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SEXO VS NETFLIX

Sexo VS Netflix Mesa Redonda Erostreet Barcelona 2018

Hace ya unos cuantos años desde que se comenzó a investigar la incidencia del consumo masivo de contenido audio-visual en las relaciones sexuales. En 2016 la Universidad de Cambridge concluyó en su estudio sobre la conectividad masiva que plataformas como Netflix están produciendo un descenso del número de encuentros eróticos entre las parejas con respecto a años pasados

Y es que este servicio de streaming es el más utilizado en nuestro país según la investigación “Contenidos online de pago” de la  Universidad Complutense . Sobre todo entre jóvenes de 18 a 25 años, que le dedican de 1 a 2 horas diarias de su tiempo libre. Si tenemos en cuenta el ritmo de vida de la sociedad actual es innegable que entre las largas jornadas laborales, los desplazamientos y las propias obligaciones, el tiempo de ocio personal que nos queda es realmente escaso. Si ése tiempo solemos repartirlo entre comer, dormir y consumir series y/o películas frente a una pantalla, la realidad es que no nos quedan minutos para otras cosas, como dedicarle tiempo a nuestra pareja (en caso de tenerla), leer un buen libro o dar un paseo.

Esta es una de nuestras realidades sociales con las que tenemos que lidiar. Es importante abrir un debate al respecto para no acabar descuidando otros ámbitos que influyen en nuestra calidad de vida. Así pues, el pasado 12 de mayo tuve el placer de participar en la mesa redonda “Mas follar y menos Netflix” durante el festival EroStreet en Barcelona junto a un elenco maravilloso de Sex Bloggers: Bernice Xanthe, Miss TabooNass Marrero, Iria Ferrari, Laura Marcilla, Alfred López y Patxi Gómez

Todas y todos coincidimos en que esta situación es consecuencia de la posmodernidad. Hace 30 años las familias se sentaban frente al televisor en su tiempo libre (normalmente a la hora de cenar). Los anuncios entre escena y escena invitaban a realizar un descanso o intercambiar algún tipo de contacto; pero a las 00:00horas la película del día había terminado y todos se iban a la cama a una hora en la que aún quedaban restos de energía en caso de desear un encuentro sexual. Actualmente queremos contenidos de rápido y fácil acceso, que satisfagan nuestra necesidad de consumo en el instante. Muchas veces ni si quiera tenemos que discutir con nuestra pareja seriéfila qué queremos ver; sino que nos viene dado por las tendencias del momento o las recomendaciones de nuestras amistades. No hay mucho que pensar ni discutir, todo está a golpe de click. Cuando le damos al play pedimos silencio, no queremos perdernos ningún detalle del último capítulo de la temporada después de un largo día de trabajo. Es el momento que solemos compartir con quien convivimos, pero mientras vemos nuestra serie del momento no valen comentarios. Cuando acaba el primer episodio no podemos evitar ver otro u otros dos; así que al final nos acabamos acostando a las 2 de la mañana y, para cuando queremos llegar a la cama, estamos tan cansadas/os que en lo último que pensamos es en mantener relaciones sexuales (ya sea a solas o en pareja).

¿Cómo nos afecta el consumo masivo de Netflix en nuestra sexualidad?

En caso de tener pareja es imprescindible compartir un tiempo y una comunicación de calidad con ella. Si el único momento del día que nos relacionamos suele ser por la noche (después de la jornada laboral), tomar por rutina el visionado una película o serie diariamente puede que a la larga nos acabe afectando. Muchas veces no sólo dejamos de comunicarnos sino que, bajo este contexto, tampoco incitamos al deseo cuando realizamos una cena pesada (la pizza de los domingos), estamos a un metro de nuestra pareja o le observamos desaliñado con el pijama de cuadros y el calcetín con tomates.

En otras ocasiones la pareja construye la expectativa de llevar a cabo, como mínimo, un encuentro sexual a la semana. Después de pasar los días laborables agotados y sin tiempo para compartir llega el fin de semana, y las ganas de acabar la temporada de la serie de la que todo el mundo habla le pueden a las ganas de mantener relaciones sexuales. Así que acaba el domingo y a la hora de acostarse nos vemos forzados a practicar sexo porque es lo que habíamos acordado. De esta manera mantenemos relaciones eróticas sin deseo, dejando de lado que pueda suponer un peligro a la larga; puesto que si repetimos estos encuentros sin deseo, es probable que acabemos asociando la erótica a algo negativo (obligatorio, rutinario y enemigo del deseo).

Pero esto no sólo afecta a las personas con pareja. En caso de no tenerla también es importante que nos dediquemos tiempo de calidad, más allá de sentarnos frente al ordenador para dejar pasar las horas mientras vemos una serie en Netflix. Para gozar de una erótica satisfactoria es imprescindible que nos cuidemos. Es decir, que nos permitamos tener tiempo para descubrir qué cosas nos gustan y qué cosas no; tiempo para escucharnos, para mimarnos o darnos algún tipo de placer.

El lado positivo de Netflix en nuestras relaciones sexuales

Podemos sacar muchos aspectos positivos del consumo de series, películas o documentales en plataformas en streaming con respecto a la erótica. Te planteo varios aspectos:

Existen series con cierta carga erótica que pueden ser un buen complemento a tu deseo sexual. Un ejemplo es “Easy” dirigida por Joe Swanberg . Se trata de una serie que refleja diferentes aspectos del sexo, el amor y la tecnología. Por una parte contiene escenas sexuales y, por otra, su duración (unos 30 minutos) es ideal para ver un capítulo y después mantener relaciones sexuales sin que se haga muy tarde.

El pause siempre estará a tu disposición. Una de las ventajas de Netflix es que puedes dejar un capítulo a medias y, en el momento que quieras retomarlo, se habrá guardado en el instante donde lo dejaste. Es perfecto para pausar películas como “Love” , de Gaspar Noé, con un alto contenido sexual, pero de larga duración (135 minutos).

Aunque muchas películas de la industria mainstream nos muestren, exclusivamente, encuentros eróticos esporádicos y por sorpresa, la realidad es que podemos planear nuestro tiempo libre sin perder la magia. Por ejemplo, podemos planificar un encuentro durante un día de la semana y el visionado de una serie durante otro. Esto va a permitirnos dejar de dedicar todo nuestro ocio  a plataformas como Netflix.

Si nos permitimos distracciones mientras vemos contenidos de Netflix, podremos aprovechar ése tiempo para disfrutar de nuestra erótica. Por ejemplo, si tenemos pareja, podemos permitirnos dialogar. Cuando asumimos que la erótica es algo más que coitos, genitales y orgasmos, tenemos más posibilidades de placer sexual que, en ocasiones, pueden compartirse mientras, por ejemplo, vemos Juego de Tronos. Esto significa que podemos darnos permiso para disfrutar frente al televisor, en el sofá o la cama acurrucándonos junto a nuestra pareja, besándonos, acariciándonos, rozando nuestros pies o manos…

No siempre somos conscientes del ritmo de vida que llevamos y de cuánto le dedicamos a nuestra salud sexual. Te invito a reflexionar sobre el uso que haces en plataformas de streaming como Netflix y compartir tu experiencia en este espacio de sexualidad en positivo.

Lara Herrero Barba

 

DE LA “SEXUALIDAD SENTIMENTAL” A LA SEXUALIDAD SIMPLIFICADA: “Love”

Hoy os hablo de sexo y amor a través de “Love”, la nueva película de Gaspar Noé.

Retratar la sexualidad humana a través de una pantalla no es una tarea sencilla. En primer lugar, hay que esquivar el etiquetado tradicional de una industria poco acostumbrada a mostrar el sexo como algo natural, más allá de las categorías “erótico-porno-X”. En segundo lugar, es difícil competir con contenidos cuyo único propósito es vender, sin importar la cosificación de la mujer o la veracidad de sus escenas. Y, en tercer y último lugar, el significado social que damos a la sexualidad está lleno de mitos, tabúes, miedos, censuras, genitalidad y exclusión que hay que manejar muy bien para no acabar haciendo una obra vulgar.

La historia es la siguiente: Murphy es un hombre infeliz, padre de un hijo de dos años y pareja de Omi, una mujer rubia más joven que él. La película se desarrolla entre los pensamientos nostálgicos del protagonista, cuando compartía la vida con Electra, su expareja. A través de sus recuerdos comienza a narrar sus aventuras de amor y sexo con Electra, una historia feliz hasta que aparece una vecina con quien surge un trío, Omi. Cuando Murphy decide repetir el polvo con Omi, pero a espaldas de Electra, el preservativo se rompe y Omi se queda embarazada. A partir de entonces la relación entre el protagonista y Electra se rompe, pero él no puede olvidar todo lo que vivió con ella y lo que sexualmente experimentaron juntos.

Mi propósito no es desgranar la historia, sino acercaros a algunos detalles de la película que me gustaría destacar. Como ya sabréis a estas alturas, la película tiene una gran carga erótica con varios puntos a favor, como: la variedad de planos estéticamente cuidados; que los cuerpos que aparecen, así como las prácticas que se realizan se nos muestran desde diferentes ángulos; y los genitales aparecen como una parte más del cuerpo, sin restarle protagonismo a otras zonas de placer. Los puntos en contra: los genitales masculinos son los protagonistas, una vez más, mostrándose en las diferentes etapas de la respuesta sexual humana, cuando aumentan su dureza y firmeza y cuando se produce la eyuculación; sin embargo los genitales femeninos no se ven explícitamente.

¿Será Noé un cineasta más que responsabiliza al pene del propio placer y el de la pareja en las relaciones sexuales?

Otro punto a favor de “Love” es que muestra diferentes prácticas eróticas: masturbación masculina y femenina, besos, caricias, una sesión de fotos erótica, el 69, felaciones, cunnilingus y, como no, coitos. Puntos en contra: de ocho escenas analizadas, 6 muestran la penetración como fin último para obtener orgasmos y en su totalidad los genitales aparecen como los órganos protagonistas del placer.

Recordemos que:

Muchas veces las películas, imágenes y contenidos eróticos o pornográficos no permiten que todas las personas se sientan identificadas con lo que ven. Entre otras cosas, esto sucede porque los cánones estéticos y de comportamiento sexual no son muy fieles a la realidad y son poco diversos, como ya os expliqué en otro post (http://www.sexopositivo.com/un-recorrido-por-la-historia-del-arte-y-cine-porno/) Los actores y actrices suelen parecerse en cuanto a que mantienen sus cuerpos cuidados, depilados, sus gestos y voces suelen ser exagerados…  Un punto a favor de Noé en este sentido es que nos muestra a una pareja que disfruta en sus relaciones pero que no gime. No hace falta que nos oigan los vecinos para dejar claro que lo que estamos haciendo nos resulta placentero. Además, la coprotagonista lleva con mucha seguridad una buena mata de pelo en su vulva, porque no todas las mujeres deciden depilarse y, aunque la industria pornográfica tradicional nos quiera vender que el vello es feo, cada mujer ha de decidirlo por sí misma. Otro punto a favor en este sentido es que, a diferencia de las escenas eróticas tradicionales, además de mostrarse los preliminares, antes del coito aparece el uso de preservativos y, no sólo eso, también nos muestra con naturalidad la posibilidad de que se pueda romper.

Un punto en contra que no puedo dejar pasar es el sentimiento de pertenencia en una pareja. La película perpetúa una imagen machista de las relaciones heterosexuales con frases del protagonista hacia Electra como: “Hicimos una promesa, yo te pertenezco y tú me perteneces”; “vivir con una mujer es como compartir la cama con la Cía. No hay secretos”; “estaba muy buena, no pude resistirme, tenía que metérsela” o “he hecho lo correcto, proteger a mi dama”. Los comportamientos de los protagonistas perpetúan los roles sexuales de hombre-activo y mujer-pasiva que tantos problemas nos ocasionan en la realidad porque benefician la sexualidad de un@s y perjudican la de otr@s en función del sexo.

Podríamos justificar los puntos negativos que os he mencionado alegando que el director está desarrollando un guion que no tiene por qué ser fiel a la realidad; pero Noé nos acompaña durante todo el film a través de su protagonista. La señal más clara es cuando se entremezcla la propia intencionalidad del mismo con la del actor principal a través de esta frase: “¿Sabes cuál es mi mayor sueño en la vida? Mi mayor sueño es hacer una película que represente verdaderamente la sexualidad sentimental”. Lo cierto es que simplificar los sentimientos al amor y éste a la pasión, la posesión, los celos, el desasosiego y la resignación no hace más que empequeñecer la sexualidad. Del mismo modo que lo hace reducirla a la heterosexualidad, el coito, los genitales y los orgasmos.

Juzguen ustedes mism@s

UN RECORRIDO POR LA HISTORIA DEL ARTE Y CINE PORNO

Ilustración de Leticia Amores

Ilustración de Leticia Amores

Conocer la historia de la pornografía nos ayuda a situarnos en el tiempo para comprender cómo hemos llegado hasta la actual industria.

            La palabra “pornografía” procede de las palabras griegas: porné (prostituta) y graphein (escribir), que hacen alusión a la descripción de una prostituta. Y aunque su origen se remonta a la Antigua Grecia, “no fue empleada hasta el siglo XVIII, utilizado para indicar las representaciones explícitas de los órganos o actos sexuales” (Marzano, 2006: 32). En los diccionarios europeos aparece en torno a 1840 como la descripción de la prostitución y de la vida de las prostitutas en la ciudad como una cuestión de higiene pública, según afirma Beatriz Preciado (2012).

Para hablar de los orígenes del porno hemos de trasladarnos mucho más lejos de la industria cinematográfica, hasta el paleolítico. Las primeras imágenes eróticas de la historia proceden de esta era. Se trata de representaciones de desnudos con genitales y atributos sexuales muy exagerados. Un claro ejemplo es la Venus de Willendorf, cuya sexualidad es símbolo de fertilidad. La finalidad de estas obras era puramente espiritual, por lo que difiere mucho de su función actual más cercana a la estimulación erótica.

Para encontrarnos con una visión más cercana a nuestros días, hemos de remontarnos a la Antigua Grecia. De su cultura destacan las imágenes de contenido homosexual de sus esculturas y cerámicas. La influencia de estas representaciones llega incluso hasta nuestros días, así por ejemplo, continuamos denominando a la práctica del sexo anal como sexo griego, por los grabados de la época. Entre otros, también destacan los que retrataban  penes de pequeño tamaño como el Herma de Demóstenes del 280 a.C.

En la era romana también podemos localizar referencias eróticas con imágenes fálicas, tanto en la escultura como en la pintura, así,  nos encontramos con la Villa de los misterios de Pompeya.

Las culturas orientales, como la de China, Japón o India, también cuentan con una tradición de arte erótico. Todas y todos conocemos, por ejemplo, el primer manual de sexo de la historia. Se trata del Kamasutra, de origen indio escrito por Vatsyayana. Muchos autores lo consideran la primera obra pornográfica, aunque eso es discutible. Por su parte, los japoneses ya en el siglo VII representaban escenas sexuales de los coitos tanto heterosexuales como homosexuales bajo el nombre de Shunga. Su creación acabó por desaparecer en el siglo XIX con la llegada de la pornografía fotográfica.

La Edad Media se convirtió en Europa en una época oscura en cuanto a la influencia negativa de la religión sobre las diferentes vertientes artísticas. La principal consecuencia fue que, por primera vez, el arte erótico se convirtió en un lujo para pocos privilegiados. Así, surgieron pequeñas representaciones eróticas entre los textos religiosos.

En 1398 nace Johannes Gutenberg, quien sin quererlo, consiguió a través de la imprenta la democratización de la literatura y, con ello, se lograse una distribución masiva de material pornográfico en Occidente.

En el Renacimiento aparece el primer editor de un libro con grabados eróticos: “Los dieciséis placeres” o “Las posiciones”, de Il Modi, encarcelado por ello bajo la influencia de la iglesia, institución que también fue responsable de la destrucción de la mayor parte de los ejemplares. Sin buscarlo, esta represión dio lugar, en el siglo XVI al primer caso de pornografía underground de la época, pues comenzaron a surgir copias en el mercado sin revelar el autor. Un siglo después, en la Vieja Europa, comenzaron a realizarse impresiones de novelas pornográficas como “L´ecole des filles” o “La putana errante”.

Si pasamos al cine, tenemos que hacer una primera parada en 1896, con la película “Le Bain”, en la que aparece por primera vez una actriz desnuda (Louis Willy). Ese mismo año sale la película “Le coucher de la Mariée” de Albert Kirchner, considerada la primera película erótica de la historia. Estas dos obras marcaron el inicio de las denominadas Stag Movies o películas privadas, únicamente para hombres.

Según Lust (2008), en 1920 continuaron surgiendo una serie de películas de carácter pornográfico a la vez que se prohibían novelas de contenido erótico como “El amante de Lady Charterley” de D. H. Lawrence, finalizada en 1927 y legalizada treinta años más tarde. Poco después, “el cine porno experimentó un boom después de la II Guerra Mundial, gracias a las cámaras de 8mm” (Barnés: 2014), que dieron lugar al porno amateur. Se trataba de películas rodadas, mayoritariamente, en burdeles por las propias prostitutas. Era un cine muy exclusivo para hombres adinerados.

En los años 50 aparecen las primeras películas de burlesque, caracterizadas por los striptease, donde surgen escenas simuladas. Se trataba de trabajos de bajo presupuesto, por lo que se redujo su coste y, en consecuencia, aumentó su visionado hasta expandirse al ámbito privado de los hogares. Hasta entonces la pornografía formaba parte de ciclos sociales masculinos, pero con la aparición de estas películas y de las denominadas Beaver movies, menos explícitas, su consumo se expande.

En esta época aparece en Copenhague el denominado Código Hayes que limitaba las imágenes de las películas y sancionaba escenas de cama u homosexuales entre otras. En 1967 el Código fue abolido, en parte gracias a la batalla de Hugh Hefner, con el propósito de conseguir desnudos de mujeres en su revista Play Boy.

Dos años después Dinamarca se convierte en el primer país en legalizar la pornografía. Poco después se creó el título de Películas X para calificar obras con contenido sexual o violento. La primera película X fue “Mona”, proyectada en el 72. A partir de entonces comienza la denominada Era dorada del cine porno, con obras como “Emmanuelle” o “Tras la puerta verde”.

En los años 80 surgen las primeras estrellas del cine porno, además, gracias a la industria del cine en formato VIH la industria crece. La demanda de películas de este género abarató los costes y la industria se masificó, produciendo cintas de baja calidad. Otro suceso importante en los años 80 fue la aparición del concepto X para parejas; es decir, películas porno para ver en pareja. Este acontecimiento puede relacionarse con los movimientos feministas de la época, puesto que reivindica el visionado de este cine por parte de las mujeres.

La era dorada del porno vuelve a resurgir en los 90 gracias a la popularidad de algunos actores y actrices. La popularización hizo resurgir las macroproducciones y la industria volvió a estar en auge. El año 2000 marca un antes y un después en la industria del cine porno porque entra un nuevo factor al juego: Internet. Con esta herramienta el acceso se abrió a un público mucho más amplio, así como a los actores y actrices. Ya no hacían falta caras conocidas para que el mercado funcionase, incluso podían verse grabaciones caseras de gente anónima no profesional. La accesibilidad y la amplia oferta han ido acercando, poco a poco, el porno a las mujeres. Con Internet ya no solo los hombres consumen este producto, ni son solo los hombres quienes lo dirigen.

BIBLIOGRAFÍA

Barnés, Héctor G (2014). Una historia desconocida de la pornografía y lo que revela de nuestras preferencias. [http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-05-10/una-historia-desconocida-de-la-pornografia-y-lo-que-revela-de-nuestras-preferencias-sexuales_127279/], 10 de mayo, El Confidencial.

Lust, Erika (2008). Porno para mujeres. Editorial Muselina, S.L.

Marzano, Michela (2006). La pornografía o el agotamiento del deseo. Manantial, Buenos Aires.

Preciado, Beatriz (2012). Museo, basura urbana y pornografía. http://lasdisidentes.com/2012/08/12/museo-basura-urbana-y-pornografia-por-beatriz-preciado/, 12 de agosto.

PORNO SI, PERO DE CALIDAD: Transmisión de estereotipos y patrones sexuales

Ilustración por Xavier Schipani

Ilustración por Xavier Schipani

En muchos casos la pornografía distorsiona la realidad, no tiene en cuenta la pluralidad y diversidad de cuerpos, sexualidades, identidades ni orientaciones sexuales del deseo. Objetiviza a los sujetos convirtiendo a las mujeres en sujetos pasivos y a los hombres en sujetos activos. A través de 10 ejemplos vamos a detenernos en algunos de los aspectos del porno tradicional que distorsionan la realidad para ver de qué forma podemos plantear alternativas en las que todas las personas puedan sentirse identificadas:

Ejemplo 1: Intersexualidad.

Falta de representación de características propias de la adquisición de la identidad sexual. Las mujeres aparecen como sujetos muy “femeninos” y los hombres muy “masculinos”, cuando en la realidad hay mujeres con rasgos masculinos, por ejemplo mucho vello corporal, y hombres con rasgos femeninos, como por ejemplo, la voz muy aguda.

Esto hace referencia a la identidad sexual, que es aquello que la persona se considera a sí misma; es decir, hombre o mujer. Cuando el cine y arte pornográficos conciben a los sexos, a los hombres y mujeres, a veces lo hacen de una forma tan rígida que crean una gran presión para que cada persona se adapte a unos determinados roles y modelos de lo que debe ser un hombre o una mujer. La presión que esto ejerce hace que algunas personas modifiquen su aspecto físico, sus gustos o su forma de relacionarse para parecerse más a los modelos de hombre o mujer socialmente aceptados y normalizados a través del porno tradicional.

Ejemplo 2: Las mujeres se exhiben sin vergüenza, sus cuerpos siempre les agradan y están a gusto consigo mismas.

En la realidad hay un porcentaje importante de mujeres que no se sienten satisfechas con su imagen ni con su cuerpo, en parte, por la influencia de los modelos de belleza que los medios de comunicación y el porno, entre otros, nos imponen. El efecto que esto tiene es que, cuando una persona se compara con estos modelos y no se siente identificada, puede afectar negativamente a su autoestima. Además, también puede afectar a la identidad sexual, provocando que la persona se sienta más o menos hombre o mujer según se parezca más o menos al modelo de belleza.

Ejemplo 3: Largos periodos hasta eyacular.

Según el Informe Kinsey el 75% de los hombres eyaculan tras pasar dos minutos después de la penetración. El hecho de no tener modelos o referencias con otros tiempos de eyaculación más realistas, puede conducir a muchos hombres a una insatisfacción con el tiempo de eyaculación o, lo que comúnmente se conoce como problemas de eyaculación precoz.

Ejemplo 4: Falta de referencias homosexuales reales.

Muchas de las escenas lésbicas, más allá de retratar un encuentro homosexual, responden a deseos y fantasías de hombres heterosexuales.

Ejemplo 5: Abuso de cuerpos de gimnasio, altos, jóvenes, caucásicos o negros en plenas facultades físicas, psicológicas y sensoriales.

He de hacer una mención especial al factor edad, puesto que el cie porno tradicional no tiene en cuenta la sexualidad de las personas mayores. Esto tiene que ver con el hecho de que nuestra cultura tiene una percepción de la población anciana muy negativa y está cargada de mitos y prejuicios. Una de las razones es porque vivimos en una continua idealización de la juventud. Se considera, erróneamente, que la sexualidad de una persona comienza con su vida reproductiva y, por lo tanto, acaba cuando esta finaliza. Así, tiende a considerarse que la vida erótica de una mujer finaliza con el comienzo de su menopausia, cuando en realidad desde que nacemos hasta que morimos somos seres sexuados.

Al igual que sucede con las personas mayores, también se silencia la sexualidad de las personas con algún tipo de discapacidad y/o diversidad funcional. Es cierto que algunas de estas personas se enfrentan a problemas que dificultan los encuentros eróticos, como por ejemplo: problemas cognitivos, la posible desinhibición en la erótica, menor control, grado de autonomía reducido, dificultades para establecer relaciones, dependencia… Pero esto no les convierte en seres asexuados. Además, las posibilidades que la sexualidad nos ofrece son tan amplias y variadas que todas las personas caben en ella. Señalar también que nadie está libre de sufrir una discapacidad adquirida y/o sobrevenida en el futuro, por tanto, hemos de anteponernos a la posible presencia de dicha discapacidad para que no suponga tener que sacrificar o renunciar a la Sexualidad.

Ejemplo 6: Coitocentrismo y genitalización de la sexualidad.

No nos vamos a engañar, los genitales son una parte importante en las relaciones eróticas, pero no son únicos y exclusivos. Tenemos un cuerpo lleno de posibilidades para el placer.

Ejemplo 7: Ausencia de lubricantes y métodos anticonceptivos.

Si en el porno tradicional, la mujer siempre aparece dispuesta al coito, ¿para qué va a necesitar lubricantes? Por su puesto, en la realidad el uso de lubricantes está muy extendido, así, en muchas ocasiones es recomendado en consulta para tratar algunos de los problemas sexuales femeninos más frecuentes, como el vaginismo. En cuanto al uso de métodos anticonceptivos, si tomásemos el porno como única herramienta de educación sexual, no existirían, así como tampoco las enfermedades de transmisión sexual y VIH. Así, por ejemplo, el pene puede pasar del ano a la boca de la mujer sin protección alguna.

Ejemplo 8: El sexo con la menstruación no existe.

En la realidad muchas parejas y mujeres en solitario mantienen relaciones durante la menstruación. Esto es posible y muchas personas lo disfrutan.

Ejemplo 9: Las mujeres violadas siempre acaban disfrutando.

Este es un tema realmente serio, una relación no consentida es un delito. ¿Qué mensajes estamos transmitiendo al respecto?

Ejemplo 10: Roles femeninos machistas y heterosexistas.

Por ejemplo: mujer prostituta, lesbiana que mantiene relaciones con hombres, adolescentes, colegialas, operadas… Faltan referentes positivos de mujeres independientes, trabajadoras, emancipadas, adultas que consienten la relación, gordas, delgadas, operadas y sin operar… Además de estas distorsiones de la realidad, el porno convencional coloca a las mujeres en una posición marginal.

Hablamos de roles para referirnos a que, socialmente, se premian ciertas conductas y comportamientos y se castigan otros en función del sexo que las desempeñe. Las mujeres y hombres que no encajan en estos roles pueden llegar a sentirse menos hombres o menos mujeres. La socialización de género también es transmitida a través del porno. En el caso de las mujeres se valoran los contactos corporales menos genitales, por lo que muchas, influenciadas por esta socialización desconocen el funcionamiento de los genitales y de sus zonas erógenas, así como tienden a normalizar la vinculación afectiva.  En el caso de los hombres se valoran los encuentros coitales y genitales, por lo que muchos, influenciados por este modelo de socialización, no aprenden a erotizar el conjunto de su cuerpo y tienden a normalizar la desvinculación afectiva.

La pornografía tradicional influye indiscutiblemente en nuestra forma de percibir, vivir y entender la sexualidad humana. Como hemos podido ver a través de 10 ejemplos, estos géneros, en su formato más tradicional, están cargados de tabúes, etiquetas y patrones que pueden conducir a que las personas vivan su sexualidad con dificultades y angustias. Es por esto que la educación sexual puede anticiparse, evitar situaciones desagradables, y no sólo eso, sino que podemos trabajar desde un modelo en positivo, cultivando las posibilidades que la sexualidad nos ofrece para anteponernos a riesgos, problemas o exclusiones que puedan darse.

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