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SEXO VS NETFLIX

Sexo VS Netflix Mesa Redonda Erostreet Barcelona 2018

Hace ya unos cuantos años desde que se comenzó a investigar la incidencia del consumo masivo de contenido audio-visual en las relaciones sexuales. En 2016 la Universidad de Cambridge concluyó en su estudio sobre la conectividad masiva que plataformas como Netflix están produciendo un descenso del número de encuentros eróticos entre las parejas con respecto a años pasados

Y es que este servicio de streaming es el más utilizado en nuestro país según la investigación “Contenidos online de pago” de la  Universidad Complutense . Sobre todo entre jóvenes de 18 a 25 años, que le dedican de 1 a 2 horas diarias de su tiempo libre. Si tenemos en cuenta el ritmo de vida de la sociedad actual es innegable que entre las largas jornadas laborales, los desplazamientos y las propias obligaciones, el tiempo de ocio personal que nos queda es realmente escaso. Si ése tiempo solemos repartirlo entre comer, dormir y consumir series y/o películas frente a una pantalla, la realidad es que no nos quedan minutos para otras cosas, como dedicarle tiempo a nuestra pareja (en caso de tenerla), leer un buen libro o dar un paseo.

Esta es una de nuestras realidades sociales con las que tenemos que lidiar. Es importante abrir un debate al respecto para no acabar descuidando otros ámbitos que influyen en nuestra calidad de vida. Así pues, el pasado 12 de mayo tuve el placer de participar en la mesa redonda “Mas follar y menos Netflix” durante el festival EroStreet en Barcelona junto a un elenco maravilloso de Sex Bloggers: Bernice Xanthe, Miss TabooNass Marrero, Iria Ferrari, Laura Marcilla, Alfred López y Patxi Gómez

Todas y todos coincidimos en que esta situación es consecuencia de la posmodernidad. Hace 30 años las familias se sentaban frente al televisor en su tiempo libre (normalmente a la hora de cenar). Los anuncios entre escena y escena invitaban a realizar un descanso o intercambiar algún tipo de contacto; pero a las 00:00horas la película del día había terminado y todos se iban a la cama a una hora en la que aún quedaban restos de energía en caso de desear un encuentro sexual. Actualmente queremos contenidos de rápido y fácil acceso, que satisfagan nuestra necesidad de consumo en el instante. Muchas veces ni si quiera tenemos que discutir con nuestra pareja seriéfila qué queremos ver; sino que nos viene dado por las tendencias del momento o las recomendaciones de nuestras amistades. No hay mucho que pensar ni discutir, todo está a golpe de click. Cuando le damos al play pedimos silencio, no queremos perdernos ningún detalle del último capítulo de la temporada después de un largo día de trabajo. Es el momento que solemos compartir con quien convivimos, pero mientras vemos nuestra serie del momento no valen comentarios. Cuando acaba el primer episodio no podemos evitar ver otro u otros dos; así que al final nos acabamos acostando a las 2 de la mañana y, para cuando queremos llegar a la cama, estamos tan cansadas/os que en lo último que pensamos es en mantener relaciones sexuales (ya sea a solas o en pareja).

¿Cómo nos afecta el consumo masivo de Netflix en nuestra sexualidad?

En caso de tener pareja es imprescindible compartir un tiempo y una comunicación de calidad con ella. Si el único momento del día que nos relacionamos suele ser por la noche (después de la jornada laboral), tomar por rutina el visionado una película o serie diariamente puede que a la larga nos acabe afectando. Muchas veces no sólo dejamos de comunicarnos sino que, bajo este contexto, tampoco incitamos al deseo cuando realizamos una cena pesada (la pizza de los domingos), estamos a un metro de nuestra pareja o le observamos desaliñado con el pijama de cuadros y el calcetín con tomates.

En otras ocasiones la pareja construye la expectativa de llevar a cabo, como mínimo, un encuentro sexual a la semana. Después de pasar los días laborables agotados y sin tiempo para compartir llega el fin de semana, y las ganas de acabar la temporada de la serie de la que todo el mundo habla le pueden a las ganas de mantener relaciones sexuales. Así que acaba el domingo y a la hora de acostarse nos vemos forzados a practicar sexo porque es lo que habíamos acordado. De esta manera mantenemos relaciones eróticas sin deseo, dejando de lado que pueda suponer un peligro a la larga; puesto que si repetimos estos encuentros sin deseo, es probable que acabemos asociando la erótica a algo negativo (obligatorio, rutinario y enemigo del deseo).

Pero esto no sólo afecta a las personas con pareja. En caso de no tenerla también es importante que nos dediquemos tiempo de calidad, más allá de sentarnos frente al ordenador para dejar pasar las horas mientras vemos una serie en Netflix. Para gozar de una erótica satisfactoria es imprescindible que nos cuidemos. Es decir, que nos permitamos tener tiempo para descubrir qué cosas nos gustan y qué cosas no; tiempo para escucharnos, para mimarnos o darnos algún tipo de placer.

El lado positivo de Netflix en nuestras relaciones sexuales

Podemos sacar muchos aspectos positivos del consumo de series, películas o documentales en plataformas en streaming con respecto a la erótica. Te planteo varios aspectos:

Existen series con cierta carga erótica que pueden ser un buen complemento a tu deseo sexual. Un ejemplo es “Easy” dirigida por Joe Swanberg . Se trata de una serie que refleja diferentes aspectos del sexo, el amor y la tecnología. Por una parte contiene escenas sexuales y, por otra, su duración (unos 30 minutos) es ideal para ver un capítulo y después mantener relaciones sexuales sin que se haga muy tarde.

El pause siempre estará a tu disposición. Una de las ventajas de Netflix es que puedes dejar un capítulo a medias y, en el momento que quieras retomarlo, se habrá guardado en el instante donde lo dejaste. Es perfecto para pausar películas como “Love” , de Gaspar Noé, con un alto contenido sexual, pero de larga duración (135 minutos).

Aunque muchas películas de la industria mainstream nos muestren, exclusivamente, encuentros eróticos esporádicos y por sorpresa, la realidad es que podemos planear nuestro tiempo libre sin perder la magia. Por ejemplo, podemos planificar un encuentro durante un día de la semana y el visionado de una serie durante otro. Esto va a permitirnos dejar de dedicar todo nuestro ocio  a plataformas como Netflix.

Si nos permitimos distracciones mientras vemos contenidos de Netflix, podremos aprovechar ése tiempo para disfrutar de nuestra erótica. Por ejemplo, si tenemos pareja, podemos permitirnos dialogar. Cuando asumimos que la erótica es algo más que coitos, genitales y orgasmos, tenemos más posibilidades de placer sexual que, en ocasiones, pueden compartirse mientras, por ejemplo, vemos Juego de Tronos. Esto significa que podemos darnos permiso para disfrutar frente al televisor, en el sofá o la cama acurrucándonos junto a nuestra pareja, besándonos, acariciándonos, rozando nuestros pies o manos…

No siempre somos conscientes del ritmo de vida que llevamos y de cuánto le dedicamos a nuestra salud sexual. Te invito a reflexionar sobre el uso que haces en plataformas de streaming como Netflix y compartir tu experiencia en este espacio de sexualidad en positivo.

Lara Herrero Barba

 

Y SI NO HAY PENETRACIÓN, ¿QUÉ HACEMOS?

Young man caught in bed with his affair

¿Te imaginas que tu cocina es un buffet libre y que todos los días decidas comer el mismo plato?… En muchas relaciones sexuales heterosexuales sucede algo parecido. Y es que aunque la variedad de prácticas sea muy amplia, aún seguimos considerando que si no hay coito, no es un encuentro completo. Pero lo cierto es que cada vez son más las mujeres que demandan otro tipo de relaciones sexuales más allá de la penetración.

Desde el inicio en la sexualidad con otros, introducir el pene en la vagina es considerado esencial para culminar un encuentro. “Cuando la población joven habla de la primera vez o de perder la virginidad aún sigue refiriéndose a la penetración vaginal”. Nos comenta Marga Varela, sexóloga en la asociación Vallisoletana Dialogasex.  Además, afirma que las consultas que reciben de menores suelen relacionarse con ésta práctica. “Por ejemplo, nos preguntan cuál es la edad recomendada para realizar la primera penetración; cuánto debe durar un coito o qué hacer si el preservativo se queda dentro de la vagina”.

Tal y como dice Mireia Darder en “Nacidas para el placer”, si a esto le añadimos la falta de una educación sexual adecuada y profesional, muchas veces no harán más que perpetuar ese modelo basado en el coitocentrismo a lo largo de sus vidas. Aunque esto suele suceder más en un sexo que en otro. “A las chicas no se les enseña nada o casi nada sobre la forma de conseguir su placer. La mayoría de ellas se lanza a tener una relación sexual sin información, sin conocerse y, a menudo, más por complacer al chico y así no perderlo que conectadas auténticamente con su propio deseo. De este modo, tras su primera experiencia sexual, algunas chicas acaban sufriendo una enorme decepción, una vivencia que las marca negativamente y que puede llegar a ser difícil de subsanar o que solo se acaba relativizando con el paso de los años”.

¿Todos hablamos el mismo lenguaje?

Una noche después de haber ligado con un tipo le invitas a subir a casa y ya por el camino piensas que te apetece mantener relaciones sexuales con él, pero ¿significará lo mismo que para ti o irremediablemente una relación sexual significa penetrar?…

Si escuchamos a Shakira y Maluma cantar “quiere que se lo haga en diferentes partes […] tu muévete encima de mí” puede que comiencen las dudas: ¿Hablarán de hacer una caricia, un mordisco uno encima del otro? o ¿todos pensamos en el mete saca? El cantante repite hasta la saciedad la misma idea en otras canciones con frases como esta: “Y si con otro pasas el rato vamos a ser felices los cuatro, yo te acepto el trato. Y lo hacemos todo el rato”. Socialmente, al igual que relacionamos la primera vez o perder la virginidad con el coito,  también lo relacionamos con la expresión hacerlo para referirnos a mantener relaciones sexuales. La cuestión es si todos entendemos que se trata de la penetración vaginal o si incluye alguna práctica más. Con canciones como “Amantes de una noche” de Natti Natasha y Bad Bunny parece que el imaginario colectivo va más asociado a la penetración. Queda claro en estrofas como esta: “A tu novio dile que yo se me tus poses favoritas y que él no vive así. No entiendo por qué solos somos panas si nos sobran las ganas de hacer más de ocho poses en la cama”

Y, ¿qué sucedería si la amante de una noche o la pareja de larga duración tuviera candidiasis vaginal, no quisiera mantener relaciones con la regla o simplemente no le apeteciese practicar el coito? o, ¿qué ocurriría si es él quien no lo desease?… Para algunas parejas esto podría ser un problema, puesto que muchas no conciben el sexo sin penetración. Por lo tanto, si esta práctica no puede realizarse, se acabaron las relaciones sexuales. En este punto sería interesante preguntarnos si la abstinencia nos compensa o, si por el contrario, merece la pena probar con otras prácticas, excitarnos y disfrutar (con o sin nuestros genitales).

Pero, ¿por qué esta obsesión por “meterla”?

 En primer lugar, tenemos que situarnos en un contexto (Occidente) y en una cultura (cristiana) según la cual, la sexualidad únicamente cumple la función reproductiva. Por lo tanto el coito es única práctica sexual matrimonial destinada a este fin. No podemos obviar que nuestra sociedad está fuertemente ligada al catolicismo y que un gran número de personas siguen su doctrina. Así pues, serán muchas las que pongan esto en práctica; aunque la sexualidad, además de tener una dimensión reproductiva, también la tiene recreativa (placentera) y comunicativa (relacional).

En segundo lugar, la penetración vaginal es la gran protagonista de los encuentros heterosexuales porque convivimos con un modelo finalista de sexualidad basado en el coito como práctica primordial, los genitales como órganos principales de placer y el orgasmo como placer por excelencia. Pero imagina que tus relaciones sexuales son un menú repleto de posibilidades, ¿Por qué conformarse con tres platos cuando hay a tu disposición toda una variedad de exquisiteces? El coito es sólo una de las muchas prácticas que podemos poner en marcha. Emplear más verbos además de penetrar es enriquecedor: morder, besar, acariciar, azotar, arañar, masturbar, lamer, tocar, rozar, estimular… Y lo mismo sucede con las zonas erógenas. Aunque normalmente pongamos el punto de mira en el pene o la vulva, tenemos todo un cuerpo a nuestra disposición dotado de terminaciones nerviosas que permiten que sintamos a través de cada palmo de la piel. Puede que el placer que busquemos sea un orgasmo; pero también resulta interesante plantearse que existen otros tipos de goces igual de satisfactorios. Si tenemos esto en cuenta y mantenemos una relación que ha finalizado sin orgasmo, puede que dejemos de martirizarnos y comencemos a disfrutar del resto de sensaciones vividas.

Y, en tercer lugar, el coitocentrismo también se ve alimentado por la cultura del aquí te pillo aquí te mato, así como por la ausencia de una educación de caricias. Encendemos la televisión y comienza la escena: ella abre la puerta al chico y él le coge en brazos y seguidamente le coloca sentada encima de la lavadora. Le sube la falda, le baja las bragas y, después de desabrocharse el pantalón, le introduce su pene. No hay caricias, miradas ni palabras, sólo coito.  Estamos siendo bombardeados por escenas de sexo donde se producen penetraciones sin previa estimulación, sin apenas excitación ni tiempo para las caricias. Nuestros cuerpos necesitan prepararse. Es obvio que los penes han de estar erectos; pero es fundamental que las vaginas estén lubricadas y dilatadas para que la penetración no sea dolorosa. Y esto se consigue a través de la excitación, que requiere un tiempo de caricias y acciones estimulantes.

Entonces, ¿Qué hay más allá de la penetración?

Muchas personas confunden mantener relaciones sexuales con practicar el coito. Pero algunas, en su mayoría mujeres, llevan tiempo apostando por una erótica diversa, más allá del coitocentrismo. De hecho, existe todo un movimiento de lucha surgido en el feminismo de los cincuenta. Además de reivindicar derechos sexuales y reproductivos, las mujeres demandaban su propio placer sexual. Es entonces cuando se cuestiona la penetración como práctica obsoleta para el disfrute femenino. Un claro ejemplo es “El Informe Hite: Estudio de la Sexualidad Femenina”, donde su autora, Shere Hite afirmaba que casi el 70% de las mujeres alcanzaban el orgasmo sin dificultad a través de la estimulación del clítoris y la masturbación; mientras que les era imposible hacerlo con el coito.

Actualmente existen prácticas sexuales que dejan a la penetración en un segundo plano. Un claro ejemplo es el King Out que, como su nombre indica, deja fuera al que muchas veces consideramos el rey de las relaciones: el pene. Y, por lo tanto, si no hay pene, no hay penetración. O el petting, que incluye todo tipo de prácticas, como la masturbación, las caricias o los besos; a excepción de la penetración.

Está claro que existen relaciones más allá del coito. Cuantas más opciones nos planteemos, mayores posibilidades de placer tendremos. Tampoco vamos a demonizar esta práctica, pero estaría bien que comenzara a ser una opción y no una obligación entre parejas heterosexuales.

 

 

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