatura y, con ello, se lograse una distribución masiva de material pornográfico en Occidente.

En el Renacimiento aparece el primer editor de un libro con grabados eróticos: “Los dieciséis placeres” o “Las posiciones”, de Il Modi, encarcelado por ello bajo la influencia de la iglesia, institución que también fue responsable de la destrucción de la mayor parte de los ejemplares. Sin buscarlo, esta represión dio lugar, en el siglo XVI al primer caso de pornografía underground de la época, pues comenzaron a surgir copias en el mercado sin revelar el autor. Un siglo después, en la Vieja Europa, comenzaron a realizarse impresiones de novelas pornográficas como “L´ecole des filles” o “La putana errante”.

Si pasamos al cine, tenemos que hacer una primera parada en 1896, con la película “Le Bain”, en la que aparece por primera vez una actriz desnuda (Louis Willy). Ese mismo año sale la película “Le coucher de la Mariée” de Albert Kirchner, considerada la primera película erótica de la historia. Estas dos obras marcaron el inicio de las denominadas Stag Movies o películas privadas, únicamente para hombres.

Según Lust (2008), en 1920 continuaron surgiendo una serie de películas de carácter pornográfico a la vez que se prohibían novelas de contenido erótico como “El amante de Lady Charterley” de D. H. Lawrence, finalizada en 1927 y legalizada treinta años más tarde. Poco después, “el cine porno experimentó un boom después de la II Guerra Mundial, gracias a las cámaras de 8mm” (Barnés: 2014), que dieron lugar al porno amateur. Se trataba de películas rodadas, mayoritariamente, en burdeles por las propias prostitutas. Era un cine muy exclusivo para hombres adinerados.

En los años 50 aparecen las primeras películas de burlesque, caracterizadas por los striptease, donde surgen escenas simuladas. Se trataba de trabajos de bajo presupuesto, por lo que se redujo su coste y, en consecuencia, aumentó su visionado hasta expandirse al ámbito privado de los hogares. Hasta entonces la pornografía formaba parte de ciclos sociales masculinos, pero con la aparición de estas películas y de las denominadas Beaver movies, menos explícitas, su consumo se expande.

En esta época aparece en Copenhague el denominado Código Hayes que limitaba las imágenes de las películas y sancionaba escenas de cama u homosexuales entre otras. En 1967 el Código fue abolido, en parte gracias a la batalla de Hugh Hefner, con el propósito de conseguir desnudos de mujeres en su revista Play Boy.

Dos años después Dinamarca se convierte en el primer país en legalizar la pornografía. Poco después se creó el título de Películas X para calificar obras con contenido sexual o violento. La primera película X fue “Mona”, proyectada en el 72. A partir de entonces comienza la denominada Era dorada del cine porno, con obras como “Emmanuelle” o “Tras la puerta verde”.

En los años 80 surgen las primeras estrellas del cine porno, además, gracias a la industria del cine en formato VIH la industria crece. La demanda de películas de este género abarató los costes y la industria se masificó, produciendo cintas de baja calidad. Otro suceso importante en los años 80 fue la aparición del concepto X para parejas; es decir, películas porno para ver en pareja. Este acontecimiento puede relacionarse con los movimientos feministas de la época, puesto que reivindica el visionado de este cine por parte de las mujeres.

La era dorada del porno vuelve a resurgir en los 90 gracias a la popularidad de algunos actores y actrices. La popularización hizo resurgir las macroproducciones y la industria volvió a estar en auge. El año 2000 marca un antes y un después en la industria del cine porno porque entra un nuevo factor al juego: Internet. Con esta herramienta el acceso se abrió a un público mucho más amplio, así como a los actores y actrices. Ya no hacían falta caras conocidas para que el mercado funcionase, incluso podían verse grabaciones caseras de gente anónima no profesional. La accesibilidad y la amplia oferta han ido acercando, poco a poco, el porno a las mujeres. Con Internet ya no solo los hombres consumen este producto, ni son solo los hombres quienes lo dirigen.

BIBLIOGRAFÍA

Barnés, Héctor G (2014). Una historia desconocida de la pornografía y lo que revela de nuestras preferencias. [http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-05-10/una-historia-desconocida-de-la-pornografia-y-lo-que-revela-de-nuestras-preferencias-sexuales_127279/], 10 de mayo, El Confidencial.

Lust, Erika (2008). Porno para mujeres. Editorial Muselina, S.L.

Marzano, Michela (2006). La pornografía o el agotamiento del deseo. Manantial, Buenos Aires.

Preciado, Beatriz (2012). Museo, basura urbana y pornografía. http://lasdisidentes.com/2012/08/12/museo-basura-urbana-y-pornografia-por-beatriz-preciado/, 12 de agosto.

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