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Monthly Archivejulio 2019

¿DE QUÉ SIRVE UNA CAMPAÑA CONTRA LAS ETS SIN EDUCACIÓN SEXUAL?

Es raro que alguien no haya leído algo sobre el incremento de ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual) en los últimos meses. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), diariamente se registran unos mil casos nuevos.

En respuesta, el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social ha lanzado la campaña “Prevención de las Infecciones de Transmisión Sexual en Jóvenes” a través de la visibilización de la importancia del uso del preservativo. Y yo me pregunto, ¿es realmente útil una campaña de tales características sin ofrecer educación sexual?… Tengo muy clara mi respuesta: No. Por no hablar del público al que va dirigido. Y es que las ETS no sólo afectan a jóvenes, sino también a personas adultas y durante la etapa de la vejez; en la que, tras la menopausia, muchas personas se relajan y dejan de utilizar métodos anticonceptivos.

Falta de educación sexual

Tras la impartición de educación sexual a diferentes colectivos y edades a través de la Asociación Dialogasex, he podido comprobar que la ausencia de educación sexual, independientemente de la edad, está directamente relacionada con el aumento de ITG (Infecciones de Transmisión Genital). Éstos son algunos de los motivos:

  • Mitos asociados al uso del preservativo.

Las y los sexólogos tenemos una responsabilidad para con el uso del condón. Principalmente con la finalidad de incrementar su deseabilidad erotizando su manejo. Ésta sería una buena herramienta para acabar con el mito que asegura que “el preservativo corta el rollo”.  También es importante incidir en falsas creencias en torno a su uso, como por ejemplo, que no es necesario para prevenir un embarazo la primera vez que se practica el coito o que no es necesario si se realiza la marcha atrás. En ambos casos, además de existir riesgo de embarazo, se produce una exposición ante el contagio de ITG.

  • Aumento en el uso de métodos anticonceptivos hormonales.

Una vez asumido como verdadero el mito que asegura que el preservativo “corta el rollo” en una relación sexual o que se siente menos cuando se utiliza, se termina por descartar como método anticonceptivo y se reemplaza por otros (principalmente hormonales), como la pastilla anticonceptiva, el anillo o el parche. Este comportamiento no sólo es habitual entre jóvenes y adolescentes, sino también durante la edad adulta. Las ETS han dejado de prevenirse porque la percepción del riesgo se restringe a los embarazos no deseados. La famosa campaña del “póntelo, pónselo” que tanto nos marcó ha quedado en el olvido. Y es que no basta con repetir un eslogan como un papagayo, hay que educar en la comprensión y asimilación del mensaje que conlleva.

  • Visión pobre de la sexualidad.

Por una parte, sabemos que buena parte de la población no ha recibido ningún tipo de educación sexual y su único modelo de referencia ha sido la pornografía. Si tomamos a ésta como ejemplo, el uso del preservativo es inexistente, así como la percepción de riesgo. Por otra parte, es necesario trabajar aspectos de la sexualidad cultivables, saludables y positivos que se anticipen a los riesgos y peligrosidades de la sexualidad. Además, el imaginario colectivo tiende a reducir la sexualidad a los genitales, donde habría que utilizar el único método que protege tanto de ITG como de embarazos no planificados (el preservativo). Sin embargo, la sexualidad va más allá, se trata de contemplar todo un cuerpo, de los placeres frente al orgasmo y de la diversidad de prácticas eróticas frente al coito.

  • Status de las relaciones esporádicas.

La educación sexual incluye una educación en afectos para desarrollar habilidades sociales y relacionales. Los nuevos modelos de relaciones sexo-afectivas, así como las nuevas tecnologías y las APP de ligue, están afectando  (sobre todo a las personas más jóvenes) a la hora de mantener relaciones sexuales. Todo ello favorece un mayor número de encuentros y, por ende, un incremento en las posibilidades de contagio.

¿De qué sirve regalar preservativos sin recibir educación sexual?

Imagen por Freepik

Lejos de ofrecer educación sexual integral pública y gratuita, muchas veces se opta por regalar preservativos a diestro y siniestro como medida de prevención de ETS. Esto puede resultar muy útil para personas sin recursos, pero es un arma de doble filo, principalmente por tres razones:

  1. La primera es que impide el desarrollo de habilidades sociales. Éstas son, por ejemplo: habilidades para adquirir preservativos, habilidades para empoderarse a la hora de llevar preservativos (sobre todo en el caso de las mujeres) o habilidades para “decir que no” cuando alguien no quiera utilizarlo.
  2. La segunda es que, sin quererlo, se lanza un mensaje que va calando a la población más joven, y es el de que la sexualidad es igual a genitales y genitales igual a coito. Porque si se regalan preservativos es para utilizarlos en los genitales a la hora de practicar la penetración.
  3. Y la tercera es que, además de genitalizar la sexualidad, se obvian otras prácticas sexuales de riesgo más allá del coito. Por una parte, no se informa sobre el contagio a través del sexo oral a personas con vulva, ni sobre la prevención a través del uso de sábanas o pantallas de látex. Y, por otra, tampoco se ofrecen pautas sobre los riesgos del sexo anal y el uso exclusivo de un preservativo para dicha práctica.

Lara Herrero

RELATO ERÓTICO: Viaje a Nueva York

Imagen de Freepik
Imagen de Freepik

Acababan de anunciar dos horas de retraso del vuelo a Nueva York. La gente empezó a concentrarse en el pasillo de la puerta de embarque C27. Ya no quedaban asientos libres. Siempre he pensado que colocan los justos para obligarte a ir al Starbucks para consumir un sucedáneo de café XXL. Me negué a manchar mi paladar con semejante mierda y pillé asiento en el suelo, con la espalda pegada a una columna fría cubierta de aluminio. Me coloqué los casos y di al play al disco de León Benavente con el fin de amenizarme la espera; pero los minutos empezaban a parecer horas.

Casi todos miraban sus móviles, aunque había alguna cara que se cruzaba con la mía. Me gusta inventar la rutina de las personas desconocidas mientras las observo o dibujar la razón de sus viajes con llegada al mismo destino que yo. Entre los ojos bizcos de una señora con el pelo azul y los ojos verdes de un muchacho en plena adolescencia surgió la mirada tímida de un tipo con gorra gris. Aparté rápidamente la vista. Los chicos tan guapos me imponen cierto respeto en un primer momento. Pero no pude resistirme y volví a buscarle. Continuaba mirando en mi dirección y ambos terminamos por regalarnos una sonrisa. Noté como el calor tiñó mis mejillas y giré corriendo la cabeza para que no se percatara de mis vergüenzas.

Sonaba “Gloria” cuando el mismo tipo llego hasta mí. Su mirada era aún más bonita a corta distancia.

  • ¿Tú también vas a Nueva York?, preguntó.
  • Si, respondí en voz baja.
  • ¡Qué jodienda lo del retraso!, añadió.
  • Bueno, de otra forma no hubiéramos cruzado palabra, soltó mi boca sin haber procesado mentalmente las palabras que iba a decir mientras el calor volvía a recorrer mis mejillas.
  • Pues tienes razón, ¡gracias por el retraso Air Europa!, gritó. ¿Te apetece que caminemos un rato?…

Y ahí estábamos los dos después de una hora de espera en el aeropuerto de Barcelona hablando sobre el nuevo panorama político de un país cada vez más deprimente, como si nos conociésemos de toda la vida.

  • ¿Sabes que llevo un rato queriendo besarte?, le dije en medio del debate, como si de nuevo mi instinto le hubiera ganado la batalla a la razón.

Él se calló, me miró muy serio y, cogiéndome de la mano, me arrastró hacia los baños de mujeres del final del pasillo para comerme la boca. Nunca entendí el morbo de los aseos públicos, más bien todo lo contrario; pero aquel rincón fue lo que menos importó en ése momento.

Un nuevo impulso me inundó tras juntar nuestros labios sedientos y me deshice de todo lo que llevaba puesto a excepción del tanga. Lo estrenaba ése mismo día y quería sacar partido a la tela de encaje amarillo pastel. El chico del aeropuerto se lanzó a mi cuello y su boca fue recorriendo mi piel poco a poco. De la cara pasó a los hombros para detenerse en la nuca, donde exhaló suaves soplidos mientras mi pulso se aceleraba. Después bajó hasta los pechos, sin tocarlos (aunque yo desee que lo hiciera) y hundió su cabeza en el ombligo. Desde allí agarré sus manos y las coloqué en mis senos. Entonces apartó ligeramente el único pedazo de tela que me quedaba y juntó sus labios con los de mi vulva, como si fuera un beso apasionado. Podía sentir el calor de su respiración y le pedí por favor que no parase. Poco a poco recorrió cada terminación nerviosa de mi coño. Pasó de los labios a la entrada de la vagina muy suavemente con su lengua, chupando y succionando como si fuera un helado de vainilla. Terminó en mi clítoris, con movimientos de arriba abajo mientras su barba estimulaba mis genitales placenteramente.

  • ¡Más, sigue un poco más así! Le dije en bajito.

Me quitó el tanga por completo y me invitó a girarme. Coloqué el culo en pompa mientras él se arrodillaba para terminar de lamerme de espaldas. Su boca se hundió en mi placer más primitivo y sentí sus manos pellizcando mis nalgas al compás. No podía más. Necesitaba rendirme al éxtasis. Los jugos se entremezclaban con el sudor y el olor de dos cuerpos en el paraíso.

  • ¡Qué placer, joder! Grité en voz alta justo después de correrme.

“Aviso a los pasajeros del vuelo 505 con destino N.Y. Las puertas de embarque van a cerrar en los próximos minutos. Última llamada”. Milagrosamente escuchamos el mensaje desde el baño. Me vestí corriendo como pude y los dos salimos pitando de allí, sudorosos y en la gloria. Con las prisas adelanté al hombre que acababa de regalarme un orgasmo y del que ni siquiera sabía su nombre. Cuando alcancé mi asiento le busqué sin éxito revisando la mirada asiento por asiento. Me había tocado pasillo, junto a los baños y a mi lado estaba una mujer italiana que se peleaba con la pantalla para ver una película de superhéroes. Ésas en las que los protagonistas que salvan el mundo suelen ser hombres. Le eché una mano y me levanté para ir al baño a refrescarme y bajar el calentón que aún me acompañaba.  Estaba ocupado y tardaban demasiado en salir, así que golpee la puerta. Al poco se abrió y ¡sorpresa!, ahí estaba el hombre desconocido otra vez. Cuando nos vimos volvimos a regalarnos una sonrisa y él me preguntó por mi asiento. La mujer italiana se percató de todo y nos ofreció cambiar su sitio para que estuviéramos juntos.

Llevábamos tres horas de vuelo y no habíamos parado de hablar ni un segundo. El tipo,  siete años menor que yo, era antropólogo, y todo su saber era interesante de escuchar. El resto de pasajeros intentaban dormir y las luces acababan de apagarse, así que tuvimos que interrumpir nuestra última conversación sobre el impacto climático en las tribus del Amazonas. Intentamos dormir, pero tenernos tan cerca creaba cierta tensión. Además yo seguía cachonda perdida, porque no hay cosa que más me ponga que alguien haciendo alarde de sus conocimientos con el ego bien aparcado.

Quitamos el reposa brazos que nos separaba y juntamos las dos mantas que el azafato nos había dado para taparnos desde el cuello hasta los tobillos. Deslicé mi mano por su pantalón y desbroche cada botón para poder atravesar sus calzoncillos y así acceder a su pene. También estaba caliente. Coloqué mi almohada sobre el asiento delantero para que nadie pudiera vernos. Él se bajó los pantalones y dejó su miembro al descubierto bajo la manta. Le acaricié poco a poco, desde los testículos hasta la punta y comencé a masturbarle. Primero me detuve en el glande y después rodee con mi mano su pene para estimularlo de arriba abajo acelerando poco a poco la intensidad. Él jadeó levemente y tuve que taparle la boca. Nadie podía enterarse, pero eso era lo más excitante de todo. Lamí mis dedos y los rocé húmedos por su miembro, que después agarré bien fuerte dibujando círculos sobre la palma de mi mano. No podía estar más húmeda, pero no me importaba quedarme sin orgasmo. Estaba disfrutando tremendamente dándole placer.

  • Si sigues voy a correrme, me dijo acercándose a mi oído.

No podía parar. No quería hacerlo. Volví a salivar sobre mis dedos y mientras mordía su labio inferior masturbé su pene hasta cubrirlo de gloria. Bajo el silencio fantasee con su voz jadeando de placer. Después nos miramos, observamos a nuestro alrededor. El señor de al lado tenía la boca abierta mientras dormía plácidamente y a la chica de atrás le colgaba la baba. Sin querer, rompimos a  reír y el azafato del vuelo nos chistó. Después nos besamos por última vez y dormimos.

Lara Herrero

ASISTENCIA SEXUAL

CUANDO NECESITO QUE TUS MANOS SEAN LAS MÍAS

Muchas personas con diversidad funcional necesitan apoyos para poder acceder a su propio cuerpo y vivir su sexualidad de manera plena y satisfactoria. La mayor parte de la población aprende qué le gusta, cómo, dónde y con quien a través de la propia experiencia. Sin embargo, una parte necesita de otras manos para acceder a dicha pericia (ya sea a solas o en pareja). Una buena manera de lograrlo es a través de la asistencia sexual.

¿Qué es la asistencia sexual?

Se trata de un trabajo con “personas cuya forma de autonomía es hacer las cosas con las manos de otra bajo las propias decisiones”, explica Antonio Centeno (codirector de “Yes We Fuck” y Responsable del proyecto “Asistenciasexual.org”). “Ese apoyo, que para las tareas cotidianas si está reconocido, en el ámbito sexual no lo está”, añade. El trabajo de un o una asistente sexual no se basa en una intervención terapéutica ni tampoco educativa, sino instrumental, puesto que no se trata del manejo de los cuerpos, sino de convertirse en sus manos para acompañar los deseos de la persona con diversidad funcional.  El acceso al propio cuerpo constituye un derecho fundamental para cualquier persona, sin embargo, no es un apoyo reconocido legalmente. Centeno denuncia este vacío como una “discriminación por falta de apoyos” y reivindica que es necesario el reconocimiento de la asistencia sexual,  “no como una forma de dependencia, sino de autonomía”, porque se toman decisiones propias sobre qué práctica llevar a cabo, cómo ejecutarla, dónde o a qué ritmo.

Ausencia de regulación

La falta de un soporte institucional y legal en torno a la asistencia sexual ha provocado, entre otras cosas, “que muchas familias suplan las funciones de los asistentes personales y sexuales; lo que puede provocar que las relaciones familiares se distorsionen”, afirma Centeno. Tal y como sucedió con la figura de la asistente personal, es fundamental trabajar en una serie de medidas que materialicen estas necesidades. Para Antonio Centeno es fundamental trabajar en diversas medidas como “un proceso legislativo que reconozca la figura del asiste sexual y lo financie, el posterior desarrollo en un reglamento que establezca su buen funcionamiento; difusión y formación en general y a familias, profesionales y usuarios en particular; organización de grupos de apoyo entre iguales para compartir experiencias…”.

Más allá de la asistencia sexual, también es fundamental que se ponga en marcha un trabajo de aceptación y revalorización de los cuerpos con diversidad funcional y de los modelos de belleza, así como una reconceptualización del mapa de placer sexual, sobre todo en casos donde la discapacidad haya sido adquirida. Para Centeno, la asistencia sexual es “una herramienta que te permite romper la barrera del acceso a tu propio cuerpo para conocerte y darte placer”; pero existen otros recursos que también pueden resultar muy útiles para la sexualidad, como la juguetería erótica adaptada, las nuevas tecnologías o la atención sexológica.

Lara Herrero

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