• 660 578 316
  • info.sexopositivo@gmail.com

Archivo mensualnoviembre 2016

INDAGANDO EN LAS FANTASÍAS SEXUALES

arsomnibus

Las fantasías sexuales son representaciones eróticas en forma de pensamiento que nos producen estímulos agradables o excitantes. Son una de las muchas formas de conectar nuestra mente con nuestra erótica.

Existen muchas formas de fantasear y tantos tipos de fantasías como personas que las imaginan. Hay fantasías muy elaboradas y otras muy simples, fantasías largas y breves. Para muchas personas lo excitante son los detalles, el lugar o la ropa; para otras lo importante es la persona con la que se fantasea y para algunas la práctica que se lleva a cabo. Lo que se fantasea no siempre es imaginario o, por lo menos, no en su totalidad. Existe la posibilidad de excitarse recordando una situación vivida o una relación sexual pasada. A veces, la historia se recrea tal y como sucedió y, otras veces se añaden detalles imaginarios, como decoración, ropa, más personas, frases, otros lugares… También existe la posibilidad de recordar e imaginar algo que hayamos visto previamente y que no necesariamente hayamos vivido, como la escena de una película o un relato erótico.

En cuanto a las fantasías de las que más se habla (y no por ello más comunes), podemos encontrar: tríos, lugares poco tradicionales, sexo con personas desconocidas, juegos de dominación, exhibicionismo, juegos de roles y/o disfraces, fetichismo, voyeurismo o coprolalia (excitación al escuchar palabras con alto contenido sexual y/u obscenas). Por otra parte están las fantasías sexuales socialmente censuradas e, incluso, en muchas ocasiones, tratadas como indicadores de enfermedad de quien las imagina, como por ejemplo: la zoofilia (fantasías con animales, tanto relaciones directas como relaciones en lugares donde aparezcan animales o relaciones con personajes mitad humano/a mitad animal…), coprofagia y urofilia (fantasías con fluidos corporales, normalmente producidos por los genitales, la orina o las heces), necrofilia (fantasías con muertos, ataúdes, cementerios…) o la pedofilia (fantasías con menores de edad, que, por cierto, son potenciadas por el ideal de belleza imperante o famosas obras como “Lolita”; aunque este sería otro tema del que hablar). Las fantasías viven en la mente y la imaginación y, mientras se respete la libertad personal y no resulten perjudiciales, son totalmente lícitas para incrementar la satisfacción y enriquecer la sexualidad de cada persona.

Muchas personas afirman que una fantasía no es sólo un pensamiento, sino que ese pensamiento querría llevarse a cabo. ¿Es esto cierto?… Freud decía que las fantasías son “representaciones no destinadas a ejecutarse”. Es importante que no confundamos las fantasías con los deseos. Los deseos hacen referencia a situaciones, acciones, comportamientos o prácticas que nos gustaría llevar a cabo; sin embargo, las  fantasías son sólo eso y, no sólo no se desean llevar a cabo, sino que, a veces, sería imposible. A sí mismo, si una fantasía se llevase a la práctica, posiblemente dejaría de resultarnos estimulante, puesto que lo que lo que la define como tal está exclusivamente en nuestra imaginación. El deseo es un adelanto de un suceso futuro que puede alimentarse o intensificarse con fantasías.

Otras personas aseguran que las fantasías únicamente pueden producirse en solitario y, en ningún caso, mientras se mantienen relaciones sexuales con otra persona. Lo cierto es que podemos utilizar las fantasías para disfrutar más de nuestra sexualidad, individualmente o con otros/as. Por ejemplo, el hecho de que uno de los miembros de una pareja fantasee mientras su compañero/a le besa o acaricia, no hará más que intensificar el erotismo y la excitación. Y esto es algo que beneficia a ambos/as.

Y con esto llega otra de las cuestiones que mucha gente se plantea: Si mi pareja o yo tenemos fantasías con otras personas, ¿puede considerarse infidelidad?… En la mayor parte de los casos esta duda viene reforzada por una serie de creencias erróneas y mitos que se alejan de la realidad, pero que generan sentimientos desagradables de culpa o vergüenza y que, muchas veces, conducen a que las personas acaben reprimiéndose y censurando sus propias fantasías. Veamos algunos de los mitos más comunes: “Si tengo fantasías con alguien que no sea mi pareja la estaré traicionando”;  “Sólo tienen fantasías las personas con algún tipo de problema o disfunción sexual”; “Las personas que fantasean son pervertidas”; “Si tienes fantasías con otra persona es que tu pareja no te gusta lo suficiente o no es buena en la cama”… La verdad es que no se traiciona a nadie mientras se fantasea. Si, por ejemplo, utilizamos una fantasía durante el coito, por mucho que imaginemos, realmente estaremos manteniendo una relación con nuestra pareja.  El hecho de que fantasees no tiene nada que ver con el grado de atracción que tengas hacia tu pareja, el deseo hacia la misma o con la calidad como amante de tu compañero/a. Las fantasías simplemente pueden ser un extra en las relaciones sexuales, un estímulo más (pero a la mente) que potencia la satisfacción.

Hace unos días lanzaba la siguiente pregunta: ¿te atreverías a contarle a tu pareja una de tus fantasías sexuales?… En ocasiones, esto puede convertirse en un motivo de discusión; bien porque la pareja decida no desvelarlo o bien porque relacionemos la fantasía de nuestra pareja con alguno de los mitos que hemos mencionado. Las fantasías no traicionan a nadie, no tienen por qué compartiste si no se desea, no es obligatorio contar con qué o quién se fantasea; sin embargo, puede resultar muy excitante si utiliza como un juego erótico más en el que ambas partes (la que cuenta y la que escucha) están en igualdad de condiciones, no sufren coacción y están de acuerdo. Para muchas personas resulta excitante escuchar las fantasías de su pareja pero, recuerda, las fantasías son sólo fantasías y, en la mayor parte de los casos, no se desean realizar, sino imaginar.

A la hora de experimentar orgasmos o si tienes dificultades para alcanzarlos, las fantasías son una herramienta muy útil. Como sabéis, el orgasmo viene precedido por un nivel de excitación muy alto. Para alcanzar ese punto álgido de excitación es necesaria una estimulación erótica continuada a través de caricias, estimulación, besos, un ambiente agradable… si a esto le añadimos fantasías, las probabilidades de éxito serán mayores. Los pensamientos y recuerdos en forma de fantasía no hacen más que aumentar el deseo y facilitar la excitación, pero no siempre es fácil construir una fantasía potente y, menos aún, si nunca lo has practicado. Lo primero es ser capaces de abandonarnos al placer a través de nuestra propia imaginación, para ello hemos de tomar una actitud egoísta, en el buen sentido de la palabra; es decir, que hemos de centrarnos en nuestro propio placer y en las sensaciones que vamos experimentando. Digo esto porque, muchas veces, cuando mantenemos una relación sexual estamos más pendientes del placer de nuestro/a compañero que del nuestro o de si lo que hacemos le resulta agradable.

Tanto si utilizáis fantasías para potenciar vuestra erótica, como si aún no lo habéis hecho, me gustaría recomendaros “Mi Jardín Secreto”, de Nancy Friday. Una una obra que recoge diferentes fantasías sexuales de mujeres a través de unas diez mil cartas que sus protagonistas enviaron a la propia autora.

Recuerda que todo tipo de estimulación (física o mental) consensuada y no lesiva que sirva para potenciar la excitación y el placer, es positiva; tanto para uno/a mismo como para la pareja, en caso de tenerla.

 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies