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¿DE QUÉ SIRVE UNA CAMPAÑA CONTRA LAS ETS SIN EDUCACIÓN SEXUAL?

¿DE QUÉ SIRVE UNA CAMPAÑA CONTRA LAS ETS SIN EDUCACIÓN SEXUAL?

Es raro que alguien no haya leído algo sobre el incremento de ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual) en los últimos meses. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), diariamente se registran unos mil casos nuevos.

En respuesta, el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social ha lanzado la campaña “Prevención de las Infecciones de Transmisión Sexual en Jóvenes” a través de la visibilización de la importancia del uso del preservativo. Y yo me pregunto, ¿es realmente útil una campaña de tales características sin ofrecer educación sexual?… Tengo muy clara mi respuesta: No. Por no hablar del público al que va dirigido. Y es que las ETS no sólo afectan a jóvenes, sino también a personas adultas y durante la etapa de la vejez; en la que, tras la menopausia, muchas personas se relajan y dejan de utilizar métodos anticonceptivos.

Falta de educación sexual

Tras la impartición de educación sexual a diferentes colectivos y edades a través de la Asociación Dialogasex, he podido comprobar que la ausencia de educación sexual, independientemente de la edad, está directamente relacionada con el aumento de ITG (Infecciones de Transmisión Genital). Éstos son algunos de los motivos:

  • Mitos asociados al uso del preservativo.

Las y los sexólogos tenemos una responsabilidad para con el uso del condón. Principalmente con la finalidad de incrementar su deseabilidad erotizando su manejo. Ésta sería una buena herramienta para acabar con el mito que asegura que “el preservativo corta el rollo”.  También es importante incidir en falsas creencias en torno a su uso, como por ejemplo, que no es necesario para prevenir un embarazo la primera vez que se practica el coito o que no es necesario si se realiza la marcha atrás. En ambos casos, además de existir riesgo de embarazo, se produce una exposición ante el contagio de ITG.

  • Aumento en el uso de métodos anticonceptivos hormonales.

Una vez asumido como verdadero el mito que asegura que el preservativo “corta el rollo” en una relación sexual o que se siente menos cuando se utiliza, se termina por descartar como método anticonceptivo y se reemplaza por otros (principalmente hormonales), como la pastilla anticonceptiva, el anillo o el parche. Este comportamiento no sólo es habitual entre jóvenes y adolescentes, sino también durante la edad adulta. Las ETS han dejado de prevenirse porque la percepción del riesgo se restringe a los embarazos no deseados. La famosa campaña del “póntelo, pónselo” que tanto nos marcó ha quedado en el olvido. Y es que no basta con repetir un eslogan como un papagayo, hay que educar en la comprensión y asimilación del mensaje que conlleva.

  • Visión pobre de la sexualidad.

Por una parte, sabemos que buena parte de la población no ha recibido ningún tipo de educación sexual y su único modelo de referencia ha sido la pornografía. Si tomamos a ésta como ejemplo, el uso del preservativo es inexistente, así como la percepción de riesgo. Por otra parte, es necesario trabajar aspectos de la sexualidad cultivables, saludables y positivos que se anticipen a los riesgos y peligrosidades de la sexualidad. Además, el imaginario colectivo tiende a reducir la sexualidad a los genitales, donde habría que utilizar el único método que protege tanto de ITG como de embarazos no planificados (el preservativo). Sin embargo, la sexualidad va más allá, se trata de contemplar todo un cuerpo, de los placeres frente al orgasmo y de la diversidad de prácticas eróticas frente al coito.

  • Status de las relaciones esporádicas.

La educación sexual incluye una educación en afectos para desarrollar habilidades sociales y relacionales. Los nuevos modelos de relaciones sexo-afectivas, así como las nuevas tecnologías y las APP de ligue, están afectando  (sobre todo a las personas más jóvenes) a la hora de mantener relaciones sexuales. Todo ello favorece un mayor número de encuentros y, por ende, un incremento en las posibilidades de contagio.

¿De qué sirve regalar preservativos sin recibir educación sexual?

Imagen por Freepik

Lejos de ofrecer educación sexual integral pública y gratuita, muchas veces se opta por regalar preservativos a diestro y siniestro como medida de prevención de ETS. Esto puede resultar muy útil para personas sin recursos, pero es un arma de doble filo, principalmente por tres razones:

  1. La primera es que impide el desarrollo de habilidades sociales. Éstas son, por ejemplo: habilidades para adquirir preservativos, habilidades para empoderarse a la hora de llevar preservativos (sobre todo en el caso de las mujeres) o habilidades para “decir que no” cuando alguien no quiera utilizarlo.
  2. La segunda es que, sin quererlo, se lanza un mensaje que va calando a la población más joven, y es el de que la sexualidad es igual a genitales y genitales igual a coito. Porque si se regalan preservativos es para utilizarlos en los genitales a la hora de practicar la penetración.
  3. Y la tercera es que, además de genitalizar la sexualidad, se obvian otras prácticas sexuales de riesgo más allá del coito. Por una parte, no se informa sobre el contagio a través del sexo oral a personas con vulva, ni sobre la prevención a través del uso de sábanas o pantallas de látex. Y, por otra, tampoco se ofrecen pautas sobre los riesgos del sexo anal y el uso exclusivo de un preservativo para dicha práctica.

Lara Herrero

Lara Herrero Barba

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