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SANTA ÁGUEDA Y LA CENSURA DE LOS PECHOS

DE LA HIPERSEXUALIZACIÓN A LA CONDENA DE LOS PECHOS FEMENINOS

Santa Águeda y la Censura de los pechos_Sexo Positivo

Santa Águeda y la Censura de los pechos_Sexo Positivo

Llevo un tiempo planteándome diferentes cuestiones relacionadas con los pechos femeninos (cis). Cuando algo te acompaña en los pensamientos insistentemente produce que, de manera sorprendente, atraigas acciones relacionadas con ello. Y esto es justo lo que me está sucediendo.

 

CUESTIONES DE PECHOS FEMENINOS

No hace mucho me topé con un video que mostraba un despliegue  policial en la playa de Necochea (Argentina) porque tres mujeres fueron denunciadas por hacer toples. La denuncia sostenía que se trataba de un acto de exhibicionismo que ofendía la decencia pública y que, en caso de repetirse, la ley les obligaría a detenerlas.

Entre otras cuestiones de pechos, el mes pasado una actriz me comentaba que en los últimos castings que había realizado le recomendaban operarse el pecho. Según su criterio, las mujeres de pechos grandes tenían más éxito, independientemente de sus dotes como actriz.

Inmersa en mis pensamientos “PPA” (pecho-pezón-areola) comienzan a intrigarme las mujeres mastectomizadas e indago sobre si existen recursos donde puedan sentirse identificadas y reflejadas, como videos, películas, novelas, escenas eróticas… La verdad es que las referencias son realmente escasas. Así que me ví obligada a rescatar algunas, así como a escribir un relato erótico al respecto.Podéis leerlo aquí.

Pocos días después, un periódico español relataba la historia de una mujer a la que le pidieron que se cubriese el pecho en el momento que amamantaba a su hijo en un restaurante. La respuesta de ésta fue cubrirse la cabeza mientras un familiar capturaba el momento con su móvil. Como no podía ser de otra manera, la publicación se viralizó en pocas horas.

Y, de pronto, casi sin quererlo, un buen día me topo con la talla de una mujer que sostiene sus pechos amputados sobre una bandeja. La imagen me dejó perpleja. Se trataba de Santa Águeda, expuesta de manera privada en la sacristía de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en Rueda (Valladolid).

Fotografía por Pablo García Sanz - Santa Águeda y la Censura de los pechos.

Fotografía por Pablo García Sanz – Santa Águeda y la Censura de los pechos.

Y pensaréis, ¿qué tiene que ver Santa Águeda con los pechos femeninos y su actual persecución?… Pues mucho. A pesar de que hayamos evolucionado en cuanto a derechos humanos, lo cierto es que lo hemos hecho muy poco en lo que se refiere a la sexualidad femenina.

 

LOS PECHOS Y SANTA ÁGUEDA

Santa Águeda es una virgen que entregó su virginidad a Jesucristo y fue condenada por ello a través de diferentes castigos como la amputación de los pechos.

En el siglo III, durante la persecución al cristianismo, el procónsul siciliano Quintianus se enamoró de una joven llamada Águeda. Para cuando quiso declararse, había entregado su virginidad a Jesucristo. Quintianus no comprendía que el “no es no” y continuó insistiendo hasta que decidió vengarse por no ser correspondido. La manera en que comenzó a hacerlo fue intentando quitarle aquello que guardaba para otro: su virginidad. De esta manera le envío a trabajar a un prostíbulo. Cuenta la leyenda que milagrosamente Águeda pudo mantener su virginidad, por lo que, tras un tiempo sin alcanzar su venganza, el procónsul le condena a la amputación de sus pechos hasta que la joven muere desangrada.

Actualmente, el 5 de febrero se ha convertido en el Día de Santa Águeda; fecha en la que principalmente tienen protagonismo las mujeres (o eso cuentan). En nuestro país se realizan diversas celebraciones. Así por ejemplo, en diferentes localidades de Castilla y León, se les cede el bastón de mando del ayuntamiento a las mujeres. Además, existen numerosas referencias a la Santa cuando se recurre a peticiones de salud, como cáncer de pecho o partos complicados. En este sentido, se dice que es la patrona de las enfermeras.

 

LOS PECHOS FEMENINOS A DEBATE

Santa Águeda y la Censura de los pechos_SexoPositivo

Santa Águeda y la Censura de los pechos_SexoPositivo

Tal y como le sucedió a la Santa, los pechos femeninos (cis) siguen siendo motivo de castigo, censura y sexismo. Esta parte del cuerpo que nos alimenta y da vida ha sido utilizada como instrumento del patriarcado desde la hipersexualización hasta la condena.

Por una parte se nos bombardea con imágenes de escotes y pechos, a partir de una talla 90, con la excusa de vendernos un ideal de belleza, una camiseta o las 5 claves para seducir a un hombre. Mientras que, por otra parte, se desaprueba todo lo que tenga que ver con los pechos de las mujeres (cis); ya sea la lactancia materna, hacer toples en la playa o la censura de los pezones en redes sociales como Instagram o Facebook.

Si existe alguien que se ofende al ver la teta de una mujer es porque aprendió que es una zona indecorosa, sexualizada, pecaminosa e, incluso, que es algo que pertenece al ámbito privado. Pero, ¿en qué momento se decidió que una teta femenina ofende y una masculina no?… La cuestión es que determinar que una misma parte del cuerpo es censurable en función del sexo resulta totalmente opresor. ¿Os imagináis que los hombres tuvieran que llevar cubierto su cuello por resultar ser una zona indecorosa?… Y, hablando de ésta zona que para muchas personas resulta erógena, no puedo olvidar el argumento que afirma que los pechos femeninos han de cubrirse por esta misma razón. Lo cual cae por su propio “pecho” – digo peso – porque como ya hemos comprobado, existen otras zonas erógenas no censurables y, además, para muchos hombres, los pechos también resultan ser una de sus zonas más erógenas.

 

Santa Águeda y la Censura de los pechos.

Parece ser que no sólo se trata de poner en debate una parte del cuerpo, sino que más bien se trata de  poner en debate a uno de los sexos: las mujeres. Tengo la sensación de que, al igual que el resto del cuerpo femenino, la sexualidad y los espacios de poder; los pechos de las mujeres no siempre nos pertenecer a nosotras; sino que muchas veces son instrumentos de mando (generalmente masculino).

 

Y tú, ¿eres completamente dueña de tus pechos?, ¿los aceptas?, ¿los mimas?, ¿los respetas?… Y vosotros, ¿respetáis los pechos femeninos?…

 

 

Lara Herrero Barba

Relato erótico sobre una mujer mastectomizada

¿Existen recursos, como relatos eróticos, que muestren a mujeres mastectomizadas?

Mujeres mastectomizadas

Mujeres mastectomizadas

Llevo unos días preguntándome cómo de aceptadas se sentirán las mujeres mastectomizadas en nuestra sociedad. Y si se existen medios donde puedan sentirse reflejadas, como personajes públicos, series, películas, obras literarias… Porque el hecho de sentirnos identificados con alguien puede ayudarnos a aceptarnos a nosotros mismos. También me he preguntado si sexualmente tendrán modelos de referencia y espacios donde sentirse incluidas.

Algunos de vosotros me habéis acercado a materiales que me gustaría compartir en este momento:

 

Aunque las referencias sean escasa y, en muchos casos, sea difícil encontrar algo aceptable; la cosa se va complicando más si nos ceñimos a la sexualidad. Es por esto que he creído conveniente crear un relato erótico cuya protagonista sea una mujer mastectomizada. Acepto críticas, matices y propuestas de mejora con el fin de que difundamos una realidad lo más verídica posible.

 

 

EL REGALO DE PAOLA

El Regalo de Paola

El Regalo de Paola

Ahí estaba yo, otra vez frente al espejo, incapaz de aguantar más de diez segundos observando mi propia imagen. O lo que quedaba de ella.

– Lucía, ¡no puedes salir con esa blusa!. Me dije en voz alta.

Eran poco más de las nueve. En veinte minutos había quedado con mi mejor amiga, Paola, para celebrar mi cumpleaños; pero no encontraba nada que ponerme. Por lo menos había una temperatura de treinta grados y todas mis camisetas de verano eran ajustadas o con un escote pronunciado.

Antes de la operación no le daba demasiada importancia a mi imagen, pero ahora era diferente. Llevara lo que llevara me sentía incómoda. Paola me decía que cuando me ponía la prótesis nadie podría darse cuenta de que ya sólo tenía un pecho. El caso es que yo no podía verme bien ni sentirme segura. No sé si era por lo que la gente pudiera pensar o porque jamás volvería a ser como antes.

No tenía fuerzas para seguir luchando conmigo misma, así que llamé a mi amiga y le propuse vernos otro día. Al principio se molestó un poco e insistió en que saliera a despejarme un rato, pero finalmente lo dejó estar.

Me enfundé un camisón, preparé una taza de té helado de hierbabuena y jengibre y abrí “La chica miedosa que fingía ser valiente muy mal” por el último capítulo que me quedaba por leer. No me dio tiempo a terminar el primer párrafo cuando sonó el timbre. Era Paola. No se había dado por vencida.

– ¿De verdad pensabas que te librarías de mí el día de tu cumpleaños? Venga, trae dos copas y un sacacorchos. He comprado un vino ecológico en la tienda de abajo. Tenemos que brindar.

Manché mis labios con el brebaje tinto y le di las gracias.

-¿Gracias por qué? ¡Si aún no has abierto mi regalo!. Y sacó un paquete exquisitamente envuelto.

Lo abrí lentamente para conservar intacto el papel, una costumbre que mantenía desde niña. Por el paquete se entreveía una tela roja, con rosas bordadas en negro y transparencias.

– Puedes descambiarlo si no te va bien o no te gusta el color. Dijo.

– ¡No, no podía ser!, ¡Paola no podía regalarme un sujetador (con culote y liguero a juego), ella no… ¿Qué broma de mal gusto era esa?…

Me dije por dentro.

Le dije que estaba cansada y necesitaba dormir, le di las gracias y nos despedimos.

Sonó el despertador sobre las diez de la mañana siguiente. Me levanté, entré en el salón y puse “I put a Spell On You” de Nina Simone. Las copas de vino permanecían en la mesa, justo al lado de aquel intento de regalo que jamás podría ponerme. Busqué el ticket y salí para descambiarlo, seguramente por un pijama.

El escaparate de la tienda llamó mi atención. En él había un cartel en forma de bocadillo que decía: “Lencería para todo tipo de mujeres, tallas y cuerpos. Lencería mastectomía”. Desde que me diagnosticaron no había pisado por una tienda de ropa interior. Preferí optar por recortar todos mis sujetadores antiguos para coser un bolsillo en la copa derecha, donde poder introducir la prótesis.

Por un instante quise darme la vuelta, pero mientras observaba el escaparate, una mujer se asomó y me invitó a entrar. Sonaba el último disco de Leonard Cohen y olía a incienso de almizcle.

– Vengo a descambiar un regalo. Le dije, y saqué el conjunto rojo bordado.

La dependienta me miró y sonrió. En su camisa había un cartelito que ponía “Sofía”. Llevaba una coleta alta y larga. Tenía la tez pálida, que conjugaba perfectamente con el tono de sus ojos almendrados.

– No puedo creerme que no lo quieras. Tiene que quedarte genial. Pruébatelo y te echo una mano con la talla.

Cuando quise contestar ya estaba abriendo las cortinas del probador. Su voz era tan dulce que no pude decir nada. Y, una vez más, allí estaba yo frente al espejo, en ropa interior, casi sin poder mirarme.

– ¿Estás lista?. Me preguntó Sofía, segundos más tarde.

– Sí, bueno… no estoy segura de… Y, sin esperar más respuesta, entró al probador.

Era tan estrecho que nuestros cuerpos impactaron sin previo aviso. Noté que el aroma a almizcle se confundía con el olor de su propia piel.

– Woow, ¡estás increíble, realmente sexy!. Comentó.

Después hubo un silencio y simplemente me observó. Sentí que era sincera a través de sus ojos. Entonces me giré para poder verme desde otro ángulo, pero el espacio era tan pequeño que nuestras cabezas chocaron. La dependienta se echó a reír y acabó contagiándome con sus carcajadas. En ese instante me pareció que tenía una sonrisa preciosa. Sus labios no eran nada del otro mundo, finos y rodeados de pecas alineadas con cierta gracia. Pero en conjunto su boca era perfecta.

Sofía rozó mi espalda con sus manos y, de repente, sentí calor en las mejillas mientras mi pulso se aceleraba.

– Tienes que colocar el cierre en la primera posición para que se ajuste a tu cuerpo. Y desabrochó cuidadosamente el sostén para cambiar el cierre.

Quise que me lo volviera a ajustar para poder sentir el roce de sus dedos sobre mi piel una vez más. Mi deseo estaba empezando a despertar tras hibernar desde la operación. Y aquel simple roce me pareció el éxtasis.

– Gírate, verás qué bien te sienta. Dijo mientras sonreía.

Entonces nuestras cabezas volvieron a chochar y nuestros labios se rozaron. El corazón seguía bombeando como pidiendo salir. No estoy segura si fue por la vergüenza que me producía esa situación o porque aquella escena me resultaba realmente erótica. Por un momento olvidé que sólo tenía un pecho y volví a sentirme atractiva. Sin pensarlo, le besé. Sofía se separó, me miró a los ojos y volvió a juntarse con mis labios para después bajar hasta el cuello…

– ¡Cómo podía estar tan húmeda por un beso! Pensé.

Deseé sentir su piel junto a la mía, sin milímetros de vacío de por medio. Y, mientras dibujaba su cuerpo desnudo con mi mente, sentí de nuevo sus manos, quitándome el conjunto con rosas bordadas muy despacio. Su pequeña boca comenzó a viajar por los rincones que el sujetador escondía hasta aterrizar en el esternón.

– Eres preciosa. Dijo mientras su mirada apuntaba a mi ombligo y sus manos bajaban por mi cintura.

Yo también quería palpar su piel desnuda, así que le dije que se sentara en el taburete de madera del probador y le quité el vestido azul turquesa. No llevaba sostén, así que lo primero que probé fueron sus pezones con bonitas areolas asimétricas. Después bajé hasta su vientre y lo froté con mi cara, como una gata en celo; para terminar deshaciéndome de sus bragas, también rojas, con flores bordadas.

Su respiración se confundía con la música de fondo y parecía una nota más de la melodía. Hice que se levantara para darle la vuelta y estrujar sus nalgas. Y mientras lo hacía comencé a masturbar su vulva. Podía observar cómo se retorcía de placer desde el espejo. Me bastaba con ver y oír cómo se manifestaba el placer que yo le estaba proporcionando.

Entonces ella cogió mi mano e introdujo en su jugosa boca mis dedos índice y corazón. Después volvió a colocarla sobre su clítoris, al mismo tiempo que mordía su labio inferior. El goce emanaba de entre sus piernas, pero se extendía por todo su cuerpo hasta mi mano, que intentaba abarcar toda su vulva con movimientos circulares.  Hundí mi cabeza para morder suavemente el interior de su muslo izquierdo, sin dejar de masturbarle; hasta que noté que su placer estaba en el momento más álgido. Fue en ése instante cuando emitió un gemido leve, como quien no puede hacer ruido en un lugar de silencio obligado.

Después ella tomó el mando e hizo que esta vez me sentara yo. Se agachó, colocó mis piernas sobre sus hombros y fundió su lengua en mi vagina hasta que me corrí. Aquello fue como un sueño. Un paréntesis entre la realidad y lo fantástico.

Llamé a mi amiga Paola, le propuse salir a tomar algo prometiéndole que hoy estrenaría, por segunda vez en aquel día, el conjunto que me había regalado. Desde entonces pude volver a mirarme en un espejo y, cada vez que lo hacía, repasaba lo que sucedió frente a uno, en un pequeño probador con una mujer de labios finos y olor a almizcle.

 

 

 

 

LITERATURA ERÓTICA

Fugace Piacere Thais Duthie _ Literatura erótica lésbica BDSM

HABLANDO CON THAIS DUTHIE SOBRE SU PRIMER LIBRO:  “FUGACE PIACERE Y OTRAS HISTORIAS”

Una periodista se adentra, sin quererlo, en el mundo del BDSM. Allí descubre sensaciones, prácticas y placeres que le conducen, al igual que a muchos lectores, hacia nuevos rincones donde apetece quedarse. Así comienza “Fugace Piacere”, el libro de literatura erótica de Thais Duthie.

Se trata de algo más que un libro de literatura erótica. Es un viaje hedonista que aúna el BDSM y las relaciones lésbicas. Dos particularidades difíciles de encontrar, retratadas con buen gusto, entre las historias de libros. La autora nos recomienda LES Editorial. “Una editorial que publica libros por y para mujeres LGBT. Contacté con ellas porque me enamoró su filosofía y ahora les ayudo con la organización de eventos, me hace muy feliz poder formar parte de su proyecto. Todas sus obras están cuidadosamente seleccionadas y son historias de calidad que representan muy bien al colectivo lésbico. Mi recomendación: Cosas del destino de Cris Ginsey y Anna Pólux, una obra que me conquistó la primera página, muy humana y repleta de sentimientos con los que me sentí muy identificada”. Tú también puedes dejar un comentario con el título de la obra que no nos podemos perder.

No es fácil encontrar escenas naturales y reales de relaciones sexuales entre dos mujeres. Pero esto no sólo sucede en la literatura. Muchas veces la pornografía mainstream muestra encuentros lésbicos irreales, filmados con el objetivo de satisfacer los deseos de hombres heterosexuales. Preguntamos a Thais Duthie si cree que en la literatura erótica sucede lo mismo.

“Sí, estoy acostumbrada a encontrarme escenas con posturas imposibles, mucha tijera y demasiados orgasmos fingidos. Creo que en la erótica no ocurre tanto, o no de la misma manera. Quienes escribimos erótica lésbica tenemos o hemos tenido experiencias con otras mujeres y eso nos ayuda a reflejarlo con verosimilitud. Es mucho más sencillo detectar irrealidad en literatura que en pornografía o cine”.

Pero volvamos a adentrarnos en la obra. La autora propicia el clima idóneo para que te sumerjas en la historia pidiendo a gritos la acción erótica. Aunque esto es casi inevitable puesto que no sólo estimula tu imaginación, sino también los sentidos gracias al aroma afrodisiaco de sus hojas (impregnadas de incienso) y a la lista de reproducción de Spotify que acompaña perfectamente la lectura. Y es que el ambiente es muy importante en cualquier encuentro sexual: la iluminación, los aromas, la ropa, la temperatura, los sonidos o la música… Así como los complementos que (opcionalmente) se utilicen. Dos ejemplos interesantes son los propuestos en “Fugace Piacere”: un lazo de tacto agradable para eliminar uno de los sentidos (la vista) y así potenciar el resto; y un cubito de hielo para estimular las sensaciones corporales.

Cuando te encuentras frente a una obra literaria que aborda el BDSM por primera vez, es probable caer en ciertas ideas preconcebidas en torno a ésta forma de vivir la erótica. Sin embargo, desde las primeras líneas “Fugace Piacere” te sorprende mostrándote el BDSM con mucha elegancia, naturalidad e, incluso cierta delicadeza que, en mi caso, no hace más que aumentar la curiosidad.

En torno al BDMS hay un halo de misterio y desconocimiento que mayoritariamente conduce a ciertos mitos, tabúes y prejuicios. Últimamente se están lanzando numerosas publicaciones para el gran público en torno a estas prácticas.

¿Crees que, de alguna manera, están contribuyendo a naturalizar el BDSM? O, por el contrario ¿piensas que no han arrojado demasiada luz al ideario social porque puedan estar influenciadas por ése desconocimiento?

“Por un lado, creo sí que arrojan luz hacia el BDSM y le dan algo más de visibilidad, pero si estas publicaciones no representan el BDSM de un modo veraz entonces no sirve para nada, porque muestran una imagen que no se corresponde con la realidad. Lo más importante es que el lector sea inteligente y esté informado para separar lo que puede pasar y lo que no debe pasar bajo ningún concepto. Si logramos que quien lee la historia participe tomando esta decisión, no hay peligro”.

¿Qué aspectos concretos debería conocer la población sobre el BDSM para incluirlo entre una de las muchas opciones que ofrece la erótica sin prejuicios?

“El aspecto más concreto y fundamental es el lema: sensato, seguro y consensuado. Relacionado con ello, lo más importante en el BDSM, a mi modo de ver, es la confianza y la comunicación, que no es siempre verbal. Es básico conocer a la otra persona y saber interpretar hasta la más mínima de sus señales”.

Fugace Piacere” es una obra muy recomendable, no sólo para el público lésbico o para quienes practiquen BDSM, sino para todo aquel que quiera erotizar su mente a través de un lenguaje cómodo y una historia de descubrimientos. Como puntos a destacar son un extra las alusiones a Frida Kahlo, los relatos inéditos y las ilustraciones que acompañan la historia principal. No sé si las ganas de más podrían considerarse como algo negativo porque, tal y como dice este extracto del libro, la historia te deja huella durante un tiempo, entre fantasía y fantasía: “Escondió el rostro en mi cuello, haciéndome succiones en mi piel que probablemente me dejarían marca durante unos días”.

Y SI NO HAY PENETRACIÓN, ¿QUÉ HACEMOS?

Young man caught in bed with his affair

¿Te imaginas que tu cocina es un buffet libre y que todos los días decidas comer el mismo plato?… En muchas relaciones sexuales heterosexuales sucede algo parecido. Y es que aunque la variedad de prácticas sea muy amplia, aún seguimos considerando que si no hay coito, no es un encuentro completo. Pero lo cierto es que cada vez son más las mujeres que demandan otro tipo de relaciones sexuales más allá de la penetración.

Desde el inicio en la sexualidad con otros, introducir el pene en la vagina es considerado esencial para culminar un encuentro. “Cuando la población joven habla de la primera vez o de perder la virginidad aún sigue refiriéndose a la penetración vaginal”. Nos comenta Marga Varela, sexóloga en la asociación Vallisoletana Dialogasex.  Además, afirma que las consultas que reciben de menores suelen relacionarse con ésta práctica. “Por ejemplo, nos preguntan cuál es la edad recomendada para realizar la primera penetración; cuánto debe durar un coito o qué hacer si el preservativo se queda dentro de la vagina”.

Tal y como dice Mireia Darder en “Nacidas para el placer”, si a esto le añadimos la falta de una educación sexual adecuada y profesional, muchas veces no harán más que perpetuar ese modelo basado en el coitocentrismo a lo largo de sus vidas. Aunque esto suele suceder más en un sexo que en otro. “A las chicas no se les enseña nada o casi nada sobre la forma de conseguir su placer. La mayoría de ellas se lanza a tener una relación sexual sin información, sin conocerse y, a menudo, más por complacer al chico y así no perderlo que conectadas auténticamente con su propio deseo. De este modo, tras su primera experiencia sexual, algunas chicas acaban sufriendo una enorme decepción, una vivencia que las marca negativamente y que puede llegar a ser difícil de subsanar o que solo se acaba relativizando con el paso de los años”.

¿Todos hablamos el mismo lenguaje?

Una noche después de haber ligado con un tipo le invitas a subir a casa y ya por el camino piensas que te apetece mantener relaciones sexuales con él, pero ¿significará lo mismo que para ti o irremediablemente una relación sexual significa penetrar?…

Si escuchamos a Shakira y Maluma cantar “quiere que se lo haga en diferentes partes […] tu muévete encima de mí” puede que comiencen las dudas: ¿Hablarán de hacer una caricia, un mordisco uno encima del otro? o ¿todos pensamos en el mete saca? El cantante repite hasta la saciedad la misma idea en otras canciones con frases como esta: “Y si con otro pasas el rato vamos a ser felices los cuatro, yo te acepto el trato. Y lo hacemos todo el rato”. Socialmente, al igual que relacionamos la primera vez o perder la virginidad con el coito,  también lo relacionamos con la expresión hacerlo para referirnos a mantener relaciones sexuales. La cuestión es si todos entendemos que se trata de la penetración vaginal o si incluye alguna práctica más. Con canciones como “Amantes de una noche” de Natti Natasha y Bad Bunny parece que el imaginario colectivo va más asociado a la penetración. Queda claro en estrofas como esta: “A tu novio dile que yo se me tus poses favoritas y que él no vive así. No entiendo por qué solos somos panas si nos sobran las ganas de hacer más de ocho poses en la cama”

Y, ¿qué sucedería si la amante de una noche o la pareja de larga duración tuviera candidiasis vaginal, no quisiera mantener relaciones con la regla o simplemente no le apeteciese practicar el coito? o, ¿qué ocurriría si es él quien no lo desease?… Para algunas parejas esto podría ser un problema, puesto que muchas no conciben el sexo sin penetración. Por lo tanto, si esta práctica no puede realizarse, se acabaron las relaciones sexuales. En este punto sería interesante preguntarnos si la abstinencia nos compensa o, si por el contrario, merece la pena probar con otras prácticas, excitarnos y disfrutar (con o sin nuestros genitales).

Pero, ¿por qué esta obsesión por “meterla”?

 En primer lugar, tenemos que situarnos en un contexto (Occidente) y en una cultura (cristiana) según la cual, la sexualidad únicamente cumple la función reproductiva. Por lo tanto el coito es única práctica sexual matrimonial destinada a este fin. No podemos obviar que nuestra sociedad está fuertemente ligada al catolicismo y que un gran número de personas siguen su doctrina. Así pues, serán muchas las que pongan esto en práctica; aunque la sexualidad, además de tener una dimensión reproductiva, también la tiene recreativa (placentera) y comunicativa (relacional).

En segundo lugar, la penetración vaginal es la gran protagonista de los encuentros heterosexuales porque convivimos con un modelo finalista de sexualidad basado en el coito como práctica primordial, los genitales como órganos principales de placer y el orgasmo como placer por excelencia. Pero imagina que tus relaciones sexuales son un menú repleto de posibilidades, ¿Por qué conformarse con tres platos cuando hay a tu disposición toda una variedad de exquisiteces? El coito es sólo una de las muchas prácticas que podemos poner en marcha. Emplear más verbos además de penetrar es enriquecedor: morder, besar, acariciar, azotar, arañar, masturbar, lamer, tocar, rozar, estimular… Y lo mismo sucede con las zonas erógenas. Aunque normalmente pongamos el punto de mira en el pene o la vulva, tenemos todo un cuerpo a nuestra disposición dotado de terminaciones nerviosas que permiten que sintamos a través de cada palmo de la piel. Puede que el placer que busquemos sea un orgasmo; pero también resulta interesante plantearse que existen otros tipos de goces igual de satisfactorios. Si tenemos esto en cuenta y mantenemos una relación que ha finalizado sin orgasmo, puede que dejemos de martirizarnos y comencemos a disfrutar del resto de sensaciones vividas.

Y, en tercer lugar, el coitocentrismo también se ve alimentado por la cultura del aquí te pillo aquí te mato, así como por la ausencia de una educación de caricias. Encendemos la televisión y comienza la escena: ella abre la puerta al chico y él le coge en brazos y seguidamente le coloca sentada encima de la lavadora. Le sube la falda, le baja las bragas y, después de desabrocharse el pantalón, le introduce su pene. No hay caricias, miradas ni palabras, sólo coito.  Estamos siendo bombardeados por escenas de sexo donde se producen penetraciones sin previa estimulación, sin apenas excitación ni tiempo para las caricias. Nuestros cuerpos necesitan prepararse. Es obvio que los penes han de estar erectos; pero es fundamental que las vaginas estén lubricadas y dilatadas para que la penetración no sea dolorosa. Y esto se consigue a través de la excitación, que requiere un tiempo de caricias y acciones estimulantes.

Entonces, ¿Qué hay más allá de la penetración?

Muchas personas confunden mantener relaciones sexuales con practicar el coito. Pero algunas, en su mayoría mujeres, llevan tiempo apostando por una erótica diversa, más allá del coitocentrismo. De hecho, existe todo un movimiento de lucha surgido en el feminismo de los cincuenta. Además de reivindicar derechos sexuales y reproductivos, las mujeres demandaban su propio placer sexual. Es entonces cuando se cuestiona la penetración como práctica obsoleta para el disfrute femenino. Un claro ejemplo es “El Informe Hite: Estudio de la Sexualidad Femenina”, donde su autora, Shere Hite afirmaba que casi el 70% de las mujeres alcanzaban el orgasmo sin dificultad a través de la estimulación del clítoris y la masturbación; mientras que les era imposible hacerlo con el coito.

Actualmente existen prácticas sexuales que dejan a la penetración en un segundo plano. Un claro ejemplo es el King Out que, como su nombre indica, deja fuera al que muchas veces consideramos el rey de las relaciones: el pene. Y, por lo tanto, si no hay pene, no hay penetración. O el petting, que incluye todo tipo de prácticas, como la masturbación, las caricias o los besos; a excepción de la penetración.

Está claro que existen relaciones más allá del coito. Cuantas más opciones nos planteemos, mayores posibilidades de placer tendremos. Tampoco vamos a demonizar esta práctica, pero estaría bien que comenzara a ser una opción y no una obligación entre parejas heterosexuales.

 

 

DESCUBRIENDO DIALOGASEX: Una asociación por una sexología para todxs

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Muchas personas me escribís para preguntarme asuntos personales o me aconsejáis que escriba algo más íntimo en el Blog. Pues bien, hoy voy a haceros un poquito de caso y os voy a acercar a una de las realidades que más me apasionan: Formar parte del equipo de la Asociación Dialogasex de Valladolid.

En 2015 me reuní con Yeni Martín y Jose Luís Casado (socia y socio fundadores de la asociación) para conocer su trabajo en el campo de la sexología. Desde ése momento las puertas se me abrieron para colaborar con ellxs. No me lo pensé dos veces. Su línea de trabajo casaba con mi visión para con la sexología: La formación en educación sexual (tanto en la educación formal como no formal a diferentes colectivos, instituciones y organizaciones); la difusión y formación en cuestiones de género e igualdad; la promoción de los derechos sexuales y reproductivos; la investigación e incidencia política o el cuidado del cuerpo y bienestar psicológico, entre otros fines.

Mi primera toma de contacto fue muy gratificante. Se trataba del proyecto “La vida sexual y afectiva en la madurez y vejez”. Una serie de talleres por diferentes pueblos de la provincia de Valladolid con el objetivo de favorecer la aceptación positiva de la sexualidad para vivir las diferentes posibilidades que ésta ofrece en la madurez y en la vejez. Una actividad con la que seguimos disfrutando actualmente, donde se comparten conocimientos e historias de vida realmente interesantes de un colectivo (personas mayores) que aún tiene mucho por disfrutar.

Este es uno de los muchos trabajos que realizamos en la asociación para acercar la educación sexual a todos y todas. Además, hemos llevado a cabo otros proyectos como: el programa de educación sexual en el IES Río Duero (Tudela de Duero, Valladolid); el taller ocupacional “Sexualidad y Diversidad Funcional”; el programa “I Love Me: Me quiero, me cuido, me relaciono positivamente”; el programa “Educando Sexualidades” para alumnos y alumnas de 6º de primaria y de transición a la vida adulta; cursos de formación a la diversidad sexual y familiar en el aula; el taller “La transexualidad infantil y juvenil en el ámbito educativo”; los talleres para madres y padres “Aprendiendo a dialogar con nuestras hijas e hijos”; o charlas como “Charla “Sexualidad: erótica femenina y autoconocimiento”.

Otro de los motivos por los que me encanta formar parte de Dialogasex es por su lucha para un asesoramiento sexológico accesible. Es por esto que, durante el verano de 2016, la asociación inaugura la Asesoría sexológica gratuita en Valladolid. Se trata de un recurso para tratar las demandas y consultas en torno a la sexualidad de las personas de entre 16 y 30 años; tales como los conflictos de pareja, la anticoncepción y contracepción, las disfunciones sexuales… Todo ello en un clima de confianza, sinceridad y anonimato, a través de una visita presencial, del correo electrónico, una llamada telefónica o vía WhatsApp.

Tampoco quiero olvidarme de otras actividades que se llevan a cabo como Las Jornadas de Educación Sexual; cuya finalidad es que los y las profesionales de la educación y la sexología, reflexionemos juntxs sobre cómo debería ser un modelo integrador de educación sexual que considere al sexo como una construcción y un valor en sí mismo. O el concurso de Relatos Eróticos para  promover la creatividad y el ejercicio de una vida sexual satisfactoria.

Ahora ya sabéis un poquito más sobre mí y sobre Dialogasex. Pero si os habéis quedado con ganas de más, os invito a mirar más de cerca nuestra Asociación en: http://dialogasex.es/ o a visitarnos en pleno centro de Valladolid. Estamos dispuestxs a compartir aprendizajes y experiencias en pro de una sexualidad en positivo.

Lara Herrero Barba

 

EL PLACER ES SUBJETIVO: EL PROTOTIPO DE RELACIÓN SEXUAL PERFECTA NO EXISTE

 

¿Qué ha de tener un encuentro erótico para que nos resulte satisfactorio?… Lo primero que hemos de tener en cuenta es que el placer y la satisfacción son subjetivos y dependen de cada persona, así como de otros factores secundarios como el contexto, las experiencias previas, el ideal de goce que tengamos o el autoconocimiento. También depende de si el placer se experimenta a solas o en pareja.

Lo que está claro es que para que una relación sexual resulte grata tenemos que gozar de la libertad suficiente que nos permita decidir entre lo que queremos llevar a cabo y lo que no, a partir de nuestros propios deseos y valores.  Para saber cuáles son nuestras preferencias el primer paso es conocerse: descubrir el propio cuerpo, cómo estimularlo y cómo responde ante ese estímulo… Pero no basta con conocerse, también es fundamental que nos aceptemos tal y como somos, como sujetos sexuados; es decir, que aceptemos nuestra imagen, nuestra identidad y nuestra orientación sexual.

Otro punto importante para disfrutar plenamente es el conocimiento que tengamos sobre sexualidad. La información que se tenga sobre educación sexual es fundamental para hacer frente a mitos, tabúes y prejuicios que puedan aparecer. Además, también es necesario conocer qué métodos anticonceptivos y de prevención de ITG (infecciones de transmisión genital) existen y cómo se utilizan. Del mismo modo, cuanto más rico sea el conocimiento previo, mayor será el mapa de placer con el que contemos. Esto significa que si se concibe la sexualidad como un mapa, tenemos que saber que el coito es sólo una de las posibilidades que nos ofrece la erótica, así como el orgasmo es sólo uno de los placeres que podemos alcanzar y los genitales una de las infinitas zonas de todo un cuerpo predispuesto para recibir estímulos.

La salud también puede influir en la satisfacción de las relaciones. Y no sólo a nivel físico, también psicológico. Así por ejemplo, la ansiedad, el estrés o la depresión pueden afectar al deseo sexual; o los problemas vasculares pueden producir dificultades en la fase de excitación (de erección o de lubricación).

Muchas veces, cuando se produce un encuentro erótico con alguien se deposita una gran parte de la responsabilidad de éxito en la otra persona. En este sentido, hemos de tomar conciencia de que para disfrutar en las relaciones sexuales es importante responsabilizarse del propio placer. Para ello hemos de hacernos respetar sexualmente, por ejemplo, manteniendo relaciones únicamente cuando nos apetezca, sin coacción y sin acceder exclusivamente por complacer a otra persona o por miedo a herirle en caso de inapetencia. Otra manera de responsabilizarse del propio placer es, como ya hemos dicho, conocerse, saber qué nos gusta y qué no, así como saber comunicarlo en caso de tener pareja.

Las expectativas que se tengan sobre un encuentro también influyen en la satisfacción sexual. Por ejemplo, hay personas con la expectativa de proporcionar un orgasmo a su pareja o personas con la expectativa de que la relación dure un periodo de tiempo concreto. Si las expectativas no se cumplen puede aparecer la frustración y derivar en otros problemas. Si sólo se centra la atención y el esfuerzo en alcanzar la expectativa es muy probable que no se disfrute de todo el camino previo o de lo que surja de manera inesperada. Las expectativas, por tanto, influyen en la satisfacción que tengamos en una relación sexual porque nuestra mente se centra en ellas (consciente o inconscientemente). Por eso, para que una relación sexual sea satisfactoria, además de sentir con el cuerpo es muy importante sentir a través de los pensamientos. Esto significa que la mente tiene que estar en clave erótica, por ejemplo: centrando la atención en las sensaciones experimentadas durante el encuentro, pensando en lo que emocionalmente la relación produce o utilizando fantasías.

No existen indicadores universales que puedan definir la satisfacción en una relación sexual a pesar de que muchos elementos resulten comunes en algunas personas, como: el número de orgasmos, la duración, la comunicación, las sensaciones, la complicidad o la pasión. Cada persona tiene una sexualidad única y, por tanto, la satisfacción dependerá de lo que cada una de ellas considere como placentero.

 

Lara Herrero Barba. Artículo para el Periódico de Castilla y León. Número-Noviembre.

LA IMPORTANCIA DE CONOCERSE: EL ORGASMO FEMENINO

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Aura, de 72 años supo lo que era un orgasmo después de tener a sus cuatro hijas. Afirma que se trata de “sentir un goce, una plenitud del acto matrimonial. Sentir como si estás en el cielo”. No está segura de si un orgasmo es lo mismo que el placer: “A veces mientras ves una película o tienes ciertos pensamientos  también te entra una cosita por el cuerpo. No sé si eso será el orgasmo”.  Por su parte, Beatriz, de 41 años nos cuenta que “un orgasmo es algo que busco y quiero que mi pareja tenga. Es como un fuego artificial. Y es la experiencia de existir y no existir en un sitio concreto. Es como que te expandes y, a la vez, es como un sentir de la sangre respirando”. Para Noelia, de 26 años, el orgasmo es algo casi poético: “es una sensación de liberación absoluta donde experimento durante unos segundos una caída al vacío, como si explosionaran dentro de mi todos mis sentidos y después se apagara todo dejando paz”.

El orgasmo es una de las Fases de la Respuesta Sexual Humana que definieron por primera vez Masters y Johnson en su obra “Human Sexual Response” (1966). Es una sensación subjetiva que no todas las mujeres logran experimentar a lo largo de su vida, ya sea a solas o en pareja.

Hasta hace bien poco la sexualidad femenina estaba en un segundo plano respecto a la del hombre y todo lo relacionado con ella representaba un gran tabú. El hecho no es que muchas mujeres sean incapaces de tener un orgasmo, sino más bien de saber cómo conseguirlo y de no sentirse incómodas por ello. La dificultad para alcanzar el punto más alto de placer también es consecuencia de un modelo de encuentro erótico heterosexual centrado en la penetración vaginal. El orgasmo femenino ha sido y es buscado a través de la vagina. Sigmund Freud es el gran responsable de ello al asegurar que existían dos tipos de orgasmo: vaginal y clitoriano. Gracias a la ciencia hoy sabemos que el orgasmo vaginal es como el Ratoncito Pérez, un cuento.

El único órgano encargado de proporcionar orgasmos a las mujeres es el clítoris. Por tanto, si una mujer busca alcanzar el orgasmo es necesario que se estimule esta zona de la vulva, que es la única de todo el cuerpo humano cuya función exclusiva es la de dar placer. Ya sea mediante la masturbación en solitario, durante el coito o mientras se mantienen relaciones eróticas sin penetración. Sí que es cierto que algunas mujeres pueden lograr un orgasmo mediante la estimulación vaginal a través de la penetración, pero esto es gracias a las terminaciones nerviosas que posee el cuerpo cavernoso del clítoris. Hemos de tener en cuenta que el clítoris no sólo es la parte externa que se hace visible en la zona superior de la vulva que junta los labios menores. En realidad, el clítoris se extiende hacia la zona interna de la cavidad vaginal, pudiendo alcanzar un tamaño de siete a doce centímetros; lo que supone miles de terminaciones nerviosas.

En la práctica, además de saber el papel que juega el clítoris en el orgasmo femenino, es fundamental conocerse: conocer el propio cuerpo, cómo responde ante estímulos, que zonas son más agradables, cuáles más sensibles… El primer paso para disfrutar de una relación sexual es conocerse. Y para ello es mucho más sencillo comenzar con una misma mediante la visualización y la autoexploración. Cuando nos conocemos sabemos perfectamente qué es lo que nos gusta, dónde y cómo nos gusta y, de esta manera, será más fácil comunicárselo a otras personas en el caso de querer mantener relaciones sexuales con alguien.

Si acompañamos el autoconocimiento con una visión de la sexualidad en positivo y una buena percepción de la imagen personal, será muy probable que no existan problemas a la hora de tener orgasmos. Aun así, pueden existir mujeres que tengan dificultades para alcanzarlos (anorgasmia), pero esto no significa que no tengan placer en sus encuentros eróticos. El placer se escribe en plural, porque existen muchas formas de disfrutar y no todas tienen por qué acabar con un orgasmo.

Artículo publicado para El Periódico de Castilla y León (EPECYL) Octubre – 2017. 

Lara Herrero Barba

COSA DE VULVAS ¿Cómo influye la relación que tienes con tu vulva en la sexualidad?

Arte por: Jana Brike

Arte por: Jana Brike

¿Cómo de bien conoces tu cuerpo?, ¿y tu vulva?, ¿y cómo respondes ante un encuentro sexual?, ¿qué relación tienes con tu menstruación?, ¿cómo vives los tabúes en torno a ella?… Estas son algunas de las preguntas que deberías hacerte si quieres saber cómo influye en tu sexualidad la relación que tienes con tu vulva.

Lo primero de todo: ya es hora de que empecemos a llamar a las cosas por su nombre. Está muy bien que le pongas un seudónimo a tus genitales o que te refieras a ellos con diferentes nombres en función de si el momento es más romántico, pasional o infantil. Llama a los genitales como quieras, pero conoce cómo se denominan realmente, porque ése será un primer paso para conocerlos. Me resulta curioso que cuando acudo a algún taller sobre sexualidad la gente se avergüence cuando hablo de penes y vulvas y ni se inmuten al oír “coño”, “chorra”, “poya” o “seta”.

Lo de los penes está claro, pero ¿todas y todos sabríamos a que nos referimos con vulva?… Y aquí viene el segundo paso para conocernos: nuestra anatomía. ¿Es lo mismo una vulva que una vagina?… No. La vulva es el conjunto de órganos genitales femeninos externos (el monte de venus, el clítoris, los labios…) Y la vagina forma parte de los órganos genitales femeninos internos que van desde la vulva hasta el útero.

Si nunca has distinguido las partes de tu vulva o nunca las has visto, te recomiendo un ejercicio muy sencillo de auto-conocimiento: Desnúdate (si quieres sólo de cintura para abajo), coge un espejo y observa tu vulva. Tómate tu tiempo, relájate y vete recorriendo cada parte, fíjate en su forma, en su color, si te resulta agradable… Cada parte de tu cuerpo es importante. Si conoces cómo es tu rostro, tus manos o tus piernas, pregúntate por qué hasta ahora no conocías tu vulva.

Este mismo ejercicio también puedes realizarlo con todo tu cuerpo: Tras una ducha relajante detente desnuda frente al espejo. Recorre cada palmo de tu piel, no te olvides de ningún recoveco, respira hondo y observa cómo es tu cuerpo, qué parte te resulta más agradable, qué te gusta, cómo lo sientes… Cuando valoramos nuestra vulva y nuestro cuerpo, nos valoramos a nosotras mismas.

Y, ¿por qué es tan importante conocerse? El primer paso para disfrutar (eróticamente hablando) es conocernos. Cuando conocemos cómo es nuestro cuerpo y lo aceptamos y valoramos tal cual es, será más fácil que permitamos que otros también lo acepten y lo valoren. Es decir, cuando aprendemos a valorarnos y querernos asumimos que somos dignas y dignos de ser valorados y queridos y permitimos que esto suceda. Cuando no nos aceptamos es más probable que sintamos rechazo hacia nosotras/os mismas, y esto hará más difícil que alguien nos valore. Si nos conocemos sabremos qué nos gusta y que no nos gusta y será más fácil comunicárselo a nuestra pareja sexual.

El hecho de que muchas mujeres no conozcan o no acepten sus cuerpos como parte de su sexualidad tiene que ver, entre otras cosas, con el papel que socialmente se le ha sido asignado en el terreno sexual. Por ejemplo, al hombre se le otorgado el rol de activo y a la mujer el rol de pasiva. Las consecuencias de estas etiquetas han producido que algunas mujeres acaben tomando este rol como verdadero. Como resultado, muchas nunca han tomado la iniciativa en sus relaciones sexuales, siempre han esperado a que sea el hombre quien despierte su propio deseo y, en el peor de los casos, cuando han tomado el rol de activas o han mostrado su deseo sexual, han sido tachadas de guarras, frescas, fulanas o putas.

El autoconocimiento sexual femenino también tiene mucho que ver con la autopercepción de la menstruación. En nuestro país no hace mucho tiempo que, cuando a una chica le bajaba la regla por primera vez, se le venía encima una pesada manta de mitos, consejos, cautelas, prohibiciones y alarmas varias: “ahora que eres mujer tienes que tener mucho cuidado”, “con la regla no puedes ducharte”, “si tienes la menstruación la mahonesa se cortará”, “no puedes practicar deportes cuando menstrúes” o “las plantas se morirán cuando las toques si estás con la regla”.

En la actualidad hemos cambiado ésos mitos por rechazo: a los olores, fluidos, cambios hormonales, a la vulva, a los cuerpos… La diferencia es que este rechazo no está tan expuesto, socialmente hablando, como lo estaban los mitos que ya hemos mencionado. Te doy dos ejemplos:

  1. ¿Te has fijado en los mensajes que acompañan a los productos “higiénico-sanitarios para los genitales femeninos?
    No sólo no llaman a las cosas por su nombre (¿Zona íntima?… ¿hablan de mi vulva, de mis sentimientos o de mi casa?); sino que envían un mensaje peligroso: en tu vagina tienes que tener una limpieza extra, porque puede oler mal, porque si no está fresca se notará que tienes la regla o porque tienes que mantener limpias tus braguitas. Además no muestran la menstruación como un proceso natural de la mujer, sinónimo de salud; sino como un líquido azul que poco se asemeja a la sangre y que te produce extraños comportamientos.
  2. Las mujeres llevamos productos a la vista o sueltos por el bolso, pero cuando se trata de tampones, compresas, salvaslips o copas menstruales utilizamos una variedad infinita de tácticas para que nadie sepa que lo llevamos encima. No nos incomoda pedir agua en un bar para tomar una pastilla contra el dolor menstrual; pero si tenemos que cambiarnos de tampón en el baño lo escondemos en un estuche dentro de un neceser dentro del bolsillo interior del bolso y sólo cuando estamos solas, con la puerta cerrada, lo sacamos para que nadie lo vea.

Y, continuando con los mitos, uno que aún se mantiene en torno a la menstruación es que no se pueden mantener relaciones sexuales mientras se menstrúa. Esto es totalmente falso, lo que sí es verdad es que a muchas personas les produce rechazo. ¿Por qué?… Antes de citar algunos de los argumentos más comunes tenemos que reflexionar sobre lo que entendemos por relaciones sexuales. Si sólo nos referimos a relaciones que impliquen los genitales, la penetración y la finalidad de obtener orgasmos. O si nuestra concepción es mucho más amplia y también incluye otras zonas del cuerpo, otras prácticas y otro tipo de placeres derivados, por ejemplo, de un masaje. Habrá muchas personas a las que no les apetezca el coito durante la menstruación, pero sí otras prácticas eróticas.

A veces las mujeres no quieren mantener relaciones sexuales mientras menstrúan porque creen que la sangre va a producir temor, asco o aversión a sus parejas. Lo cierto es que sólo suelen ser suposiciones. Si hablamos de parejas heterosexuales, los hombres son quienes menos impedimentos ponen al respecto.

Otras mujeres (normalmente las que sufren dolores menstruales) creen que tener un orgasmo durante la menstruación puede ser doloroso por las contracciones que se producen. En realidad el cuerpo libera oxitocina y dopamina al producirse un orgasmo y esto puede aliviar el dolor. Además, los orgasmos producen contracciones que permiten eliminar más flujo y esto también alivia las posibles molestias.

Hay algunas mujeres que la sangre les produce rechazo y piensan que la sangre menstrual es algo sucio. Esto puede tratarse de un problema educacional mucho más complejo de lo que parece, y que se relaciona con los modelos sociales de hombre y mujer que una sociedad va construyendo a partir de estereotipos en función de nuestro sexo biológico. A este asunto podría dedicarle otro artículo, pero lo que pretendo es reflexionar sobre la concepción diferenciada que tenemos de nuestros propios fluidos en función de si somos hombres o mujeres. Es decir, ¿creéis que el semen produce el mismo rechazo que la sangre menstrual? Ambos fluidos forman parte de la vida y permiten la concepción humana, pero uno (el semen) está mucho mejor considerado…

Tanto si mantienes relaciones sexuales durante la menstruación como si no, hay otras cosas que debes saber:

  • Ya he aclarado que mantener relaciones sexuales durante la menstruación no es inmoral ni sucio; sino que estas ideas tienen que ver con la tradición cultural y social y la moral religiosa, pero en ningún caso se basan en fundamentos científicos. Tampoco es algo perjudicial para la salud. Es una decisión personal y de pareja. No existen pautas generales porque cada persona tiene una sexualidad única. Lo que para una persona puede resultar placentero, para otra persona quizás no tanto.
  • Para muchas mujeres el sexo durante la menstruación no sólo les resulta placentero, sino que facilita ciertas prácticas como la penetración, puesto que la sangre hace de lubricante. Además, el deseo sexual puede verse incrementado (aunque esto depende de cada mujer y de cada ciclo menstrual)
  • Es recomendable el uso del preservativo. Durante la menstruación puedes quedarte embarazada y contraer infecciones de transmisión genital y enfermedades de transmisión sexual. El riesgo no tiene que ver con la menstruación o el contacto con la sangre, es el mismo riesgo los días en que la mujer menstrúa que los que no lo hace.
  • Si decides mantener relaciones sexuales durante la menstruación pero quieres controlar tu flujo, una buena opción en hacerlo bajo la ducha. Si no te convence, te propongo las esponjas vaginales. Puedes utilizarlas incluso durante la penetración, con comodidad y sin necesidad de quitártela.

Os animo a analizar los mitos con los que habéis convivido en torno a vuestra menstruación y a dejarlos atrás, observando cómo es vuestra propia experiencia, vuestra sangre y vuestro cuerpo durante todo el ciclo, para haceros una idea propia de vuestra menstruación a partir de la vivencia personal.

Y ya que estamos hablando de menstruación yo también quiero sumarme a las alternativas al tampón y la compresa convencional. Aunque el mercado nos incite a comprar estos dos productos, existen otros como la copa menstrual que, pese a que ha ganado fama muy recientemente, es un producto que existe desde los años 30.  Supongo que ya sabréis las ventajas de su uso (a la larga te sale muy rentable, ayuda al medio ambiente, puedes usarla durante 10 horas, no daña tu vagina ni sus fluidos…), pero os voy añadir una más que he descubierto por propia experiencia.

Cuando comienzas a utilizar la copa menstrual la relación con tu regla puede cambiar, comienzas un nuevo camino de autonocimiento. Muchas mujeres nunca han tocado su vulva ni introducido otra cosa que no sea un pene en su vagina. Con la copa puedes descubrir y experimentar aspectos como: diferenciar partes de tu vulva, la cantidad de flujo que tienes y como es su color y densidad, conocer la fuerza que tienen los músculos de tu vagina y las contracciones que produce, desterrar algunos mitos como que la vagina es una cueva sin fin o que si introduces algo puede que no vuelva a salir… En cuanto a su uso, seguro que ya sabéis cómo funciona, pero quiero daros un pequeño consejo: muchas mujeres ven en la copa el inconveniente de tener que lavarla después de utilizarla, sobre todo si nos encontramos en lugares públicos. Pues bien, siempre podemos llevar en el bolso una botellita de agua y lavarla sin salir del inodoro o limpiar los restos de sangre con papel higiénico para, después, volver a introducírnosla. Esto es algo que puedes hacer si te encuentras fuera de casa ocasionalmente, pero cuando dispongas de intimidad, es necesario que la laves con agua y jabón neutro.

Además de las copas menstruales no quería dejar de mencionaros otros productos como las compresas reutilizables de tela ecológicas o las esponjas de mar. Recordad que no hay dos mujeres iguales, por lo que no hay productos menstruales universales, sino que para cada mujer existirá un método idóneo.

Conócete, infórmate, escucha a tu cuerpo y ¡fuera mitos y tabúes! Cada mujer es única e irrepetible, al igual que su sexualidad.

Y recuerda, ¡la revolución comienza con el autoconocimiento!

 

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