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Relato erótico sobre una mujer mastectomizada

¿Existen recursos, como relatos eróticos, que muestren a mujeres mastectomizadas?

Mujeres mastectomizadas

Mujeres mastectomizadas

Llevo unos días preguntándome cómo de aceptadas se sentirán las mujeres mastectomizadas en nuestra sociedad. Y si se existen medios donde puedan sentirse reflejadas, como personajes públicos, series, películas, obras literarias… Porque el hecho de sentirnos identificados con alguien puede ayudarnos a aceptarnos a nosotros mismos. También me he preguntado si sexualmente tendrán modelos de referencia y espacios donde sentirse incluidas.

Algunos de vosotros me habéis acercado a materiales que me gustaría compartir en este momento:

 

Aunque las referencias sean escasa y, en muchos casos, sea difícil encontrar algo aceptable; la cosa se va complicando más si nos ceñimos a la sexualidad. Es por esto que he creído conveniente crear un relato erótico cuya protagonista sea una mujer mastectomizada. Acepto críticas, matices y propuestas de mejora con el fin de que difundamos una realidad lo más verídica posible.

 

 

EL REGALO DE PAOLA

El Regalo de Paola

El Regalo de Paola

Ahí estaba yo, otra vez frente al espejo, incapaz de aguantar más de diez segundos observando mi propia imagen. O lo que quedaba de ella.

– Lucía, ¡no puedes salir con esa blusa!. Me dije en voz alta.

Eran poco más de las nueve. En veinte minutos había quedado con mi mejor amiga, Paola, para celebrar mi cumpleaños; pero no encontraba nada que ponerme. Por lo menos había una temperatura de treinta grados y todas mis camisetas de verano eran ajustadas o con un escote pronunciado.

Antes de la operación no le daba demasiada importancia a mi imagen, pero ahora era diferente. Llevara lo que llevara me sentía incómoda. Paola me decía que cuando me ponía la prótesis nadie podría darse cuenta de que ya sólo tenía un pecho. El caso es que yo no podía verme bien ni sentirme segura. No sé si era por lo que la gente pudiera pensar o porque jamás volvería a ser como antes.

No tenía fuerzas para seguir luchando conmigo misma, así que llamé a mi amiga y le propuse vernos otro día. Al principio se molestó un poco e insistió en que saliera a despejarme un rato, pero finalmente lo dejó estar.

Me enfundé un camisón, preparé una taza de té helado de hierbabuena y jengibre y abrí “La chica miedosa que fingía ser valiente muy mal” por el último capítulo que me quedaba por leer. No me dio tiempo a terminar el primer párrafo cuando sonó el timbre. Era Paola. No se había dado por vencida.

– ¿De verdad pensabas que te librarías de mí el día de tu cumpleaños? Venga, trae dos copas y un sacacorchos. He comprado un vino ecológico en la tienda de abajo. Tenemos que brindar.

Manché mis labios con el brebaje tinto y le di las gracias.

-¿Gracias por qué? ¡Si aún no has abierto mi regalo!. Y sacó un paquete exquisitamente envuelto.

Lo abrí lentamente para conservar intacto el papel, una costumbre que mantenía desde niña. Por el paquete se entreveía una tela roja, con rosas bordadas en negro y transparencias.

– Puedes descambiarlo si no te va bien o no te gusta el color. Dijo.

– ¡No, no podía ser!, ¡Paola no podía regalarme un sujetador (con culote y liguero a juego), ella no… ¿Qué broma de mal gusto era esa?…

Me dije por dentro.

Le dije que estaba cansada y necesitaba dormir, le di las gracias y nos despedimos.

Sonó el despertador sobre las diez de la mañana siguiente. Me levanté, entré en el salón y puse “I put a Spell On You” de Nina Simone. Las copas de vino permanecían en la mesa, justo al lado de aquel intento de regalo que jamás podría ponerme. Busqué el ticket y salí para descambiarlo, seguramente por un pijama.

El escaparate de la tienda llamó mi atención. En él había un cartel en forma de bocadillo que decía: “Lencería para todo tipo de mujeres, tallas y cuerpos. Lencería mastectomía”. Desde que me diagnosticaron no había pisado por una tienda de ropa interior. Preferí optar por recortar todos mis sujetadores antiguos para coser un bolsillo en la copa derecha, donde poder introducir la prótesis.

Por un instante quise darme la vuelta, pero mientras observaba el escaparate, una mujer se asomó y me invitó a entrar. Sonaba el último disco de Leonard Cohen y olía a incienso de almizcle.

– Vengo a descambiar un regalo. Le dije, y saqué el conjunto rojo bordado.

La dependienta me miró y sonrió. En su camisa había un cartelito que ponía “Sofía”. Llevaba una coleta alta y larga. Tenía la tez pálida, que conjugaba perfectamente con el tono de sus ojos almendrados.

– No puedo creerme que no lo quieras. Tiene que quedarte genial. Pruébatelo y te echo una mano con la talla.

Cuando quise contestar ya estaba abriendo las cortinas del probador. Su voz era tan dulce que no pude decir nada. Y, una vez más, allí estaba yo frente al espejo, en ropa interior, casi sin poder mirarme.

– ¿Estás lista?. Me preguntó Sofía, segundos más tarde.

– Sí, bueno… no estoy segura de… Y, sin esperar más respuesta, entró al probador.

Era tan estrecho que nuestros cuerpos impactaron sin previo aviso. Noté que el aroma a almizcle se confundía con el olor de su propia piel.

– Woow, ¡estás increíble, realmente sexy!. Comentó.

Después hubo un silencio y simplemente me observó. Sentí que era sincera a través de sus ojos. Entonces me giré para poder verme desde otro ángulo, pero el espacio era tan pequeño que nuestras cabezas chocaron. La dependienta se echó a reír y acabó contagiándome con sus carcajadas. En ese instante me pareció que tenía una sonrisa preciosa. Sus labios no eran nada del otro mundo, finos y rodeados de pecas alineadas con cierta gracia. Pero en conjunto su boca era perfecta.

Sofía rozó mi espalda con sus manos y, de repente, sentí calor en las mejillas mientras mi pulso se aceleraba.

– Tienes que colocar el cierre en la primera posición para que se ajuste a tu cuerpo. Y desabrochó cuidadosamente el sostén para cambiar el cierre.

Quise que me lo volviera a ajustar para poder sentir el roce de sus dedos sobre mi piel una vez más. Mi deseo estaba empezando a despertar tras hibernar desde la operación. Y aquel simple roce me pareció el éxtasis.

– Gírate, verás qué bien te sienta. Dijo mientras sonreía.

Entonces nuestras cabezas volvieron a chochar y nuestros labios se rozaron. El corazón seguía bombeando como pidiendo salir. No estoy segura si fue por la vergüenza que me producía esa situación o porque aquella escena me resultaba realmente erótica. Por un momento olvidé que sólo tenía un pecho y volví a sentirme atractiva. Sin pensarlo, le besé. Sofía se separó, me miró a los ojos y volvió a juntarse con mis labios para después bajar hasta el cuello…

– ¡Cómo podía estar tan húmeda por un beso! Pensé.

Deseé sentir su piel junto a la mía, sin milímetros de vacío de por medio. Y, mientras dibujaba su cuerpo desnudo con mi mente, sentí de nuevo sus manos, quitándome el conjunto con rosas bordadas muy despacio. Su pequeña boca comenzó a viajar por los rincones que el sujetador escondía hasta aterrizar en el esternón.

– Eres preciosa. Dijo mientras su mirada apuntaba a mi ombligo y sus manos bajaban por mi cintura.

Yo también quería palpar su piel desnuda, así que le dije que se sentara en el taburete de madera del probador y le quité el vestido azul turquesa. No llevaba sostén, así que lo primero que probé fueron sus pezones con bonitas areolas asimétricas. Después bajé hasta su vientre y lo froté con mi cara, como una gata en celo; para terminar deshaciéndome de sus bragas, también rojas, con flores bordadas.

Su respiración se confundía con la música de fondo y parecía una nota más de la melodía. Hice que se levantara para darle la vuelta y estrujar sus nalgas. Y mientras lo hacía comencé a masturbar su vulva. Podía observar cómo se retorcía de placer desde el espejo. Me bastaba con ver y oír cómo se manifestaba el placer que yo le estaba proporcionando.

Entonces ella cogió mi mano e introdujo en su jugosa boca mis dedos índice y corazón. Después volvió a colocarla sobre su clítoris, al mismo tiempo que mordía su labio inferior. El goce emanaba de entre sus piernas, pero se extendía por todo su cuerpo hasta mi mano, que intentaba abarcar toda su vulva con movimientos circulares.  Hundí mi cabeza para morder suavemente el interior de su muslo izquierdo, sin dejar de masturbarle; hasta que noté que su placer estaba en el momento más álgido. Fue en ése instante cuando emitió un gemido leve, como quien no puede hacer ruido en un lugar de silencio obligado.

Después ella tomó el mando e hizo que esta vez me sentara yo. Se agachó, colocó mis piernas sobre sus hombros y fundió su lengua en mi vagina hasta que me corrí. Aquello fue como un sueño. Un paréntesis entre la realidad y lo fantástico.

Llamé a mi amiga Paola, le propuse salir a tomar algo prometiéndole que hoy estrenaría, por segunda vez en aquel día, el conjunto que me había regalado. Desde entonces pude volver a mirarme en un espejo y, cada vez que lo hacía, repasaba lo que sucedió frente a uno, en un pequeño probador con una mujer de labios finos y olor a almizcle.

 

 

 

 

VULVA, TE QUIERO ASÍ

EL NUEVO PROYECTO PARA POSITIVIZAR LAS VULVAS SE LLAMA “VULVA, TE QUIERO ASÍ”

¿Alguna vez te has parado a pensar si te gustan tus genitales? O ¿Si esa auto-apreciación puede influir en tu autoestima y en tu sexualidad?

“Vulva, te quiero así” es un espacio para positivizar las vulvas en el imaginario colectivo y, de esta manera, permitir a las personas con vulva (mujeres y hombres) poder disfrutar de una relación sana y satisfactoria con sus genitales y, en general con su sexualidad.

El contexto socio-cultural en el que vivimos ha perpetuado, durante muchos años, una idea de sexualidad basada principalmente en la reproducción. Entre otras cosas, es por esto que los genitales suelen ser los grandes protagonistas de nuestra erótica.

 

¿Nos resultan bonitos nuestros genitales?

Cada hombre y cada mujer tienen su propia opinión al respecto. Parece ser que los hombres(cisgénero) se relacionan con sus genitales de una manera más amable que las mujeres; quienes muchas veces tienen una actitud distante al respecto.

A lo largo de la historia la sexualidad de las mujeres ha estado en un segundo plano. Del mismo modo que las vulvas se han visibilizado en menor medida que los penes. Durante mucho tiempo los genitales femeninos se han relacionado con algo suciopecaminosoimpuromaloliente y doloroso. Las mujeres tenían que mantenerse vírgenes hasta el matrimonio, vestir condecorosamente para ser aceptadas y menstruar en silencio (por si la mahonesa se cortaba o por si la sangre menstrual producía un olor desagradable) .  A nivel educativo se han investigado bastante menos los genitales femeninos que los masculinos. Además, normalmente hay mucha más libertad para hablar de sexualidad masculina (masturbación, promiscuidad…), mientras que aún existe censura y agravio hacia la sexualidad femenina.

A veces, cuando vemos la imagen de una vulva o intentamos hacer una descripción, surgen palabras negativas como: feo, sucio, arrugado, raro, desagradable, extraño, pringoso… Muchas personas no logran aceptar sus genitales como una parte bella de su cuerpo. Cuando tenemos problemas de aceptación hacia alguna zona de nuestro cuerpo, es probable que nuestra relación con la misma sea mala o inexistente. Es por esto que las personas con una percepción negativa de sus vulvas tienen más posibilidades de tener problemas para obtener placer a través de las mismas.

 

¿Qué imagen se te viene a la cabeza si visualizas una vulva?

¿Es positiva, negativa, te da miedo pensarlo; se asemeja a algo vivo, a algo triste, a algo salvaje, a un sentimiento o emoción…?

A través de “Vulva, te quiero así” te propongo que realices un parecido razonable entre las vulvas y algo que se le parezca. La única condición es que tiene que ser positivo. Puede ser un objeto, un alimento, un pensamiento, un color, un animal, un mineral, una planta,  algo totalmente abstracto…

 

 

Formato
  • Te invito a compartir tu parecido en positivo en forma de texto, fotografía, ilustración o collage; acompañado de una pequeña explicación justificando tu elección.
  • Da igual tu edad, tu identidad sexual, tu orientación del deseo, tu procedencia o creencia religiosa.
  • Envía tu parecido razonable (positivo) a: info.sexopositivo@gmail.com con el asunto “Vulva, te quiero así”. Indicando si deseas aparecer como autor/a con nombre y apellidos o de manera anónima.
  • Te dejo mi parecido razonable para que lo tomes como ejemplo.

 

MI PARECIDO RAZONABLE PARA VULVA TE QUIERO ASÍ: LA ALCACHOFA

Las vulvas me recuerdan a una alcachofa. Cada una de sus capas se asemeja a los pliegues de los labios mayores y menores que protegen los genitales externos. Cada alcachofa, al igual que cada vulva, tiene un color diferente. Y las capas que la componen son únicas e irrepetibles. Si separamos una alcachofa por la mitad y observamos uno de los trozos, veremos las capas con mayor claridad.

La parte inferior de una mitad me recuerda a la entrada de la vagina, de un color más notorio que el resto. Mientras que la parte superior de las capas es similar al glande del clítoris, dispuesto en la zona alta de los genitales, bajo los labios mayores. Visualmente el rabo de la alcachofa podría asemejarse a la raíz del clítoris, que termina en la zona del llamado Punto G, del interior de la vagina.

Muchas mujeres nunca han observado sus genitales con un espejo, visualizando de cerca cada una de sus partes, sus colores y texturas; bien por desconocimiento, indiferencia, miedo, rechazo o asco. Estos impedimentos que no nos permiten tener una relación saludable con cada zona de nuestros genitales son como las capas de una alcachofa. Hay que ir descubriendo una a una. A veces estas capas (o impedimentos) son construidas, otras son aprendidas y, en muchas ocasiones, infundadas. Sería maravilloso ir saboreando, capa a capa, hasta llegar al corazón; que es lo más sabroso y lo que, en mayor medida, despierta nuestros sentidos.

 

Vulva, te quiero así” es un rincón para compartir experiencias y construir junt@s una imagen positiva y diversa de las vulvas.

 

Lara Herrero Barba. Sexo Positivo.

SEXO VS NETFLIX

Sexo VS Netflix Mesa Redonda Erostreet Barcelona 2018

Hace ya unos cuantos años desde que se comenzó a investigar la incidencia del consumo masivo de contenido audio-visual en las relaciones sexuales. En 2016 la Universidad de Cambridge concluyó en su estudio sobre la conectividad masiva que plataformas como Netflix están produciendo un descenso del número de encuentros eróticos entre las parejas con respecto a años pasados

Y es que este servicio de streaming es el más utilizado en nuestro país según la investigación “Contenidos online de pago” de la  Universidad Complutense . Sobre todo entre jóvenes de 18 a 25 años, que le dedican de 1 a 2 horas diarias de su tiempo libre. Si tenemos en cuenta el ritmo de vida de la sociedad actual es innegable que entre las largas jornadas laborales, los desplazamientos y las propias obligaciones, el tiempo de ocio personal que nos queda es realmente escaso. Si ése tiempo solemos repartirlo entre comer, dormir y consumir series y/o películas frente a una pantalla, la realidad es que no nos quedan minutos para otras cosas, como dedicarle tiempo a nuestra pareja (en caso de tenerla), leer un buen libro o dar un paseo.

Esta es una de nuestras realidades sociales con las que tenemos que lidiar. Es importante abrir un debate al respecto para no acabar descuidando otros ámbitos que influyen en nuestra calidad de vida. Así pues, el pasado 12 de mayo tuve el placer de participar en la mesa redonda “Mas follar y menos Netflix” durante el festival EroStreet en Barcelona junto a un elenco maravilloso de Sex Bloggers: Bernice Xanthe, Miss TabooNass Marrero, Iria Ferrari, Laura Marcilla, Alfred López y Patxi Gómez

Todas y todos coincidimos en que esta situación es consecuencia de la posmodernidad. Hace 30 años las familias se sentaban frente al televisor en su tiempo libre (normalmente a la hora de cenar). Los anuncios entre escena y escena invitaban a realizar un descanso o intercambiar algún tipo de contacto; pero a las 00:00horas la película del día había terminado y todos se iban a la cama a una hora en la que aún quedaban restos de energía en caso de desear un encuentro sexual. Actualmente queremos contenidos de rápido y fácil acceso, que satisfagan nuestra necesidad de consumo en el instante. Muchas veces ni si quiera tenemos que discutir con nuestra pareja seriéfila qué queremos ver; sino que nos viene dado por las tendencias del momento o las recomendaciones de nuestras amistades. No hay mucho que pensar ni discutir, todo está a golpe de click. Cuando le damos al play pedimos silencio, no queremos perdernos ningún detalle del último capítulo de la temporada después de un largo día de trabajo. Es el momento que solemos compartir con quien convivimos, pero mientras vemos nuestra serie del momento no valen comentarios. Cuando acaba el primer episodio no podemos evitar ver otro u otros dos; así que al final nos acabamos acostando a las 2 de la mañana y, para cuando queremos llegar a la cama, estamos tan cansadas/os que en lo último que pensamos es en mantener relaciones sexuales (ya sea a solas o en pareja).

¿Cómo nos afecta el consumo masivo de Netflix en nuestra sexualidad?

En caso de tener pareja es imprescindible compartir un tiempo y una comunicación de calidad con ella. Si el único momento del día que nos relacionamos suele ser por la noche (después de la jornada laboral), tomar por rutina el visionado una película o serie diariamente puede que a la larga nos acabe afectando. Muchas veces no sólo dejamos de comunicarnos sino que, bajo este contexto, tampoco incitamos al deseo cuando realizamos una cena pesada (la pizza de los domingos), estamos a un metro de nuestra pareja o le observamos desaliñado con el pijama de cuadros y el calcetín con tomates.

En otras ocasiones la pareja construye la expectativa de llevar a cabo, como mínimo, un encuentro sexual a la semana. Después de pasar los días laborables agotados y sin tiempo para compartir llega el fin de semana, y las ganas de acabar la temporada de la serie de la que todo el mundo habla le pueden a las ganas de mantener relaciones sexuales. Así que acaba el domingo y a la hora de acostarse nos vemos forzados a practicar sexo porque es lo que habíamos acordado. De esta manera mantenemos relaciones eróticas sin deseo, dejando de lado que pueda suponer un peligro a la larga; puesto que si repetimos estos encuentros sin deseo, es probable que acabemos asociando la erótica a algo negativo (obligatorio, rutinario y enemigo del deseo).

Pero esto no sólo afecta a las personas con pareja. En caso de no tenerla también es importante que nos dediquemos tiempo de calidad, más allá de sentarnos frente al ordenador para dejar pasar las horas mientras vemos una serie en Netflix. Para gozar de una erótica satisfactoria es imprescindible que nos cuidemos. Es decir, que nos permitamos tener tiempo para descubrir qué cosas nos gustan y qué cosas no; tiempo para escucharnos, para mimarnos o darnos algún tipo de placer.

El lado positivo de Netflix en nuestras relaciones sexuales

Podemos sacar muchos aspectos positivos del consumo de series, películas o documentales en plataformas en streaming con respecto a la erótica. Te planteo varios aspectos:

Existen series con cierta carga erótica que pueden ser un buen complemento a tu deseo sexual. Un ejemplo es “Easy” dirigida por Joe Swanberg . Se trata de una serie que refleja diferentes aspectos del sexo, el amor y la tecnología. Por una parte contiene escenas sexuales y, por otra, su duración (unos 30 minutos) es ideal para ver un capítulo y después mantener relaciones sexuales sin que se haga muy tarde.

El pause siempre estará a tu disposición. Una de las ventajas de Netflix es que puedes dejar un capítulo a medias y, en el momento que quieras retomarlo, se habrá guardado en el instante donde lo dejaste. Es perfecto para pausar películas como “Love” , de Gaspar Noé, con un alto contenido sexual, pero de larga duración (135 minutos).

Aunque muchas películas de la industria mainstream nos muestren, exclusivamente, encuentros eróticos esporádicos y por sorpresa, la realidad es que podemos planear nuestro tiempo libre sin perder la magia. Por ejemplo, podemos planificar un encuentro durante un día de la semana y el visionado de una serie durante otro. Esto va a permitirnos dejar de dedicar todo nuestro ocio  a plataformas como Netflix.

Si nos permitimos distracciones mientras vemos contenidos de Netflix, podremos aprovechar ése tiempo para disfrutar de nuestra erótica. Por ejemplo, si tenemos pareja, podemos permitirnos dialogar. Cuando asumimos que la erótica es algo más que coitos, genitales y orgasmos, tenemos más posibilidades de placer sexual que, en ocasiones, pueden compartirse mientras, por ejemplo, vemos Juego de Tronos. Esto significa que podemos darnos permiso para disfrutar frente al televisor, en el sofá o la cama acurrucándonos junto a nuestra pareja, besándonos, acariciándonos, rozando nuestros pies o manos…

No siempre somos conscientes del ritmo de vida que llevamos y de cuánto le dedicamos a nuestra salud sexual. Te invito a reflexionar sobre el uso que haces en plataformas de streaming como Netflix y compartir tu experiencia en este espacio de sexualidad en positivo.

Lara Herrero Barba

 

Y SI NO HAY PENETRACIÓN, ¿QUÉ HACEMOS?

Young man caught in bed with his affair

¿Te imaginas que tu cocina es un buffet libre y que todos los días decidas comer el mismo plato?… En muchas relaciones sexuales heterosexuales sucede algo parecido. Y es que aunque la variedad de prácticas sea muy amplia, aún seguimos considerando que si no hay coito, no es un encuentro completo. Pero lo cierto es que cada vez son más las mujeres que demandan otro tipo de relaciones sexuales más allá de la penetración.

Desde el inicio en la sexualidad con otros, introducir el pene en la vagina es considerado esencial para culminar un encuentro. “Cuando la población joven habla de la primera vez o de perder la virginidad aún sigue refiriéndose a la penetración vaginal”. Nos comenta Marga Varela, sexóloga en la asociación Vallisoletana Dialogasex.  Además, afirma que las consultas que reciben de menores suelen relacionarse con ésta práctica. “Por ejemplo, nos preguntan cuál es la edad recomendada para realizar la primera penetración; cuánto debe durar un coito o qué hacer si el preservativo se queda dentro de la vagina”.

Tal y como dice Mireia Darder en “Nacidas para el placer”, si a esto le añadimos la falta de una educación sexual adecuada y profesional, muchas veces no harán más que perpetuar ese modelo basado en el coitocentrismo a lo largo de sus vidas. Aunque esto suele suceder más en un sexo que en otro. “A las chicas no se les enseña nada o casi nada sobre la forma de conseguir su placer. La mayoría de ellas se lanza a tener una relación sexual sin información, sin conocerse y, a menudo, más por complacer al chico y así no perderlo que conectadas auténticamente con su propio deseo. De este modo, tras su primera experiencia sexual, algunas chicas acaban sufriendo una enorme decepción, una vivencia que las marca negativamente y que puede llegar a ser difícil de subsanar o que solo se acaba relativizando con el paso de los años”.

¿Todos hablamos el mismo lenguaje?

Una noche después de haber ligado con un tipo le invitas a subir a casa y ya por el camino piensas que te apetece mantener relaciones sexuales con él, pero ¿significará lo mismo que para ti o irremediablemente una relación sexual significa penetrar?…

Si escuchamos a Shakira y Maluma cantar “quiere que se lo haga en diferentes partes […] tu muévete encima de mí” puede que comiencen las dudas: ¿Hablarán de hacer una caricia, un mordisco uno encima del otro? o ¿todos pensamos en el mete saca? El cantante repite hasta la saciedad la misma idea en otras canciones con frases como esta: “Y si con otro pasas el rato vamos a ser felices los cuatro, yo te acepto el trato. Y lo hacemos todo el rato”. Socialmente, al igual que relacionamos la primera vez o perder la virginidad con el coito,  también lo relacionamos con la expresión hacerlo para referirnos a mantener relaciones sexuales. La cuestión es si todos entendemos que se trata de la penetración vaginal o si incluye alguna práctica más. Con canciones como “Amantes de una noche” de Natti Natasha y Bad Bunny parece que el imaginario colectivo va más asociado a la penetración. Queda claro en estrofas como esta: “A tu novio dile que yo se me tus poses favoritas y que él no vive así. No entiendo por qué solos somos panas si nos sobran las ganas de hacer más de ocho poses en la cama”

Y, ¿qué sucedería si la amante de una noche o la pareja de larga duración tuviera candidiasis vaginal, no quisiera mantener relaciones con la regla o simplemente no le apeteciese practicar el coito? o, ¿qué ocurriría si es él quien no lo desease?… Para algunas parejas esto podría ser un problema, puesto que muchas no conciben el sexo sin penetración. Por lo tanto, si esta práctica no puede realizarse, se acabaron las relaciones sexuales. En este punto sería interesante preguntarnos si la abstinencia nos compensa o, si por el contrario, merece la pena probar con otras prácticas, excitarnos y disfrutar (con o sin nuestros genitales).

Pero, ¿por qué esta obsesión por “meterla”?

 En primer lugar, tenemos que situarnos en un contexto (Occidente) y en una cultura (cristiana) según la cual, la sexualidad únicamente cumple la función reproductiva. Por lo tanto el coito es única práctica sexual matrimonial destinada a este fin. No podemos obviar que nuestra sociedad está fuertemente ligada al catolicismo y que un gran número de personas siguen su doctrina. Así pues, serán muchas las que pongan esto en práctica; aunque la sexualidad, además de tener una dimensión reproductiva, también la tiene recreativa (placentera) y comunicativa (relacional).

En segundo lugar, la penetración vaginal es la gran protagonista de los encuentros heterosexuales porque convivimos con un modelo finalista de sexualidad basado en el coito como práctica primordial, los genitales como órganos principales de placer y el orgasmo como placer por excelencia. Pero imagina que tus relaciones sexuales son un menú repleto de posibilidades, ¿Por qué conformarse con tres platos cuando hay a tu disposición toda una variedad de exquisiteces? El coito es sólo una de las muchas prácticas que podemos poner en marcha. Emplear más verbos además de penetrar es enriquecedor: morder, besar, acariciar, azotar, arañar, masturbar, lamer, tocar, rozar, estimular… Y lo mismo sucede con las zonas erógenas. Aunque normalmente pongamos el punto de mira en el pene o la vulva, tenemos todo un cuerpo a nuestra disposición dotado de terminaciones nerviosas que permiten que sintamos a través de cada palmo de la piel. Puede que el placer que busquemos sea un orgasmo; pero también resulta interesante plantearse que existen otros tipos de goces igual de satisfactorios. Si tenemos esto en cuenta y mantenemos una relación que ha finalizado sin orgasmo, puede que dejemos de martirizarnos y comencemos a disfrutar del resto de sensaciones vividas.

Y, en tercer lugar, el coitocentrismo también se ve alimentado por la cultura del aquí te pillo aquí te mato, así como por la ausencia de una educación de caricias. Encendemos la televisión y comienza la escena: ella abre la puerta al chico y él le coge en brazos y seguidamente le coloca sentada encima de la lavadora. Le sube la falda, le baja las bragas y, después de desabrocharse el pantalón, le introduce su pene. No hay caricias, miradas ni palabras, sólo coito.  Estamos siendo bombardeados por escenas de sexo donde se producen penetraciones sin previa estimulación, sin apenas excitación ni tiempo para las caricias. Nuestros cuerpos necesitan prepararse. Es obvio que los penes han de estar erectos; pero es fundamental que las vaginas estén lubricadas y dilatadas para que la penetración no sea dolorosa. Y esto se consigue a través de la excitación, que requiere un tiempo de caricias y acciones estimulantes.

Entonces, ¿Qué hay más allá de la penetración?

Muchas personas confunden mantener relaciones sexuales con practicar el coito. Pero algunas, en su mayoría mujeres, llevan tiempo apostando por una erótica diversa, más allá del coitocentrismo. De hecho, existe todo un movimiento de lucha surgido en el feminismo de los cincuenta. Además de reivindicar derechos sexuales y reproductivos, las mujeres demandaban su propio placer sexual. Es entonces cuando se cuestiona la penetración como práctica obsoleta para el disfrute femenino. Un claro ejemplo es “El Informe Hite: Estudio de la Sexualidad Femenina”, donde su autora, Shere Hite afirmaba que casi el 70% de las mujeres alcanzaban el orgasmo sin dificultad a través de la estimulación del clítoris y la masturbación; mientras que les era imposible hacerlo con el coito.

Actualmente existen prácticas sexuales que dejan a la penetración en un segundo plano. Un claro ejemplo es el King Out que, como su nombre indica, deja fuera al que muchas veces consideramos el rey de las relaciones: el pene. Y, por lo tanto, si no hay pene, no hay penetración. O el petting, que incluye todo tipo de prácticas, como la masturbación, las caricias o los besos; a excepción de la penetración.

Está claro que existen relaciones más allá del coito. Cuantas más opciones nos planteemos, mayores posibilidades de placer tendremos. Tampoco vamos a demonizar esta práctica, pero estaría bien que comenzara a ser una opción y no una obligación entre parejas heterosexuales.

 

 

LA MASTURBACIÓN FEMENINA: Un viaje hacia el autoconocimiento

Autor de la imagen: Alphachanneling

Autor de la imagen: Alphachanneling

La masturbación femenina es una de las muchas prácticas eróticas que existen y que puede realizarse tanto en pareja como a solas. En concreto, la masturbación en solitario, además de resultar placentera, es muy útil a la hora de conocer nuestro cuerpo y nuestros genitales, saber cómo reaccionan, qué es lo que nos gusta y lo que no, descubrir estímulos y sensaciones físicas y psicológicas… Y esto es fundamental para que, una vez conozcamos como  disfrutar en solitario, podamos aplicarlo en pareja o grupo.

¿Las mujeres se masturban en igual medida que los hombres?

Cuando planteo esta pregunta entre amigas, en reuniones eróticas o charlas sobre sexualidad, la respuesta está clara: “No, todos los hombres se masturban  y además lo hacen con mayor frecuencia” (afirma la mayoría). Podemos tomar esta respuesta como válida sin ningún fundamento empírico o podemos preguntarnos si, en realidad, las mujeres también se masturban pero no lo verbalizan con la misma frecuencia y naturalidad que los hombres. Esto tiene sentido si tenemos en cuenta la educación sexual diferenciada que recibimos en función de nuestro sexo. A los hombres, por ejemplo, se les comienza a hablar sobre la eyaculación y la penetración. Se les premia socialmente si muestran deseo o si han mantenido relaciones con cinco mujeres durante el último mes. Sin embargo, a las mujeres se les comienza a hablar de que la primera menstruación conlleva riesgos, de dolores, peligros… Y se les juzga socialmente si proclaman a los cuatro vientos sus relaciones sexuales. De esta manera, sin darnos cuenta, muchos hombres van asociando su sexualidad como algo positivo; mientras que muchas mujeres lo asocian a aspectos negativos o de riesgo. En palabras de Efigenio Amezúa, la masturbación femenina nace de una represión cuya base “ha radicado en ver a la mujer como generadora de vida, y en muy pocos casos como sujeto capaz de disfrute y satisfacción”.

Existen mujeres que no se masturban en solitario porque es una práctica que no les gusta, porque no están familiarizadas con sus genitales, porque no encuentran el estímulo que buscan o simplemente porque no les apetece. Pero también existen muchísimas mujeres que si lo hacen. En ambos casos es importante conocer algunos de los beneficios que conlleva esta práctica erótica:

En primer lugar, la masturbación no solo puede ayudarnos a conocer mejor nuestras preferencias a la hora de estimularnos sexualmente (y, de esta manera, poder aplicarlo en el resto de prácticas eróticas); sino que además nos sirve para experimentar y ampliar nuestro mapa erótico, por ejemplo, a través del uso de fantasías sexuales.

En segundo lugar,  mejora el estado de ánimo. Esto sucede porque cuando sentimos placer nuestro cuerpo genera neurotransmisores como la serotonina o las endorfinas que producen un estado de bienestar, relajación y felicidad.

En tercer lugar, el goce que experimentamos durante la masturbación ayuda a prevenir problemas de salud como la depresión (gracias a la liberación de endorfinas) o infecciones  vaginales o del tracto urinario, como la cistitis. En este caso se debe a que durante la masturbación se producen anticuerpos, así como también se facilita la expulsión de bacterias a través de fluidos que trasporta el cuello del útero. En este sentido, también puede ayudar a aliviar los posibles dolores menstruales, tanto por la segregación de endorfinas como por las contracciones musculares que se producen durante el orgasmo y que permite liberar con mayor facilidad el sangrado del endometrio. Por último, me gustaría añadir que la masturbación puede contribuir a evitar o mejorar problemas asociados con la anorgasmia y el vaginismo. En gran medida esto se debe a la experiencia de autoconocimiento que aporta.

Existen tantas formas de masturbación femenina como mujeres la practican. No hay fórmulas mejores ni peores. Lo mejor es explorar cuál nos resulta más placentera y cuál es la que mejor se adapta a nuestras preferencias. Para muchas mujeres la estimulación directa con sus genitales resulta una sensación demasiado intensa e, incluso, puede llegar a resultarles molesto. En este caso, una buena opción sería masturbarse sobre la ropa interior. Para otras mujeres, el contacto genital directo es fundamental. De esta manera podemos estimular nuestro clítoris, nuestros labios mayores y menores, la vagina, el ano u otras zonas erógenas de nuestro cuerpo como los pechos o los muslos. Al igual que existen diversas maneras de estimularse, también hay diferentes posturas, como boca abajo, de lado, boca arriba, con las rodillas hacia el pecho, de cuclillas, sentadas…

Si hablamos de la estimulación a través del roce con el dedo o dedos podemos hacerlo con un nivel de presión bajo, medio o fuerte. Existen diferentes opciones de movimiento, por ejemplo: de arriba abajo o de abajo hacia arriba, frotando de lado a lado, a través de pequeños y suaves golpecitos, dibujando círculos o un zigzag, aprisionando el clítoris entre los dedos, con pequeños pellizcos… Si no queremos utilizar los dedos o las manos o si queremos variar, también podemos manejar otras opciones  o combinarlas, como una almohada, un cojín o una toalla entre las piernas, el chorro de la ducha, objetos como un collar de cuentas…

Además podemos masturbarnos únicamente introduciendo algo en nuestra vagina o combinándolo con la estimulación del clítoris y/u otras zonas de los genitales femeninos externos y el cuerpo. En este caso podemos utilizar un dildo o un vibrador (acompañado de lubricante), uno o más dedos, un calabacín (con preservativo y lubricante)… Y tampoco podemos olvidar otros productos eróticos como el succionador de clítoris, el vibrador sencillo o doble estimulación (para la vagina y el clítoris), las bolas tailandesas (anales), el estimulador de pezones, lubricantes, geles de efecto calor o frío, etc.

 A la hora de masturbarnos podemos dar rienda suelta a nuestra imaginación e ir variando en las prácticas. Podemos utilizar fantasías sexuales para aumentar y mantener la excitación, hacerlo frente al espejo, consumiendo contenido erótico (literatura, películas, fotografías…)… Recuerda que la masturbación femenina es una práctica con muchos beneficios y variantes, pero no tenemos por qué sentirnos obligadas a realizarla. La manera en que cada persona vive su sexualidad es única. Y no existe un modelo de goce universal. Te invito a descubrir y compartir de qué manera la disfrutas tú.

Lara Herrero Barba.

EDUCACIÓN SEXUAL. Hablemos de Sexo

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¿Qué educación sexual recibiste?, ¿tus padres te hablaron de sexo?, ¿qué te contaron tus amigos al respecto?… Seguro que cuando eras adolescente rondaban por tu cabeza un sinfín de dudas, inquietudes, miedos y curiosidades en torno al sexo. Nuestra población joven continúa teniendo preguntas sobre sexualidad, aunque ahora la información está más a su alcance.

En términos generales podríamos decir que la mayor parte de sus dudas hacen referencia a un modelo de goce genital, heterosexual y coital. Así, se preguntan por la edad recomendable para practicar la penetración vaginal por primera vez, por las posturas más placenteras o por el uso de métodos anticonceptivos. Además, tienen curiosidad por los cambios que se producen en el desarrollo como: las primeras eyaculaciones, poluciones nocturnas, la primera regla, el ciclo menstrual o los procesos de erección y de lubricación. Sus inquietudes también tienen que ver con la identidad (es decir, cómo se sienten como hombres y como mujeres) y con el deseo sexual (orientación del deseo sexual, enamoramiento, atracción, la vida en pareja…).

Y, ¿cómo resuelven sus dudas? El grupo de iguales, las amistades y la pareja son una fuente de información innegable, así como Internet y los portales de contenido pornográfico. Educasex apunta según su ”Estudio cualitativo sobre la sexualidad de las personas jóvenes del ámbito rural” que también utilizan recursos como los mass-media, revistas, programas de TV, las nuevas tecnologías y diferentes profesionales, principalmente del ámbito de la educación y la sanidad. Estos recursos pueden resultarles de gran utilidad, pero sin conocimientos previos pueden confundirles y perpetuar mitos y estereotipos en torno a la sexualidad. Es por esto necesaria la educación sexual a través de dos contextos: el ámbito educativo y la familia.

¿Cuáles son los objetivos de la Educación Sexual?

En primer lugar, que las personas aprendan a conocerse. Se trata de que comprendan que su sexualidad les permite ser seres irrepetibles y únicos dentro de una pluralidad. En segundo lugar, es importante que aprendan a aceptarse tal y como son. Esto también conlleva asumir que todos los cuerpos están preparados para el placer, así como que todas las mujeres son verdaderas mujeres y que todos los hombres son verdaderos hombres. Y, en tercer lugar, la educación sexual tiene como objetivo que las personas aprendan a expresar su erótica satisfactoriamente, para ello es necesario contemplar prácticas diversas más allá de los coitos heterosexuales. Se trata de encontrar la coherencia entre lo que se desea y lo que se hace.

La educación formal o la formación reglada, es un ambiente idóneo para incluir la educación sexual a través de charlas, talleres, programas o cursos impartidos por profesionales (sexólogos).  Así como la educación no formal en centros jóvenes, ludotecas, asociaciones o campamentos. Muchos centros sólo recurren a programas de educación sexual cuando conviven con casos de transfobia, homofobia, embarazos no deseados, agresiones o violencia de género. Lo interesante es hacer llegar esta educación a la sociedad antes de que haga falta y utilizarla como una herramienta en positivo, en pro de una vida saludable.

Por su parte, las familias también tienen una responsabilidad en este sentido. No tienen por qué saber dar respuesta a todas las dudas de sus hijos o hijas sino más bien transmitirles que cuentan con ellos. Así como respetarles,  escucharles, tomarles en serio y empatizar.

Además de las familias y del ámbito educativo, existen otras herramientas para la resolución de dudas e inquietudes sexuales, como la Asesoría Sexológica Gratuita para jóvenes en Valladolid de la asociación Dialogasex; o libros de sexualidad para jóvenes como “Sexperimentando. Todo lo que no se atrevieron a contarte: aprende y disfruta”, de Nayara Malnero.

Artículo publicado en El Periódico de Castilla y León (EPCYL) por Lara Herrero Barba. 

COSA DE VULVAS ¿Cómo influye la relación que tienes con tu vulva en la sexualidad?

Arte por: Jana Brike

Arte por: Jana Brike

¿Cómo de bien conoces tu cuerpo?, ¿y tu vulva?, ¿y cómo respondes ante un encuentro sexual?, ¿qué relación tienes con tu menstruación?, ¿cómo vives los tabúes en torno a ella?… Estas son algunas de las preguntas que deberías hacerte si quieres saber cómo influye en tu sexualidad la relación que tienes con tu vulva.

Lo primero de todo: ya es hora de que empecemos a llamar a las cosas por su nombre. Está muy bien que le pongas un seudónimo a tus genitales o que te refieras a ellos con diferentes nombres en función de si el momento es más romántico, pasional o infantil. Llama a los genitales como quieras, pero conoce cómo se denominan realmente, porque ése será un primer paso para conocerlos. Me resulta curioso que cuando acudo a algún taller sobre sexualidad la gente se avergüence cuando hablo de penes y vulvas y ni se inmuten al oír “coño”, “chorra”, “poya” o “seta”.

Lo de los penes está claro, pero ¿todas y todos sabríamos a que nos referimos con vulva?… Y aquí viene el segundo paso para conocernos: nuestra anatomía. ¿Es lo mismo una vulva que una vagina?… No. La vulva es el conjunto de órganos genitales femeninos externos (el monte de venus, el clítoris, los labios…) Y la vagina forma parte de los órganos genitales femeninos internos que van desde la vulva hasta el útero.

Si nunca has distinguido las partes de tu vulva o nunca las has visto, te recomiendo un ejercicio muy sencillo de auto-conocimiento: Desnúdate (si quieres sólo de cintura para abajo), coge un espejo y observa tu vulva. Tómate tu tiempo, relájate y vete recorriendo cada parte, fíjate en su forma, en su color, si te resulta agradable… Cada parte de tu cuerpo es importante. Si conoces cómo es tu rostro, tus manos o tus piernas, pregúntate por qué hasta ahora no conocías tu vulva.

Este mismo ejercicio también puedes realizarlo con todo tu cuerpo: Tras una ducha relajante detente desnuda frente al espejo. Recorre cada palmo de tu piel, no te olvides de ningún recoveco, respira hondo y observa cómo es tu cuerpo, qué parte te resulta más agradable, qué te gusta, cómo lo sientes… Cuando valoramos nuestra vulva y nuestro cuerpo, nos valoramos a nosotras mismas.

Y, ¿por qué es tan importante conocerse? El primer paso para disfrutar (eróticamente hablando) es conocernos. Cuando conocemos cómo es nuestro cuerpo y lo aceptamos y valoramos tal cual es, será más fácil que permitamos que otros también lo acepten y lo valoren. Es decir, cuando aprendemos a valorarnos y querernos asumimos que somos dignas y dignos de ser valorados y queridos y permitimos que esto suceda. Cuando no nos aceptamos es más probable que sintamos rechazo hacia nosotras/os mismas, y esto hará más difícil que alguien nos valore. Si nos conocemos sabremos qué nos gusta y que no nos gusta y será más fácil comunicárselo a nuestra pareja sexual.

El hecho de que muchas mujeres no conozcan o no acepten sus cuerpos como parte de su sexualidad tiene que ver, entre otras cosas, con el papel que socialmente se le ha sido asignado en el terreno sexual. Por ejemplo, al hombre se le otorgado el rol de activo y a la mujer el rol de pasiva. Las consecuencias de estas etiquetas han producido que algunas mujeres acaben tomando este rol como verdadero. Como resultado, muchas nunca han tomado la iniciativa en sus relaciones sexuales, siempre han esperado a que sea el hombre quien despierte su propio deseo y, en el peor de los casos, cuando han tomado el rol de activas o han mostrado su deseo sexual, han sido tachadas de guarras, frescas, fulanas o putas.

El autoconocimiento sexual femenino también tiene mucho que ver con la autopercepción de la menstruación. En nuestro país no hace mucho tiempo que, cuando a una chica le bajaba la regla por primera vez, se le venía encima una pesada manta de mitos, consejos, cautelas, prohibiciones y alarmas varias: “ahora que eres mujer tienes que tener mucho cuidado”, “con la regla no puedes ducharte”, “si tienes la menstruación la mahonesa se cortará”, “no puedes practicar deportes cuando menstrúes” o “las plantas se morirán cuando las toques si estás con la regla”.

En la actualidad hemos cambiado ésos mitos por rechazo: a los olores, fluidos, cambios hormonales, a la vulva, a los cuerpos… La diferencia es que este rechazo no está tan expuesto, socialmente hablando, como lo estaban los mitos que ya hemos mencionado. Te doy dos ejemplos:

  1. ¿Te has fijado en los mensajes que acompañan a los productos “higiénico-sanitarios para los genitales femeninos?
    No sólo no llaman a las cosas por su nombre (¿Zona íntima?… ¿hablan de mi vulva, de mis sentimientos o de mi casa?); sino que envían un mensaje peligroso: en tu vagina tienes que tener una limpieza extra, porque puede oler mal, porque si no está fresca se notará que tienes la regla o porque tienes que mantener limpias tus braguitas. Además no muestran la menstruación como un proceso natural de la mujer, sinónimo de salud; sino como un líquido azul que poco se asemeja a la sangre y que te produce extraños comportamientos.
  2. Las mujeres llevamos productos a la vista o sueltos por el bolso, pero cuando se trata de tampones, compresas, salvaslips o copas menstruales utilizamos una variedad infinita de tácticas para que nadie sepa que lo llevamos encima. No nos incomoda pedir agua en un bar para tomar una pastilla contra el dolor menstrual; pero si tenemos que cambiarnos de tampón en el baño lo escondemos en un estuche dentro de un neceser dentro del bolsillo interior del bolso y sólo cuando estamos solas, con la puerta cerrada, lo sacamos para que nadie lo vea.

Y, continuando con los mitos, uno que aún se mantiene en torno a la menstruación es que no se pueden mantener relaciones sexuales mientras se menstrúa. Esto es totalmente falso, lo que sí es verdad es que a muchas personas les produce rechazo. ¿Por qué?… Antes de citar algunos de los argumentos más comunes tenemos que reflexionar sobre lo que entendemos por relaciones sexuales. Si sólo nos referimos a relaciones que impliquen los genitales, la penetración y la finalidad de obtener orgasmos. O si nuestra concepción es mucho más amplia y también incluye otras zonas del cuerpo, otras prácticas y otro tipo de placeres derivados, por ejemplo, de un masaje. Habrá muchas personas a las que no les apetezca el coito durante la menstruación, pero sí otras prácticas eróticas.

A veces las mujeres no quieren mantener relaciones sexuales mientras menstrúan porque creen que la sangre va a producir temor, asco o aversión a sus parejas. Lo cierto es que sólo suelen ser suposiciones. Si hablamos de parejas heterosexuales, los hombres son quienes menos impedimentos ponen al respecto.

Otras mujeres (normalmente las que sufren dolores menstruales) creen que tener un orgasmo durante la menstruación puede ser doloroso por las contracciones que se producen. En realidad el cuerpo libera oxitocina y dopamina al producirse un orgasmo y esto puede aliviar el dolor. Además, los orgasmos producen contracciones que permiten eliminar más flujo y esto también alivia las posibles molestias.

Hay algunas mujeres que la sangre les produce rechazo y piensan que la sangre menstrual es algo sucio. Esto puede tratarse de un problema educacional mucho más complejo de lo que parece, y que se relaciona con los modelos sociales de hombre y mujer que una sociedad va construyendo a partir de estereotipos en función de nuestro sexo biológico. A este asunto podría dedicarle otro artículo, pero lo que pretendo es reflexionar sobre la concepción diferenciada que tenemos de nuestros propios fluidos en función de si somos hombres o mujeres. Es decir, ¿creéis que el semen produce el mismo rechazo que la sangre menstrual? Ambos fluidos forman parte de la vida y permiten la concepción humana, pero uno (el semen) está mucho mejor considerado…

Tanto si mantienes relaciones sexuales durante la menstruación como si no, hay otras cosas que debes saber:

  • Ya he aclarado que mantener relaciones sexuales durante la menstruación no es inmoral ni sucio; sino que estas ideas tienen que ver con la tradición cultural y social y la moral religiosa, pero en ningún caso se basan en fundamentos científicos. Tampoco es algo perjudicial para la salud. Es una decisión personal y de pareja. No existen pautas generales porque cada persona tiene una sexualidad única. Lo que para una persona puede resultar placentero, para otra persona quizás no tanto.
  • Para muchas mujeres el sexo durante la menstruación no sólo les resulta placentero, sino que facilita ciertas prácticas como la penetración, puesto que la sangre hace de lubricante. Además, el deseo sexual puede verse incrementado (aunque esto depende de cada mujer y de cada ciclo menstrual)
  • Es recomendable el uso del preservativo. Durante la menstruación puedes quedarte embarazada y contraer infecciones de transmisión genital y enfermedades de transmisión sexual. El riesgo no tiene que ver con la menstruación o el contacto con la sangre, es el mismo riesgo los días en que la mujer menstrúa que los que no lo hace.
  • Si decides mantener relaciones sexuales durante la menstruación pero quieres controlar tu flujo, una buena opción en hacerlo bajo la ducha. Si no te convence, te propongo las esponjas vaginales. Puedes utilizarlas incluso durante la penetración, con comodidad y sin necesidad de quitártela.

Os animo a analizar los mitos con los que habéis convivido en torno a vuestra menstruación y a dejarlos atrás, observando cómo es vuestra propia experiencia, vuestra sangre y vuestro cuerpo durante todo el ciclo, para haceros una idea propia de vuestra menstruación a partir de la vivencia personal.

Y ya que estamos hablando de menstruación yo también quiero sumarme a las alternativas al tampón y la compresa convencional. Aunque el mercado nos incite a comprar estos dos productos, existen otros como la copa menstrual que, pese a que ha ganado fama muy recientemente, es un producto que existe desde los años 30.  Supongo que ya sabréis las ventajas de su uso (a la larga te sale muy rentable, ayuda al medio ambiente, puedes usarla durante 10 horas, no daña tu vagina ni sus fluidos…), pero os voy añadir una más que he descubierto por propia experiencia.

Cuando comienzas a utilizar la copa menstrual la relación con tu regla puede cambiar, comienzas un nuevo camino de autonocimiento. Muchas mujeres nunca han tocado su vulva ni introducido otra cosa que no sea un pene en su vagina. Con la copa puedes descubrir y experimentar aspectos como: diferenciar partes de tu vulva, la cantidad de flujo que tienes y como es su color y densidad, conocer la fuerza que tienen los músculos de tu vagina y las contracciones que produce, desterrar algunos mitos como que la vagina es una cueva sin fin o que si introduces algo puede que no vuelva a salir… En cuanto a su uso, seguro que ya sabéis cómo funciona, pero quiero daros un pequeño consejo: muchas mujeres ven en la copa el inconveniente de tener que lavarla después de utilizarla, sobre todo si nos encontramos en lugares públicos. Pues bien, siempre podemos llevar en el bolso una botellita de agua y lavarla sin salir del inodoro o limpiar los restos de sangre con papel higiénico para, después, volver a introducírnosla. Esto es algo que puedes hacer si te encuentras fuera de casa ocasionalmente, pero cuando dispongas de intimidad, es necesario que la laves con agua y jabón neutro.

Además de las copas menstruales no quería dejar de mencionaros otros productos como las compresas reutilizables de tela ecológicas o las esponjas de mar. Recordad que no hay dos mujeres iguales, por lo que no hay productos menstruales universales, sino que para cada mujer existirá un método idóneo.

Conócete, infórmate, escucha a tu cuerpo y ¡fuera mitos y tabúes! Cada mujer es única e irrepetible, al igual que su sexualidad.

Y recuerda, ¡la revolución comienza con el autoconocimiento!

 

INDAGANDO EN LAS FANTASÍAS SEXUALES

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Las fantasías sexuales son representaciones eróticas en forma de pensamiento que nos producen estímulos agradables o excitantes. Son una de las muchas formas de conectar nuestra mente con nuestra erótica.

Existen muchas formas de fantasear y tantos tipos de fantasías como personas que las imaginan. Hay fantasías muy elaboradas y otras muy simples, fantasías largas y breves. Para muchas personas lo excitante son los detalles, el lugar o la ropa; para otras lo importante es la persona con la que se fantasea y para algunas la práctica que se lleva a cabo. Lo que se fantasea no siempre es imaginario o, por lo menos, no en su totalidad. Existe la posibilidad de excitarse recordando una situación vivida o una relación sexual pasada. A veces, la historia se recrea tal y como sucedió y, otras veces se añaden detalles imaginarios, como decoración, ropa, más personas, frases, otros lugares… También existe la posibilidad de recordar e imaginar algo que hayamos visto previamente y que no necesariamente hayamos vivido, como la escena de una película o un relato erótico.

En cuanto a las fantasías de las que más se habla (y no por ello más comunes), podemos encontrar: tríos, lugares poco tradicionales, sexo con personas desconocidas, juegos de dominación, exhibicionismo, juegos de roles y/o disfraces, fetichismo, voyeurismo o coprolalia (excitación al escuchar palabras con alto contenido sexual y/u obscenas). Por otra parte están las fantasías sexuales socialmente censuradas e, incluso, en muchas ocasiones, tratadas como indicadores de enfermedad de quien las imagina, como por ejemplo: la zoofilia (fantasías con animales, tanto relaciones directas como relaciones en lugares donde aparezcan animales o relaciones con personajes mitad humano/a mitad animal…), coprofagia y urofilia (fantasías con fluidos corporales, normalmente producidos por los genitales, la orina o las heces), necrofilia (fantasías con muertos, ataúdes, cementerios…) o la pedofilia (fantasías con menores de edad, que, por cierto, son potenciadas por el ideal de belleza imperante o famosas obras como “Lolita”; aunque este sería otro tema del que hablar). Las fantasías viven en la mente y la imaginación y, mientras se respete la libertad personal y no resulten perjudiciales, son totalmente lícitas para incrementar la satisfacción y enriquecer la sexualidad de cada persona.

Muchas personas afirman que una fantasía no es sólo un pensamiento, sino que ese pensamiento querría llevarse a cabo. ¿Es esto cierto?… Freud decía que las fantasías son “representaciones no destinadas a ejecutarse”. Es importante que no confundamos las fantasías con los deseos. Los deseos hacen referencia a situaciones, acciones, comportamientos o prácticas que nos gustaría llevar a cabo; sin embargo, las  fantasías son sólo eso y, no sólo no se desean llevar a cabo, sino que, a veces, sería imposible. A sí mismo, si una fantasía se llevase a la práctica, posiblemente dejaría de resultarnos estimulante, puesto que lo que lo que la define como tal está exclusivamente en nuestra imaginación. El deseo es un adelanto de un suceso futuro que puede alimentarse o intensificarse con fantasías.

Otras personas aseguran que las fantasías únicamente pueden producirse en solitario y, en ningún caso, mientras se mantienen relaciones sexuales con otra persona. Lo cierto es que podemos utilizar las fantasías para disfrutar más de nuestra sexualidad, individualmente o con otros/as. Por ejemplo, el hecho de que uno de los miembros de una pareja fantasee mientras su compañero/a le besa o acaricia, no hará más que intensificar el erotismo y la excitación. Y esto es algo que beneficia a ambos/as.

Y con esto llega otra de las cuestiones que mucha gente se plantea: Si mi pareja o yo tenemos fantasías con otras personas, ¿puede considerarse infidelidad?… En la mayor parte de los casos esta duda viene reforzada por una serie de creencias erróneas y mitos que se alejan de la realidad, pero que generan sentimientos desagradables de culpa o vergüenza y que, muchas veces, conducen a que las personas acaben reprimiéndose y censurando sus propias fantasías. Veamos algunos de los mitos más comunes: “Si tengo fantasías con alguien que no sea mi pareja la estaré traicionando”;  “Sólo tienen fantasías las personas con algún tipo de problema o disfunción sexual”; “Las personas que fantasean son pervertidas”; “Si tienes fantasías con otra persona es que tu pareja no te gusta lo suficiente o no es buena en la cama”… La verdad es que no se traiciona a nadie mientras se fantasea. Si, por ejemplo, utilizamos una fantasía durante el coito, por mucho que imaginemos, realmente estaremos manteniendo una relación con nuestra pareja.  El hecho de que fantasees no tiene nada que ver con el grado de atracción que tengas hacia tu pareja, el deseo hacia la misma o con la calidad como amante de tu compañero/a. Las fantasías simplemente pueden ser un extra en las relaciones sexuales, un estímulo más (pero a la mente) que potencia la satisfacción.

Hace unos días lanzaba la siguiente pregunta: ¿te atreverías a contarle a tu pareja una de tus fantasías sexuales?… En ocasiones, esto puede convertirse en un motivo de discusión; bien porque la pareja decida no desvelarlo o bien porque relacionemos la fantasía de nuestra pareja con alguno de los mitos que hemos mencionado. Las fantasías no traicionan a nadie, no tienen por qué compartiste si no se desea, no es obligatorio contar con qué o quién se fantasea; sin embargo, puede resultar muy excitante si utiliza como un juego erótico más en el que ambas partes (la que cuenta y la que escucha) están en igualdad de condiciones, no sufren coacción y están de acuerdo. Para muchas personas resulta excitante escuchar las fantasías de su pareja pero, recuerda, las fantasías son sólo fantasías y, en la mayor parte de los casos, no se desean realizar, sino imaginar.

A la hora de experimentar orgasmos o si tienes dificultades para alcanzarlos, las fantasías son una herramienta muy útil. Como sabéis, el orgasmo viene precedido por un nivel de excitación muy alto. Para alcanzar ese punto álgido de excitación es necesaria una estimulación erótica continuada a través de caricias, estimulación, besos, un ambiente agradable… si a esto le añadimos fantasías, las probabilidades de éxito serán mayores. Los pensamientos y recuerdos en forma de fantasía no hacen más que aumentar el deseo y facilitar la excitación, pero no siempre es fácil construir una fantasía potente y, menos aún, si nunca lo has practicado. Lo primero es ser capaces de abandonarnos al placer a través de nuestra propia imaginación, para ello hemos de tomar una actitud egoísta, en el buen sentido de la palabra; es decir, que hemos de centrarnos en nuestro propio placer y en las sensaciones que vamos experimentando. Digo esto porque, muchas veces, cuando mantenemos una relación sexual estamos más pendientes del placer de nuestro/a compañero que del nuestro o de si lo que hacemos le resulta agradable.

Tanto si utilizáis fantasías para potenciar vuestra erótica, como si aún no lo habéis hecho, me gustaría recomendaros “Mi Jardín Secreto”, de Nancy Friday. Una una obra que recoge diferentes fantasías sexuales de mujeres a través de unas diez mil cartas que sus protagonistas enviaron a la propia autora.

Recuerda que todo tipo de estimulación (física o mental) consensuada y no lesiva que sirva para potenciar la excitación y el placer, es positiva; tanto para uno/a mismo como para la pareja, en caso de tenerla.

 

Video sobre la Eyaculación Precoz

Esta semana retomamos una de las disfunciones sexuales masculinas más comunes: La eyaculación Precoz. Os dejo con el video informativo:

ALGUNOS APUNTES SOBRE LA SEXUALIDAD DURANTE LA VEJEZ

Arte por: Riccardo Mannelli

Arte por: Riccardo Mannelli

Vivimos en un contexto donde se premia la juventud. La edad es un factor que determina el ideal de belleza que impera: los protagonistas de la gran pantalla suelen ser personas de corta edad, así como los anunciantes de cremas para corregir arrugas o la alopecia, por no hablar de la ausencia de personas mayores en escenas eróticas.

Por esto no es de extrañar que, conforme cumplamos años, vayamos reprimiendo conductas y sentimientos asociados a la juventud. Un claro ejemplo es la sexualidad. Lo que es seguro es que nuestra sexualidad nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida; es decir, que desde que nacemos hasta que morimos somos seres sexuados. Cada persona tiene una sexualidad única. A lo largo de la vida no siempre le daremos la misma importancia al coito, las caricias o las relaciones con los demás, así como también podrá variar nuestro deseo o nuestras necesidades de afecto y apego.

Existen muchos mitos entorno a la sexualidad en la vejez, seguro que ya habías escuchado alguno de los que voy a mostrarte: “Las personas mayores que sienten deseo son viejos verdes o viudas alegres”, “los ancianos no tienen interés por las relaciones eróticas”, “la disfunción eréctil es inevitable con la edad”, “el deseo de la mujer disminuye de forma espectacular después de la menopausia”, “los orgasmos juveniles son más intensos “ o “las caricias orales y otros juegos eróticos son para jóvenes”.

Espero que, cuando termines de leer este post, tengas algunos argumentos para desmontar estas ideas erróneas. Lo primero que has de saber es que nuestra sexualidad se verá afectada no sólo por la edad, sino por los factores sociales, psicológicos y fisiológicos asociados a ella. Comencemos por destacar algunos de los cambios sociales y psicológicos que se producen en la vejez y que pueden influir en nuestra sexualidad:

  1. Nueva apariencia física: Con la edad van produciéndose cambios físicos como arrugas, pérdida de cabello, cambios en la masa muscular, flacidez…Ya hemos dicho que nuestras sociedades y culturas premian la juventud. No estamos acostumbrados a ver cuerpos de personas mayores en la televisión o el cine. A muchas mujeres su nueva apariencia física les preocupa., mientras que a otras les da miedo dejar de resultar atractivas a sus parejas. Otros dejan de arreglarse y de gustarse y van perdiendo el deseo.
  2. Viudedad o soltería: Nuestro contexto sentimental y de pareja varía a lo largo de nuestra vida. Es más común que durante la vejez se viva una situación de viudedad. Si se pierde a la pareja muchas veces se entra en una fase de abstinencia sexual. Hay personas que son felices viviendo sin pareja, pero hay otras que necesitan tener a alguien. La gran mayoría de personas mayores que llegan a la viudedad son mujeres. Si quieren buscar pareja es bueno que se relacionen y conozcan a gente, pero también pueden desear estar solteras/os. Hemos de respetar su decisión, y digo esto porque muchas veces, desde el entorno familiar o las amistades, se presiona para que la persona viuda no se relacione o busque una nueva pareja.
  3. Lugar de residencia: muchas personas, al alcanzar la vejez, se trasladan de hogar,  bien con la familia o bien a una residencia. En ambos ambiente existe una grave falta de intimidad. A veces han de compartir habitación, convivir con las puertas abiertas o acostumbrarse a estar siempre acompañados/as. Bajo este entorno siempre será más difícil disfrutar de una sexualidad libre y plena.
  4. Jubilación: Con la jubilación la vida cambia, así como las rutinas que antes teníamos. Es el momento de plantearse cómo ocupar el tiempo libre. Es bueno para la salud mantenerse ocupados/as. Las relaciones con la familia, amistades y la pareja cambian porque se dispone de más tiempo libre. Todos los cambios cuestan, se trata de habituarse a esta nueva vida poco a poco para evitar una crisis o una posible depresión que afecte a todos los aspectos de la vida y, por ende, a la sexualidad.
  5. La salud y las enfermedades: Algunas enfermedades pueden deteriorar nuestra vida sexual, veamos algunos ejemplos: La artritis puede producir que el contacto sexual resulte algo incómodo y doloroso, la diabetes puede causar impotencia y reducir la intensidad de la excitación y el orgasmo, los problemas de corazón puede aumentar la tensión (erección) del pene, la incontinencia urinaria puede llevar a evitar encuentros eróticos debido a la presión que se ejerce sobre el abdomen en los mismos, y, por último, me gustaría mencionar que la administración de algunos fármacos (antidepresivos, antihistamínicos, tranquilizantes…) puede afectar al deseo (disminuyéndolo), al mantenimiento de la erección del pene o a la eyaculación.

Si se padece alguna enfermedad o se consume algún fármaco hemos de saber que siempre hay alternativas. Por ejemplo, si un hombre toma un medicamento que le afecta a la erección y le impide practicar una penetración, en vez de realizar el coito puede dar y recibir caricias, besos, masajes…Porque como ya hemos dicho en otras ocasiones, la sexualidad no son solo coitos y genitales. Mantener encuentros eróticos en beneficioso para la salud, la autoestima y para hacer frente a enfermedades como episodios de infartos.

Veamos ahora qué cambios fisiológicos se producen con la vejez, que no son, en ningún caso negativos, sino variaciones fisiológicas naturales que hacen que tengamos que cambiar algunas de nuestras costumbres. No todos los cambios se dan por igual en todas las personas, como ya hemos dicho cada sexualidad es única e irrepetible, por lo que cada cual tendrá unas peculiaridades concretas. Comencemos hablando de las mujeres, que experimentan el fenómeno del climaterio. Esto es una disminución de estrógenos en el periodo anterior a la menopausia, durante y después del mismo. El Climaterio viene acompañado de una serie de cambios, como: pérdida de turgencia de los pechos, disminución del vello púbico, cambios en la distribución de la grasa corporal, disminución del tamaño y la elasticidad de la vagina, disminución de la capacidad para lubricar, disminución del ritmo de excitación y de la frecuencia e intensidad de las contracciones de los músculos pubococcígeos durante el orgasmo.

En los hombres los cambios no son tan bruscos como con la menopausia, pero también pueden experimentar variaciones como: aumento del periodo refractario, disminución de la cantidad de semen eyaculado, disminución de la frecuencia e intensidad de las contracciones de los músculos pubococcígeos durante el orgasmo, disminución de las erecciones nocturnas, disminución del ritmo de excitación y erección, y se puede necesitar mayor estimulación para producir una erección.

Si has llegado hasta aquí ya sabrás que cuando alcanzamos la vejez no perdemos nuestra sexualidad ni dejamos de ser seres sexuados, sino que, simplemente se van produciendo cambios que afectan, en mayor o menor grado, en nuestras relaciones eróticas, nuestro deseo, nuestras prácticas sexuales o en  nuestras necesidades. Ya sólo me queda añadir una última reflexión sobre cómo convertir algunos de estos cambios en aspectos positivos para nuestra sexualidad:

  • La menopausia puede ser una influencia positiva en la vida erótica, sobre todo en relación al coito. Para muchas mujeres resulta una liberación en cuanto a la preocupación de un embarazo no deseado.
  • Al hacerse más lenta la fase de excitación genital masculina y retrasarse la eyaculación, hay menos prisa y menos presión para llegar al orgasmo, por lo que se puede dedicar más tiempo a las relaciones genitales y al coito.
  • La jubilación, así como la despreocupación por determinadas responsabilidades, nos puede permitir disponer de más tiempo libre, que podemos traducir en mayor tiempo para nosotros/as, nuestra pareja, nuestro disfrute, nuestro deseo y nuestra intimidad.
  • La vejez es una etapa idónea para practicar caricias y ampliar el abanico de posibilidades eróticas. Nunca es tarde para aprender y experimentar algo nuevo, así como para darle a la imaginación.
  • El establecimiento de una relación de pareja íntima y positiva puede traducirse en una mayor desinhibición en las relaciones eróticas, y mayor capacidad para comunicar gustos y necesidades.

Y recuerda, durante la vejez “tu cuerpo tiene todavía recursos para la sexualidad y siempre para la sensualidad. Los sentidos siguen ahí, quizás amortiguados, pero en cambio mucho más sabios si hemos sabido vivir con acierto” (Sampedro J,L. 1989)

 

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